Sunday, August 09, 2026

El Misterio de los Criptofelinos












El Misterio de los Criptofelinos

Por Scott Corrales  ©2026 Arcana Mundi

En el ámbito de lo criptozoológico siempre se le ha dado prioridad a los seres más aparatosos: el monstruo de Loch Ness, el Piegrande, los grandes pájaros que sobrevuelan los bosques de Norteamérica, el Ogopogo canadiense y afines. La sociedad moderna, que no duda en derrochar su afecto sobre los gatos, parece haber pasado por alto los críptidos felinos.

De la fría Nueva Escocia, vecina de Terranova y abatida por vientos y frías corrientes marinas, nos llega una anécdota de ‘criptofelinos’ que tiene su origen en el invitado de un podcast contemporáneo. EL hombre, que dio su nombre tan solo como “John”, explicó que en su juventud era muy adepto a recorrer los malpaíses de Nueva Escocia en una motocicleta Honda poco apta para dicho propósito, y que los ingenieros de la empresa japonesa habrían quedado aterrados al verlo castigar el pequeño ciclomotor, diseñado para el tráfico urbano, en los riscos y acantilados de las tierras castigadas por el Atlántico

Habiendo llegado al límite máximo de las capacidades de su aparato, ya que el angosto sendero entre grandes árboles y enormes pedruscos desaparecía de manera abrupta, John se detuvo para dejar descansar su máquina, como quien lo hace con un caballo, y quitarse el casco, respirando profundamente la fría corriente de aire que salía del valle.

Fue entonces que se fijó en que – a cierta distancia, calculada por el joven como la extensión de seis autobuses escolares en hilera (82 metros) – algo extraño fijaba sus ojos sobre él. Su cerebro hizo lo posible por procesar lo que estaba viendo, determinando que se trataba de una especie de león de cara chata con abundante melena oscura y pelambre negro. Dicha criatura no sólo estaba totalmente fuera de lugar en Nueva Escocia, sino tal vez en la mismísima realidad.

“Verán, yo era repartidor de periódicos”, explicó el testigo a los oyentes del podcast, “y me conocía al dedillos todas las razas de perros que me salían al paso durante mis recorridos. Tuve que medirme contra perros doberman, pastores alemanes, perros collie, y en las regiones más apartadas, contra coyotes. Lo que estaba viendo no era ningún perro ni mastín, sino un león de extraño rostro plano que no me quitaba los ojos de encima. Hice aspavientos para ver si se alejaba, pero nada. Aquello me consideraba como su próximo alimento”.

La criatura mantenía al joven testigo en sus miras. Sin armas de fuego ni cuchillo, John decidió pisar el acelerador de su diminuta moto Honda en el punto muerto, haciendo ruido con la intención de ahuyentar al animal. Pero nada. El extraño ser de aspecto félido se le quedaba mirando hasta que repentinamente decidió retirarse, caminando lentamente hacia atrás, perdiéndose tras los árboles.

Sin pensarlo dos veces, John emprendió el retorno a la carretera de la cual se desprendía el angosto sendero que le había depositado en esta situación, temeroso ahora de que el animal intentara flanquearlo. Perdiendo toda noción del tiempo, el muchacho pudo ganar la calzada y aumentó su velocidad al máximo. “Me puse justo en medio de la carretera de dos carriles, por mucho que constituyera una infracción vial,” recordó.

Al llegar a su casa en plena crisis nerviosa, contó a sus parientes lo visto y la delicada situación en la que se halló. El escepticismo paterno no tardó en manifestarse: “Algún oso habrás visto”, le reprocharon. John repuso que sabía muy bien lo que era un oso, y que el objeto de su pavor no tenía dicho aspecto.

En fechas posteriores contó su experiencia a un amigo, que no solo le creyó, sino que exclamó: “¡Se lo tienes que contar a mi padre! Ha visto lo mismo que tú”.

Llevado ante la presencia paterna de su camarada, John contó con detalles toda su experiencia. El hombre, propietario de un cementerio de automóviles, lo escuchó detenidamente, asintiendo a lo expresado. “Hace unos meses fui desde el garaje hasta la chatarrera a buscar piezas para un automóvil, y vi algo idéntico a lo que has descrito. No pienso volver a salir de noche”.

Curiosamente, el gran John Keel informaba a sus lectores que Nueva Escocia tenía fama de escenario de lo paranormal. "En 1969", escribe Keel en su Complete Guide to Mysterious Beings, "una gigantesca figura de 18 pies de estatura fue vista por muchos vecinos de la diminuta población de Berwick en el valle de Anápolis", según lo vertido en el rotativo Evening News. De acuerdo con los testimonios, la figura era alta y oscura, dando zancadas a velocidad de 20 millas por hora. Las declaraciones iniciales sobre "el Fantasma", como se le dio a conocer, obligaron a la policía local a desplegar sus efectivos para controlar a los curiosos. "Los moradores de Nueva Escocia", agrega Keel, " han visto rarezas por muchos años, incluyendo grandes serpientes luminosas que aparecieron inesperadamente y se esfumaron en 1967”.

Por coincidencia (si es que hay tal cosa), un felino fantasma merodeó por los alrededores de la residencia de la senadora Lucy Hammond y su esposo, quienes desayunaban tranquilamente en su hogar cuando una criatura enorme desfiló frente a los ventanales de su mansión en Branford, Connecticut. La colosal ‘pantera negra’, descrita también como ‘tigre’, dobló una de las esquinas de la casa, perdiéndose de vista. El marido de la senadora opinó que el visitante pudo haberse internado en el bosque adjunto. Tratándose de una persona influyente, la policía y los guardabosques no escatimaron recursos, peinando cuidadosamente las 16 hectáreas de la propiedad, sin dar con el gran felino.

Las Panteras Negras de Indiana

A dos mil kilómetros de Nueva Escocia y en el seno de los Estados Unidos, Indiana se conoce como un lugar propenso a fantasmas, avistamientos OVNI, y manifestaciones de críptidos – principalmente el afamado Piegrande – pero también de ‘gatos fantasma’. Con una extensión territorial de noventa y cuatro mil kilómetros, el estado es mayormente agrícola, con una región sur boscosa y montañosa. La población felina nativa a la región desapareció a mediados del siglo XIX al paso que los colonos eliminaban los pumas y gatos monteses, pero en el siglo XX aparecerían los ‘gatos fantasma’ – panteras y leones totalmente negros, algunos con melenas abundantes, que causaron pánico en ciertas regiones.

El investigador británico Ted Holiday recopiló evidencia fehaciente indicando que los seres que provienen del 'phantom menagerie' (la casa de fieras fantasma) que a su entender incluía a las serpientes de mar, Bigfoot y los 'grandes gatos anómalos' no obedecen las reglas que siguen los animales normales, puesto que se manifiestan en zonas donde el suministro de alimentos no es suficiente como para alimentar animales de dicho tamaño. Por otro lado, tampoco dejan huellas, excremento ni restos mortales, siendo capaces de materializarse y desmaterializarse de la misma manera que los OVNIS. Estas criaturas son capaces de provocar amnesia, soñolencia hipnótica o pánico repentino, a tal grado que pueden causar la muerte súbita o el suicidio.

En el 2024, el mundo entero presenció los estragos causados en el sureste montañoso de EEUU por el huracán Helena. Según expertos, el meteoro depositó la alucinante cifra de treinta trillones de galones de agua en la cordillera apalache, causando desprendimientos, aludes e inundaciones. Se corrió la voz entre los rescatistas – algunos de ellos enterados del quehacer criptozoológico – que entre el lodo y la escoria habían aparecido cadáveres de víctimas no humanas, posiblemente Sasquatch o los temidos “dogman” u hombres perros. ¿Figurarían entre estos damnificados los restos de criptofelinos que acechan la oscuridad de los bosques?  


 

0 Comments:

Post a Comment

<< Home