Friday, July 24, 2015

Otra de Monstruos: Gigantes en América del Norte



Otra de Monstruos: Gigantes en América del Norte
Por Scott Corrales © 2015

“Llamábase Gréndel aquel espantoso
aquel perverso proscrito: moraba en fangales,
en grutas y charcas. Desde tiempos remotos
vivía esta fiera entre gente infernal,
padeciendo la pena que Dios infligió
Caín y a su raza. Castigó duramente
el Señor de la Gloria la muerte de Abel,
no obtuvo Caín de su hazaña provecho:
Dios le exilió y apartó de los hombres.
Es de él que descienden los seres malignos,
los ogros y silfos y monstruos todos,
y también los gigantes que tiempo muy largo
al Señor se opusieron. ¡Les dio su castigo! “
(“Beowulf” – traducción de Luis Larrea)


Resulta irónico que el comienzo de la literatura anglosajona tenga su comienzo no en un cantar romántico, ni la recitación de largas listas de reyes y sus proezas sino en la lucha contra un monstruo cuyas depredaciones acaban diezmando a todo un reino. Una criatura que – por lo que parece – consiguió escapar del castigo divino reservado a su especie. Algunos afirmarían lo mismo sobre el tenebroso morador de los bosques de América del Norte – Bigfoot. Su existencia o inexistencia, motivo de pugnas constantes entre científicos, escritores, cazadores y “Bigfooters” ha dado lugar a innumerables fraudes y falsas alarmas: fotos y vídeos trucados, personajes que se lanzan a buscar fama efímera en un campo de investigación tan carcomido por los medios como la ufología, y personas verdaderamente interesadas en saber más sobre lo que vieron en el bosque…o lo que pudo haberles costado la vida.

La odisea vivida por la familia del investigador Barton Nunnelly no le envidia nada las proezas de Beowulf, a no ser por la ausencia de grandes tarros de hidromiel y guerreros que se quedan dormidos en sus asientos. Lejos de los fiordos de Escandinavia, la experiencia de la familia Nunnelly se produjo en Kentucky, estado boscoso y lleno de cavernas en el sur de Estados Unidos en la década de los ’70.

La narración del autor – que aparece en varias webs de lo desconocido y en su libro Mysterious Kentucky – comienza en el condado de Henderson, concretamente la comunidad de Spottsville en el año 1975. Por esas fechas, la familia había adquirido una granja aislada cerca de la ribera del rio Green, una propiedad bastante espaciosa, a juzgar por las fotografías que se adjuntan, pero nadie sabía en ese momento que su vecino más cercano sería un monstruo. Los viejos inquilinos de la propiedad, sin embargo, les advirtieron que el gran agujero en una de las puertas, resultado de una descarga de escopeta, claramente visible, había sido causado por la presencia de un “tipo peludo” que se había cercado demasiado al hogar.


El padre del autor era un hombre fuerte e inteligente que no se amedrentaba ante nada, confiando en que – al igual que su predecesor en el hogar – una descarga de escopeta podía resolver la mayoría de los problemas que pudieran enfrentar en un sitio tan remoto. Existían antecedentes en la familia de encuentros con criaturas semejantes que habían sido ahuyentados a balazos.

Los seis hijos de la familia gozaron inmensamente de la mudada, ya que la granja de Mount Ridge contenía árboles frutales y amplias zonas de cultivo en las que el padre pensaba cultivar tabaco con fines comerciales. Todo discurría normalmente para los nuevos inquilinos hasta que las gallinas comenzaron a desaparecer de su gallinero, hecho atribuido a la presencia de comadrejas y otros pequeños depredadores. Al paso de los meses, comenzaron a descubrir perros muertos, mutilados de forma extraña, con los ojos y lenguas arrancados a la fuerza y sin gota de sangre, como en las mutilaciones clásicas, y al igual que en estas, las moscas y otras sabandijas evitaban el contacto con los macabros restos caninos.

“Antes de que finalizara el episodio en enero de 1976,” escribe Nunnelly en Mysterious Kentucky, “ mi familia perdería más de doscientas gallinas, una cabra, un caballo, y encontraríamos los restos de ocho perros, un cerdo y una cabra, todos ellos mutilados. Un día, mis padres escucharon lo que parecía ser algo de gran tamaño bebiendo agua en un arroyo cercano dentro de la arboleda. El sonido les hizo pensar que algo grande, tal vez una vaca o un caballo. Poco después comenzamos a escuchar sonidos raros que venían de los campos y del bosque. A veces eran cercanos, y en otras ocasiones distantes. Nuestros fieros perros guardianes se refugiaban debajo de la casa, golpeando sus cabezas contra la plancha del piso, aterrorizados por la fuente del sonido.”

Poco después la familia tendría el dudoso placer de conocer a la figura que vocalizaba en la oscuridad. Una noche, a eso de las 20:00 horas, la madre del autor salió a la veranda de la casa para llamar a voces a unos huéspedes que se alojaban en un remolque situado sobre los predios. Al desviar la vista, la Sra. Nunnelly pudo ver una enorme figura parada al lado de una choza. La figura de más de dos metros de alto la miraba fijamente. La mujer gritó y acabó por correr hacia el interior de la casa y cerrar la puerta. El padre agarró su escopeta y salió a investigar, a la par que la policía respondía a la llamada que indicaba que “algo raro” merodeaba la granja de Mount Ridge.

“Comenzó a saberse que avistamientos similares estaban tomando lugar a lo largo de la cuenca del rio Green en comunidades como Bluff City y Hebbardsville. La policía, sin embargo, se negó a personarse a más ‘alertas de monstruos’ y las familias tendrían que defenderse dentro de sus posibilidades,” agrega Nunnelly.

Los ataques incrementaron paulatinamente. Dean, el hermano del autor, estaba jugando en el patio con unas niñas cuando sintieron un gran estampido en la arboleda, seguido por un silencio desconcertante. Justo en ese momento, Dean pudo ver al ‘monstruo’ que estaba incorporado en una pequeña zanja, al lado de un vetusto camión. El ser era alto y musculoso, cubierto de pelambre rojizo y gris, con ojos pequeños y juntos. Daba la impresión de ser una criatura de edad avanzada.

Las emisoras de televisión comenzaron a tomar un interés en los avistamientos del “monstruo de Spottsville”, como se le conocería. Transmitieron informes desde el lugar de los hechos con un resultado funesto: hordas de “cazamonstruos” se abalanzaron sobre la ruralía en pos del misterioso ser, creando confusión.


Las tropelías de la enigmática criatura proseguían, mientras tanto. Uno de los vecinos de la familia tuvo el encuentro más cercano de todos. Durante un día lluvioso, corrió a refugiarse dentro de un granero sin darse cuenta de que ‘el monstruo’ había tenido la misma idea. Roy – el nombre del vecino – sintió que se los pelos se le ponían de punta en la nuca y dio vuelta lentamente para ver si alguien le miraba fijamente. Con una estatura de 1.92 m, Roy tuvo que levantar la vista para contemplar las terribles facciones del monstruo.

“Era algo horrendo y profundamente inquietante, con un hocico corto, colmillos largos en las mandíbulas superior e inferior, piel negra y ojos rojos que le penetraban el alma,” escribe Nunnelly en las páginas de su libro. “Roy quiso alcanzar el rifle que llevaba al hombro, pero aquellos terribles ojos le congelaban. Pensó que había llegado su fin, pero la bestia se habló sin abrir la boca, con una especie de telepatía: “No tengas miedo. No te haré daño”.

La criatura salió del granero, dando grandes zancadas, pero Roy permaneció engarrotado sin poder expulsar el recuerdo de los temibles ojos rojos de su mente.

El padre de los Nunnelly, al enterarse de la experiencia de su amigo, tomó una decisión tremenda, como ninguna que se haya visto antes en los casos de encuentros entre seres humanos y estas criaturas peludas. Temiendo que el monstruo – o uno de sus congéneres – tuviese pensado secuestrar a cualquiera de sus hijos, el patriarca colocó un recipiente con cinco galones de queroseno al lado de la puerta y cerca de la chimenea: si se daba el caso de que las balas no pudiesen detener al monstruo, y consiguiese entrar al hogar, una patada al recipiente lo arrojaría a las llamas, incendiando la casa y todos sus ocupantes.

“Era mejor morir todos juntos,” explica el autor, “que perder uno o varios miembros a las garras del monstruo, y tratar de vivir con esa pérdida después. Era mejor morir juntos que vivir sin un miembro de la familia. Todos estuvimos de acuerdo.”

No obstante, el queroseno no llegaría a las llamas. La familia no tardó en hacer las maletas y volver a la ciudad, dejando atrás para siempre la granja de Mount Ridge.

En el 2015, el periódico The Gleaner de la ciudad de Spottsville publicó un artículo sobre la inclusión del caso de los Nunnelly en el programa Destination America como parte de un episodio titulado "Mantis Man, Spottsville Monster, Tornado Phantoms" (el hombre mantis, el monstruo de Spottsville y fantasmas de los torbellinos). Barton Nunnelly, su hermano Dean y su madre, Rosalie, aparecerían en este esfuerzo televisivo. Lonnie Hawks, un investigador de Bigfoot local, afirma: "La familia tuvo esta vivencia. A lo último se cansaron de que esta cosa les estuviese molestando, y regresaron a la ciudad."




Tuesday, June 30, 2015

En Pos de lo Desconocido: Posibles Viajes Interestelares

En Pos de lo Desconocido: Posibles Viajes Interestelares
Por Scott Corrales




Desde hace décadas han venido consumiéndose toneladas métricas de papel dedicadas al tema de la manera en que los seres humanos podrían llegar a las estrellas: no hace falta decir que el género completo de la ciencia-ficción se ha abocado por el tema, y en sus ratos libres, los mismos científicos se han dedicado a pensar sobre si será posible que astronautas del planeta tierra puedan alcanzar la más cercana de dichas estrellas.

El interés por el tema fue revivido hace varios años por un artículo en la revista estadounidense TIME (29 de enero de 1.996) en que se trataba exhaustivamente el descubrimiento de dos planetas orbitando las estrellas 47 Ursa Majoris y 70 Virginis respectivamente. En años posteriores, llegarían a descubrirse 48 planetas más a distancias prodigiosas de nuestro sistema solar--no todos ellos gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno, sino mundos sólidos capaces de albergar mares y posiblemente vida. Un abismo insondable de 35 años luz nos separa de los mundos que orbitan las estrellas mencionadas arriba, y el artículo de TIME recuerda a sus lectores que la sonda artificial más rápida creada por los seres humanos tomaría cientos de miles de años en llegar a su destino, y que encima de eso, sería necesario aguardar treinta y cinco años más para recibir noticias sobre cualquier hallazgo.

La creencia en la posibilidad de vida inteligente y poseedora de tecnología avanzada en mundos alienígenas es el fundamento de la hipótesis extraterrestre (HET) de la ovnilogía, que es el punto de vista más ampliamente difundido dentro del campo de estudio, a pesar de que muchos investigadores opinan lo contrario. Dado que la tecnología de cualquier civilización adelantada no podría distinguirse de la magia, según el famoso postulado de Arthur C. Clarke, los seres que vuelan por nuestra atmósfera en sus naves espaciales (y que supuestamente se dedican a secuestrar humanos poco precavidos), poseerían sistemas de propulsión hiperlumínica cuya existencia desafía todos los principios científicos y tecnológicos conocidos por nuestra ciencia. Hasta que nuestra propia tecnología logre alcanzar el nivel de la de los alienígenas que supuestamente nos visitan, permaneceremos confinados en nuestro sistema solar. Pero, ¿será eso cierto?

Polizones en platívolos

La novela Childhood's End ("El fin de la infancia") es una obra maestra de Arthur C. Clarke escrita en 1953, donde se narra el encuentro entre terrícolas y seres tutelarios conocidos como Overlords (los "amos"). Hacia el final de la obra, uno de los protagonistas humanos logra visitar el planeta de estos misteriosos seres como polizón en un platillo volador, convirtiéndose en el primer y único ser humano en llegar a las estrellas. La literatura del contactismo nos ha regalado un buen número de "viajes a las estrellas" en los que terrícolas son llevados repentinamente a planetas exóticos de la mano de extraterrestres con largas y rubias cabelleras. Las experiencias de los secuestrados por ovnis en los años '90 incluyen varias visitas al planeta moribundo de los llamados "grises" describen mundos devastados por enfermedades desconocidas o por accidentes tecnológicos; en los años '50, el contactado mexicano Armando Zurbarán desayunó opíparamente a bordo de un platillo antes de ser depositado nuevamente en la carretera que conduce al puerto de Acapulco, y mientras que ningún ser humano puede jactarse de haber hecho auto-stop para llegar a UMMO, el planeta ficticio cuya existencia causó sensación en Francia y España durante los '60 y '70, los seguidores de dicho tema llegaron a leer descripciones sobre el mundo futurista de los ummitas que orbitaba la estrella Wolf 424--descripciones que parecían tomadas de la serie Cosmos:1999.

Como regla general, los mundos extraterrestres descritos por los contactados (que recuerdan vivamente la experiencia de cómo llegaron ahí) tienen un punto en común con los mundos descritos por los secuestrados (cuyos recuerdos no son tan exactos), y se trata de la tecnología que existe en dichos lugares. Es cierto que los defensores de la HET sueñan con las ventajas que dichos adelantos representarían para nuestro mundo, si los extraterrestres se dignaran a compartirlos. Lo que parece no tomarse en cuenta es que estos mundos de maravilla pueden no ser tan avanzados en lo moral como nos gustaría creer--hechos que puede apreciarse en varios casos de contacto OVNI (como Cisco Grove, Hopkinsville, el caso Trancas, etc.). El aspecto romántico de la vida extraterrestre en mundos parecidos al nuestro sigue siendo tan vivo como antes, a pesar del cinismo que impera en nuestros días.


El factor del "no"

Por sorprendente que pueda parecer, la mayoría de los investigadores partidarios de la HET hacen causa común con los implacables escépticos en un aspecto muy concreto: la creencia en que jamás será posible rebasar la "barrera de la luz", haciendo mención casi constante del efecto de la dilatación del tiempo, que se produce cuando una hipotética nave espacial se acerca a velocidad de la luz. Este efecto significa que el tiempo parecería correr más lentamente para los tripulantes de la nave que viaja al 99.9% de la velocidad de la luz; los intrépidos astronautas no envejecerían en absoluto mientras que cientos de años transcurrirían en su punto de salida. Cabe suponer que una u otra raza extraterrestre haya logrado extender su vidas normales por siglos, o que hayan pasado a convertirse en organismos mecánicos, llegando al grado de clonarse repetidamente a lo largo de la duración del viaje. La ovnilogía sugiere que muchas razas pueden haber creado "robots orgánicos" (¿los grises?) para realizar exploraciones espaciales mientras que sus amos disfrutan los beneficios de haber permanecido en su planeta de origen. Sin embargo, estas conjeturas han sido descartadas como propias de la ciencia-ficción solamente.

Pocas son las veces en que los negadores de los viajes hiperlumínicos manifiestan que la Teoría Especial de la Relatividad de Einstein, que limita la posibilidad de tales viajes a la "velocidad de la luz" tan bienamada por los autores de ciencia ficción, no dice en ningún momento que dichos viajes representen algo imposible. Los creyentes en la HET, por su parte, se rompen la cabeza tratando de adivinar la sustancia que potencia los motores de los OVNIS supuestamente sólidos que nos visitan a diario. Pero casi nadie se detiene a pensar en que los humildes terrícolas poseemos los medios para efectuar nuestras propias visitas de cortesía a las estrellas: sondas lanzadas desde nuestro sistema solar--naves espaciales, si se quiere--capaces de alcanzar las estrellas más cercanas a nuestro sol entre 35 y 65 años de viaje.


El proyecto "Dédalo"

Desplazándose al dieciséis por ciento de la velocidad de la luz--una velocidad un tanto mezquina--sería posible lograr que una serie de sondas alcanzaran los sistemas estelares más cercanos a la Tierra durante la vida de un ser humano. Sería posible llegar a Alfa del Centauro, puerto de escala de tantos ovninautas a lo largo de la historia de la ovnilogía, a cuatro años luz de distancia, en cuestión de 35 años en vez de las decenas de miles de años pronosticadas por los que creen que "jamás llegaremos a las estrellas". La distancia de seis años luz que nos separa de la Estrella de Barnard, y su fascinante familia planetaria de por lo menos dos gigantes gaseosos, podría franquearse en 47 años. Sirio, la "estrella canina" que ha desempeñado un papel predominante en la ovnilogía como el hogar de las especies no humanas que visitaron nuestro mundo en la prehistoria (nótese la importancia de Sirio en las creencias de los dogones del Sudán, así como en las tribus nativoamericanas), representa un viaje más dilatado: sería necesario invertir entre 56 a 63 años para recorrer la distancia de ocho años luz que nos separa.

El lector se preguntará a estas alturas qué sonda espacial sería capaz de acortar estas tremendas distancias (un año-luz es poco menos que seis trillones de millas), especialmente cuando nuestros vehículos más veloces--las sondas Pioneer y Voyager, que se valieron de la prodigiosa gravedad de Júpiter para lanzarse fuera del sistema solar a cien mil millas por hora--tomarían el resto de la eternidad para llegar a su destino. Podemos encontrar la respuesta en una propuesta de trabajo presentada por la British Interplanetary Society en 1.973: se trata del Proyecto Dédalo.

Si se llegara a construir, la sonda Dédalo sería el vehículo espacial más grande creado hasta el momento, pesando más de 70.000 toneladas y midiendo el doble de la altura del edificio Empire State de Nueva York. Las dimensiones del primer mensajero de la Tierra a las estrellas serían tan prodigiosas que espantarían a los tripulantes de las "naves nodriza" fusiformes que aparecen en las crónicas ovni. La compresión de nódulos de deuterio y helio-3, detonadas por proyectores láser, proporcionarían el impulso necesario como para lanzar la enorme sonda artificial hacia su destino. A diferencia de las ráfagas de impulsión relativamente breves que requieren nuestros trasbordadores espaciales para ganar la órbita terrestre, la sonda Dédalo necesitaría un plazo de impulsión de seis años--suficiente como para causar pesadillas a cualquier ingeniero. Las dimensiones y requisitos de propulsión mortíferos de este "leviatán del espacio"
harían necesaria su construcción en órbita, tal vez la órbita lunar. Por desalentador que pueda parecer, el equipo del proyecto Dédalo llegó a la conclusión de que "los vuelos interestelares parecerían ser en este momento una propuesta factible no sólo para la humanidad, sino para cualquier otra civilización que tenga nuestras mismas destrezas".

Entre los posibles destinos para la sonda Dédalo figuran Alfa del Centauro "a", una estrella idéntica a nuestro sol, descrita en el informe Dédalo como "una estrella de tipo solar y de alto interés biológico"; la estrella de Barnard, un destino atractivo por la evidencia de su sistema planetario, aunque demasiado caliente para albergar vida; Lalande 21185, a ocho años luz de camino, rodeada por una masa que sugiere un sistema planetario; Wolf 359, a siete y medio años luz de distancia, estrella que lanza "llamaradas frecuentes", según el informe, y otros objetivos más distantes pero no menos atractivos, como Tau Ceti y Epsilon Eridani.

¿Con quién nos encontraremos?

La llegada de la primera sonda terrestre a cualquiera de estos sistemas solares representaría el "momento de la verdad" para algunos contactados y sus "hermanos del espacio", ya que alegan proceder de algunos de estos sistemas (Alfa Centauro y Sirio, como se dijo anteriormente, ocupan sitios predominantes en las crónicas contactistas). Pero, ¿con quién nos encontraremos en estos sitios tan lejanos?

Cualquier planeta cuyas condiciones atmosféricas sean medianamente parecidas a las de nuestra Tierra casi seguramente estaría habitado por humanoides caricaturescos en vez de alienígenas a lo Michael Rennie o hermanos del espacio de rubia cabellera: los planetas con un campo gravitacional menor al nuestro producirían seres altos y esbeltos con aparatos respiratorios muy desarrollados. Para dichos seres, la gravedad de nuestro mundo sería intolerable y realizarían sus exploraciones a distancia. Otro mundo hipotético parecido al nuestro, pero con una gravedad tremenda, produciría seres achaparrados de gran fuerza física, cubiertos por piel muy gruesa o hasta escamosa--seres grotescos que estarían encantados con la gravitación terrestre, y las crónicas ovni están
repletas de encuentros cercanos con seres que en cierto modo coinciden con esta descripción.

También hay diferencias muy sutiles que nos separarían de estas criaturas, como el hecho de que nuestra vista está "sintonizada" a la frecuencia de 5000 angstroms de nuestro propio sol. Cualquier extraterrestre que venga a visitarnos de un mundo que gira en torno a un sol con mayor luz ultravioleta estaría casi ciego en nuestro mundo, tal vez dando lugar a relatos sobre ovninautas o seres cuyos ojos poseen luz propia. Para ellos, la Tierra sería un mundo sumido en las tinieblas.

Sucedería lo contrario con los habitantes de un mundo cuya estrella ocupa un lugar más elevado en la banda infrarroja: quedarían cegados por la luz de nuestro sol hasta el anochecer, cuando sus destrezas visuales les permitirían leer la señal infrarroja de cada ser viviente en nuestro planeta. Nuestras tradiciones afirman que los seres sobrenaturales malignos son criaturas de la noche. ¿Se tratará,a caso, de una referencia involuntaria a seres oriundos de un planeta o dimensión del espectro infrarrojo? Otros expertos han afirmado que los conceptos de "cielo" e "infierno" se ajustan perfectamente a los extremos opuestos del espectro electromagnético.

¿Y cual es la probabilidad de que encontraremos vida de cualquier clase? La consideración más importante para encontrar planetas, en primer lugar, consiste en estudiar las estrellas que ocupan el nivel inferior de la clasificación espectral--las estrellas denominadas F,G y K en las cartas astronómicas. Sirio, por ejemplo, es una estrella tipo A, y su "compañera oscura" es una enana blanca. Las posibilidades de hallar planetas en estos sistemas es mas bien remota. Alfa del Centauro "a" es la gemela de nuestro sol, pero tiene la desventaja de pertenecer a un sistema "trinario" de estrellas. Será necesario confirmar estas teorías en directo por medio de sondas espaciales.

¿Y si vienen ellos primero?


Aparte de los escurridizos ovnis que tanto nos han dado que hacer desde 1.947, siempre existe la posibilidad de que una civilización extraterrestre se decida a enviar una sonda propia a nuestro sistema solar--posibilidad que ha sido explorada ampliamente en libros y películas de ciencia-ficción. Si un artefacto de las proporciones del "Dédalo" llegara a nuestro vecindario, sería plenamente visible a nuestros telescopios. Pero, ¿que tal si se tratara de un objeto mucho más pequeño y sofisticado?

En abril de 1.995, el distinguido astrónomo australiano Duncan Steel publicó un informe en el cuaderno "The Observatory" donde comentaba la posibilidad de que una sonda genuinamente extraterrestre haya traspasado los linderos de nuestro sistema solar. Steele es un experto en la detección de objetos pequeños en la órbita terrestre, y ha participado en varios comités que alertaron a la NASA sobre el peligro que representan estos para la navegación espacial.

Según Steele, el telescopio reflector de Kitt Peak (Arizona, EUA) detectó un objeto orbitando nuestro sol en diciembre de 1.991. El objeto fue clasificado como VG 1.991 y descrito como una estructura de 10 metros de largo que presentaba variaciones rápidas en su brillantez, significando que tenía "secciones de reflectividad distintiva". VG 1.991 pasó a trescientas mil millas de la Tierra, y según los cálculos del astrónomo, parece haber hecho lo mismo en 1975 y a fines de 1950, descartando así la posibilidad de que pueda tratarse de un objeto lanzado desde nuestro mundo.

El profesor Steele explica que VG 1.991 no puede ser un asteroide dada sus fluctuaciones de brillantez, y que la órbita del objeto sería inestable dada su proximidad a la órbita terrestre, por lo que se entiende que el objeto adquirió dicha órbita recientemente en vez de hace miles de años.

El final del proyecto "Apolo" en los años '70, cuando la expoloración del espacio todavía llenaba de asombro al público en general, conceptos como el proyecto Dédalo contribuían a la sensación de maravilla que resulta tan importante para la exploración espacial. Veinte años después, con el presupuesto de la NASA visiblemente mermado y escaso apoyo oficial hacia iniciativas relativamente modestas, como la estación espacial Alfa, las imágenes del espacio profundo recogidas por el telescopio Hubble han contribuido al renacimiento del interés en las estrellas y la manera de alcanzarlas algún día, cuando nos hayamos convertido en una de las civilizaciones estelares en las que los adeptos de la HET depositan sus esperanzas.

Tuesday, June 02, 2015

Desapariciones en los Grandes Lagos



Desapariciones en los Grandes Lagos
Por Scott Corrales (c) 2015


Noviembre de 1918. Dos embarcaciones recién construidas - el Inkerman y el Cerisoles - se abren paso entre las brumas del lago Superior, el mayor de los Grandes Lagos. Ambos de cincuenta metros de eslora, los dragaminas - producto del astillero canadiense Canada Car Foundry - son un encargo del gobierno francés para barrer las aguas del Canal de la Mancha, a miles de kilómetros de distancia, de cualesquiera minas que hubiesen sobrevivido las campañas navales de la Gran Guerra.

Los canadienses estaban de plácemes. Habían conseguido el contrato para la fabricación de doce de estas naves de guerra, de la clase "Navarin", bajo la supervisión de ingenieros galos. Sus tripulantes eran reclutas de Flandes que habían sido enviados a Canadá a recibir su entrenamiento en Thunder Bay, provincia de Ontario, antes de ocupar sus puestos en los flamantes bajeles. Desplazándose entre las aguas del lago hacia lo que sería su hábitat natural, las aguas del oceano Atlántico, ni los tripulantes ni los capitanes de las respectivas embarcaciones estaban conscientes de que su próximo puerto de escala sería la eternidad.

La desaparición de estos buques de guerra, armados con cañones de 100 mm capaces de proyectar balas a una veintena de kilómetros, es uno de los enigmas más intrigantes de la larga y misteriosa historia de los Grandes Lagos. Los historiadores han achacado la desaparición a la falta de experiencia de los capitanes con las tormentas invernales que se producen en los lagos, sin contar que que tanto el Inkerman como el Cerisoles llevaba un capitán canadiense como asesor y piloto. Otra teoría conspirativa ha sido la posibilidad de que un submarino alemán haya penetrado los lagos, abriéndose paso por el rio San Lorenzo y sin ser detectado - una imposibilidad - por los custodios del canal de Welland, que une a los lagos Ontario y Erie, esquivando aquella maravilla de la naturaleza conocida como las cataratas del Niagara. Se ha sugerido también que los capitanes portaban órdenes selladas que no debían abrir hasta que no estuviesen en marcha, y que el contenido de estas cartas del almirantazgo francés les encomendaban una misión desconocida.


El hecho es que casi un siglo después, con todos los medios tecnológicos a nuestra disposición, los restos de ambos dragaminas nunca han sido hallados en las oscuras profundidades del lago Superior, a pesar de la existencia de muchos grupos interesados en el submarinismo y la exploración de barcos hundidos.

Lo verdaderamente intrigante es que ni Canadá ni Francia manifestaron gran preocupación por la pérdida; tampoco se emprendió una búsqueda en aquel momento. El cuaderno de registro de los Grandes Lagos que lleva el gobierno federal canadiense no ubica la desaparición de los dragaminas en el Superior, sino en el lago Ontario. Tampoco se hizo mención de la desparición en aquel momento, debido a la pesada censura mediática por motivo de la Gran Guerra. Tampoco deja de ser curioso que la desaparición posiblemente haya ocurrido en el lado estadounidense de los lagos, y que dicho gobierno no haya dicho nada.

Un dato adicional que hará sonreir a muchos: la Canadian Car Foundry (cuyos datos sobre las naves se han perdido) acabó fusionada con A.V. Roe Canada Ltd., la empresa fabricante del famoso platillo volador AVRO Car VZ-9, incapaz de elevarse a más de un metro del suelo.

Los Grandes Lagos son el mar interior de América del Norte, abarcando más del veinte por ciento del agua dulce de nuestro planeta, y con una extensión de casi doscientos cincuenta mil kilómetros cuadrados. La pérdida de la capa de hielo que cubría el continente hace diez milenios tuvo como consecuencia la creación de los lagos. Al igual que sucedió con el Mediterráneo, se formaron numerosos asentamientos a lo largo de sus costas y algunos de estos pasaron a convertirse en grandes urbes. La mano del hombre creó canales para conectar a los lagos con otras vías fluviales: el canal del rio Illinois, por ejemplo, permite la navegación desde los lagos hasta el golfo de México, mientras que el caudaloso San Lorenzo permite la salida de cargueros al Atlántico.

Las bondades de este milagro hidrológico y geológico también acarrean consecuencias meteorológicas, puesto que los lagos ejercen una influencia considerable sobre la meteorología estadounidense. Las grandes oleadas de frio polar descienden sobre sus aguas, convirtiéndolas en una gran máquina de nieve cuyos efectos se hacen sentir en algunas ocasionas hasta las costas de Luisiana. Las tormentas de invierno son un peligro considerable para la navegación. En octubre del 2010 se produjo la tormenta conocida como el “Chiclone” (ciclón de Chicago) por su impacto sobre esta ciudad a las orillas del lago Michigan, con un oleaje de ocho metros. Ni decir tiene que el efecto de estas tormentas ha resultado en el hundimiento de cientos de barcos y la pérdida de miles de vidas.

En épocas no tan remotas, tribus como los mohawk del estado de Nueva York hubesen considerado que la pérdida de las embarcaciones era obra de Oniare, la serpiente de agua con cuernos que moraba bajo las aguas del lago, hundiendo canoas y barcos por igual, devorando a sus pasajeros y emitiendo un aliento ponzoñoso. La única protección contra la serpiente consistía en invocar a Hinón, dios de las tormentas, y enemigo mortal de Oniare. ¿Se referían estas tradiciones a un plesiosauro, como en el caso del escurridizo monstruo de Loch Ness en Escocia? Más aterrador aún era el Mishipeshu de las tribus ojibwe, odawa y powatomi, la gran pantera submarina, un “felinoide” diamétricamente opuesto a los pájaros del trueno, con quienes lucha sin cesar, causando tormentas, muerte y desgracias. Según el antropólogo Chris Bolagno en su estudio Mountain Lion: An Unnatural History of Pumas and People, algunas tribus celebraban bailes rituales hasta la mitad del siglo XX para apaciguar a este poderoso ser.

Sirvan estos párrafos para orientar al lector sobre el trasfondo físico y cultural de estas aguas y sus historial de desastres y desapariciones misteriosas.

Una de las guerras más cruentas que se libraron durante la historia de América del Norte fue la denominada “Guerra de 1812” entre los Estados Unidos y Gran Bretaña, resultando en la destrucción de la capital estadounidense dos años más tarde. Ambos países llenaron las aguas de los lagos Erie y Ontario con embarcaciones de guerra, las inglesas siendo en muchos casos superiores a las comandadas por el almirante Nelson en Trafalgar en 1804. Sin contar algunas escaramuzas, el alto mando inglés indicaría que nunca se produjo un encuentro naval en condiciones debido a que las aguas “no eran propicias para tales actividades.” Esta ambigua frase puede interpretarse de mil maneras, pero para nuestros fines consideraremos que los “sea lords” en Londres se referían a las tormentas y nevadas imprevistas y extrañas ventoleras que amenzaban con desarbolar sus naves y arrastrarlas con sus palos y cañones al abismo. Los funcionarios de la secretaría de la guerra de la joven unión americana casi seguramente afirmarían lo mismo.


La crónica de desapariciones se extiende desde el comienzo de las primeras exploraciones francesas del los lagos hasta el presente. En algunas de estos eventos, los barcos permanecen intactos, pero desaparecen pasajeros y tripulantes (cuyo infortunio se relega a haber tropezado y caído por la borda).

The Great Lakes Triangle
, obra del aviador Jay Gourley publicada en 1977, tenía un título que se aprovechaba de la obsesión popular por aquel otro supuesto y hoy olvidado triángulo, el de las Bermudas. Gourley hizo hincapié en un hecho: se habían producido más incidentes extraños en los lagos que en la zona del Atlántico famosa por sus supuestos misterios.
"Debido a la configuración irregular de los Grandes Lagos," escribió,"los pilotos, conscientes del peligro que representan, rutinariamente circumnavegan los lagos, aún cuando volar sobre ellos pueda resultar más breve. Es casi imposible que el avión más lento se encuentre a más de 20 minutos del aterrizaje. Un avión de pasajeros puede cruzar el lago Erie por el medio en diez minutos. Hay aviones más veloces que lo hacen en menos de cuatro. En cualquier punto de los Grandes Lagos, resulta posible que el piloto de cualquier avión de línea apague sus motores y sencillamente deslice hasta aterrizar. Existen cientos de balizas en tierra, agua y aire que constantemente vigilan las frecuencias de emergencia por si hay problemas. Conscientes de los incidentes obre los Grandes Lagos, la Administación de Aviación Federal (FAA) formó un "Servicio de Notificación de los Lagos" – cualquier piloto que sobrevuela estos cuerpos de agua debe remitir informes constantes a las estaciones de tierra. Si se produce una demora de diez minutos sin recibir dicho informe, se activa enseguida una misión de búsqueda y rescate.”

Esta orden - AT 7300.17 Lake Reporting Service, emitida por la oficina AEA-430 de la FAA entró en vigor el 1 de agosto de 1974 y se canceló sin explicaciones el 1 de marzo de 1990. El contenido exacto del documento ya no se encuentra accesible al público, como sucede con tantos otros materiales relacionados a esta intrigante parte de nuestro planeta.

Wednesday, May 27, 2015

El aullido de los trotapieles



El aullido de los trotapieles
Por Scott Corrales © 2015

"Tal vez creyó que Endocheeney, el trotapieles, le había transmitido la enfermedad cadáver disparándole el trozo de hueso recetado. Entonces, en vez de depositar su confianza en el rito del Sendero del Enemigo para deshacer la brujería, la había desecho él mismo, incrustando el hueso mortífero al mismo brujo. Tal vez significaba que el asesino se consideraba brujo, en alguna extraña forma alocada, y quería hechizar a Endocheeny, incrustándole el hueso en el mismo momento que asestaba una puñalada. Una teoría extravagante. Pero todo lo referente a la magia de los navajo se le antojaba extravagante a Leaphorn".

- Tony Hillerman, “Skinwalkers”


Resulta curioso como el interés del público en el escabroso tema de los teriántropos nativos conocidos como “skinwalkers” (trotapieles o mudapieles, en castellano) haya nacido a raíz de la novela detectivesca del mismo nombre por el autor Tony Hillerman, obra convertida posteriormente en un proyecto para el cine protagonizado por Lou Diamond Phillips. Antes esto, el hombre de a pie sabía muy poco sobre estos temas, a menos que viviese en el suroeste norteamericano y sus labores le pusiesen en contacto con los elementos de la tribu navajo que le informasen sobre el tema – algo casi imposible, puesto que lo nativos procuran no traer el tema a colación, mucho menos con personas fuera de su etnia y cultura.

Los antropólogos y estudiosos de las culturas del “southwest” sí conocían el tema, pero lo relegaban al gran acervo cultural de los navajo, un artefacto folclórico más. Los estudiosos remitían al lego interesado a descripciones sobre los teriántropos (del griego “terion” – animal salvaje y “antropos” – ser humano) a lo largo de la historia y en una variedad de culturas, pasando por Japón y el continente africano, remontándose a la prehistoria, como lo atestiguan las imágenes plasmadas en la gruta de Les Trois Freres en el mediodía francés, descubiertas en 1914 por los hijos del conde de Bégouen. Lejos de ser garabatos hechos por cavernícolas, la nitidez de los dibujos era sorprendente. El trazo conocido como “El hechicero” – de trece mil años de edad – supuestamente representa a un chamán en un viaje onírico, pero bien puede representar la realidad de los seres humanos que gozan del don de convertirse en animales.

Pero esos mismos expertos prefieren esquivar el problema de que la teriantropía es un fenómeno que ocurre en el mundo contemporáneo. Con la aparición en 1996 del libro The Navajo Skinwalker, Witchcraft and Related Phenomena por Joanne Teller y Norman Blackwater – autores nativoamericanos - la preocupación de las culturas aboriginales quedaba al descubierto. El texto de la pareja navajo sigue siendo una de las exploraciones más francas del fenómeno, proporcionando raíces históricas.

Teller y Blackwater situan el origen del poder teriantrópico de los hechiceros navajos al comienzo de la “larga caminata” – 1864, cuando las autoridades federales restringieron limitaron a la tribu a la extensión territorial que ocupa en la actualidad. En aquel momento, “el poder se utilizaba principalmente para localizar alimentos y enemigos.” La segunda etapa (1864-1900) está caracterizada por la poca actividad entre los trotapieles, limitada a conocer “las nuevas políticas federales y procedimientos aplicadas a las tribus”. La tercera etapa corre de 1900 a 1960, aproximadamente, y “las actividades de los trotapieles aumentan un tanto a la par que se asimilan las nuevas políticas y procedimientos”. La cuarta etapa es la actual.

“En el pasado, la muda de pieles no era una conducta maligna,” explican Teller y Blackwater, abordando el pasado histórico de la tribu, “puesto que resultaba muy útil para localizar alimentos y detectar la presencia de enemigos. Los requisitos para convertirse en skinwalkers eran los siguientes: una cantidad determinada de hombres, un sitio para trabajar, y que fuese de noche”.
El lector podrá imaginar la oscuridad total del desierto, las estrellas que brillan en lo alto en un cielo totalmente nítido, el aullido de los coyotes y el sonido de una flauta india en la lejanía.
Los reunidos para realizar el ritual se sentaban en un círculo en torno a una fogata al atardecer, dentro de la estructura elegida para el evento. El candidato a trotapieles estaría sentado de espaldas a la entrada, y la piel de un coyote u otro “animal de agilidad parecida” se pondría a sus pies. Los hombres comenzarían sus cantos, sobre todo el canto de la “larga caminata”. En algún momento durante el coro, el candidato se desdoblaría para colocarse la piel del animal y emprender su tarea de búsqueda. El humano recibe el don de las facultades del animal al colocarse dicha piel.

“Por ejemplo,” explican los autores,” el uso de la piel de coyote dotaría al usuario con la visión nocturna, oído, olfato, velocidad y agilidad de un coyote, pero sobrepasando la del animal normal. Al completar la misión, el trotapieles regresaría al círculo de cantores, descartaría la piel, y regresaría a su propio cuerpo.

El paso del tiempo, sin embargo, corrompería la naturaleza pacífica del ejercicio en teriantropía. Los integrantes de las tribus, contagiados por las costumbres adquiridas de los colonos, muchas veces contra su voluntad, comenzarían a desear artículos materiales: rifles, carretas y objetos varios. La envidia se convertiría en el principal móvil de los trotapieles: codiciar los bienes del vecino, apoderarse de ellos y quitarle la vida a su dueño. “Envidia, odio, desdén, temor, curiosidad y deseo. Estas son las emociones que impulsan al trotapieles a ejercer su actividad,” apuntan los autores.

Pero el poder de la funesta actividad tiene sus reglas. El trotapieles opera desde el atardecer hasta justo antes de despuntar el alba, pudiendo desplazarse sin límites. La actividad, que antes estaba circunscrita al desierto, ahora se produce en aldeas y ciudades (tal vez siendo el origen de avistamientos de seres licantrópicos que han causado espanto a choferes y peatones en un sinnúmero de concentraciones urbanas).



El teriántropo tiene acceso a una variedad de pieles: perro, lobo, coyote, chivo y oveja. Debido a la escasez de gatos monteses, estas se usan menos. Existe la salvedad, siempre de acuerdo con los autores, de que hay un animal que no se presta a las actividades de estos practicantes: la del ganso. También hay peligros – si algún depredador mata al animal utilizado por el brujo, este se verá desorientado y sin cuerpo, y hará lo posible por internarse en cualquier animal vivo. “Un skinwalker privado del uso de la piel de un gato consiguió meterse dentro de uno de los perros de mi suegra, y escapar mediante el uso de dicho animal,” observa Joanne Teller.

Casos espeluznantes

El ganadero Hoss Lors tuvo una experiencia como pocas una noche en Greenwood, Arizona. Se disponía a alimentar los caballos en su propiedad justo a la puesta del sol. No había nadie en la zona más que él, aunque pudo distinguir las voces de cantantes que entonaban un himno en navajo. Lors, casado con una mujer de la tribu, regresó a su hogar para traerla al pastizal e interpretase la letra de canto.

Podemos imaginar su sorpresa cuando su mujer le dijo que era una maldición – un canto maléfico que pedía por la muerte de los caballos y la destrucción de la propiedad. Sin dudarlo por un minuto, el ganadero Lors lanzó un grito desafiante en inglés, exigiéndoles que se presentaran para maldecirlo cara a cara.

Según el ganadero, dos criaturas mitad hombre, mitad lobo, salieron de la tierra como por arte de magia, con ojos flamígeros, aceptando su reto. Lors, que ya tenía su revolver de calibre .38 en la mano, intentó vaciar el arma contra las presencias demoniacas, pero no pudo disparar ni una sola bala. Salieron corriendo, saltando sobre la alambrada, esfumándose en el anochecer. El revolver funcionó perfectamente al día siguiente, y fue necesario realizar un rito para devolver la normalidad a los predios, “pero el fuego de sus ojos se ha quedado en mi alma,” afirma el granjero.



Los encuentros con los temidos skinwalkers a menudo se desechan como puramente anecdóticos o malinterpretaciones de la actividad de animales conocidos de sobra. Pero, ¿qué podemos decir de los casos que trascienden a los tribunales?

El décimo tribunal de circuito de los Estados Unidos examinó el caso conocido como United States v. Toledo, No. 13-2027 (10th Cir. 2014) que achacaba la presencia de un skinwalker en el caso de dos familias de la tribu navajo cuyas diferencias estaban influenciadas por el dinero, el alcohol y el racismo. El abogado Jason P. Bailey incluyó el caso entre sus escritos, del cual tomamos la siguiente cita: "Las revelaciones del caso son particularmente dramáticas debido al breve recitado de la creencia del acusado en los trotapieles (skinwalkers) y su temor a los mismos, descritos como "una persona malévola con poderes sobrenaturales que asume el aspecto de un lobo, coyote u otro animal al colocarse la piel del mismo." El acusado creyó que un miembro de la familia vecina era un skinwalker, y un enfrentamiento tomó lugar justo cuando el acusado esparcía cenizas sagradas utilizadas para ahuyentar a los trotapieles. El miembro de la familia murió durante el encuentro. Resulta interesante que este no es el primer caso en el que las creencias de los navajos hayan hecho acto de presencia. En un caso de 2012 en los tribunales federales de distrito en Nuevo México se produjo una desviación a la baja en la condena, ocasionada en parte por la creencia del acusado en los skinwalkers, hecho que 'pudo haberle hecho sentir inusualmente temeroso bajo las circunstancias' (United States v. Begay, 2012 WL 2175766, *4 (D. N.M. June 1, 2012).

Podemos añadir a lo anterior que la creencia en los trotapieles (y la brujería de los navajos en general) constituyó un dolor de cabeza para las autoridades militares que ocuparon el oeste americano. “Desde el comienzo, los expedientes gubernamentales estaban llenos de las dificultades del agente en el manejo del problema de la brujería. En 1882, el mayor Dan Riordan, acantonado en el fuerte Defiance, salvó las vidas de cuatro hombres acusados de brujería. En 1912, el agente Piquet informó al comisionado de asuntos nativos sobre el arresto de un navajo acusado de haber dado muerte a un curandero bajo sospecha de brujería”.

El público televidente se estremeció con el anuncio de una nueva serie que iba a ser transmitida por la cadena NatGeo en el 2012. "Navajo Task Force" seguiría de cerca las aventuras de los Navajo Nation Rangers, agencia tribal de Arizona que investiga fantasmas, brujería, OVNIS y Bigfoot con el beneplácito de las autoridades. El cuerpo policiaco, mejor conocido por administración de yacimientos arqueológicos y parques nacionales, decidió tomar cartas en lo sobrenatural debido a la abundancia de casos referidos por personas que no obtenían respuestas de la policía municipal. La serie de seis capítulos tuvo gran aceptación y se esperan entregas adicionales. El teniente John Dover de los Navajo Nation Rangers asevera: "Los casos provienen de personas normales que sienten gran temor. Algo inusual les sucedía. Querían respuestas y querían saber que había alguien lo suficientemente interesado en ellos como para ir en busca de respuestas."

El capítulo Eyes of the Howler (S1,EP2) se transmitió el 19 de marzo del 2012 y presenta a los agentes en busca de un misterioso ser - denominado The Howler (el aullador) - al que se le achaca la muerte de perros y animales de granja. Se produce una división muy interesante entre los miembros de la tribu: los más viejos creen que es un trotapieles, pero los jóvenes insisten que es una versión navajo del enigmático Piegrande. Durante las pesquisas, los agentes logran grabar el aullido que proviene de una caverna en los acantilados, así como dos ojos que los miran desde el interior.


El tenebroso misterio de las creencias nativas también se ha hecho sentir en Internet, donde muchos testigos aprovechan el anonimato para relatar experiencias sobrecogedoras. Un usuario de Reddit.com depositó la siguiente narrativa en dicho medio social:

"Cualquiera que haya estado en la reserva navajo posiblemente ha escuchado o visto cosas bastante inquietantes. Concretamente los skinwalkers. Yo vi uno, y este se mi relato. Vengo de una aldea en el norte de Arizona, encajada entre la reserva paiute al norte y la reserva más grande de los navajo al sur. Mi colegio era tan pequeño que nos veíamos obligados a desplazaros cinco o diez horas para competir contra otra escuela en cualquier deporte. [Durante un viaje] recuerdo que el chofer conducía a 85 millas por hora a eso de las dos de la madrugada. Por algún motivo me resultaba difícil dormirme como el resto de mis compañeros. Me quedé contemplando el paisaje desértico iluminado por la luna llena. Al mirar, pude ver una figura corriendo hacia el autobús como si lo estuviese persiguiendo, igualando la velocidad de 85 millas por hora. Al paso que se acercaba, pude ver que se trataba de un humanoide. De hecho, era exactamente un humano, solo que llevaba el rostro pintado blanco y negro en mitades, con ojos resplandecientes. Ojos que brillaban como los de un conejo reflejando la luz de una linterna. Pensé enseguida: "¡Es un trotapieles! El personaje corrió hasta la cuneta, corriendo parejo con el autobús y lanzando salvia contra el vehículo, mirándome. Después de haber hecho contacto ocular con aquello, me era imposible apartar la vista, como si algo estuviese inmovilizando mi cabeza y cuello. El trotapieles se sonrió - una sonrisa inhumana de oreja a oreja, mostrando dientes torcidos y amarillentos. Sentí que iba a vomitar, víctima del pánico durante el evento. El trotapieles comenzó a plegarse, asumiendo forma cuadrúpeda. Pude ver como su osamenta se resquebrajaba y adquiría forma nueva. En tres segundos ya era un coyote, y se perdió en el desierto. Vomité tan pronto como desapareció, y no quise contar mi experiencia a nadie, temiendo que me tomaran por loco. Se lo conté a una amiga de la tribu, que aconsejó entrevistarme con el jefe y recibir una bendición. No he vuelto a ver uno de estos seres."

Sunday, May 17, 2015

La tumba de George Adamski

En agosto de 2001 tuvimos la oportunidad de visitar el Arlington National Cemetery, panteón nacional donde yacen los héroes de la nación americana. El gran recinto fue, en su momento, propiedad del General Robert E. Lee, y como castigo a su traición durante la guerra de secesión (1861-1865), el gobierno decretó que dicha propiedad sería expropiada y utilizada como el descanso final de los soldados que perecieron en aquella contienda fratricida. El que sería comandante en jefe de las fuerzas sureñas vivió por 30 años en Arlington House, mansión que aún puede visitarse en el recinto.

Arlington tambien se distingue por contener la tumba de uno de los personajes más controvertidos de la historia de la ovnilogia: George Adamski, cuyo supuesto encuentro con alienígenas de larga cabellera rubia desató gran parte del furor ovnilógico de los '50 en el oeste de Estados Unidos. La verdad sobre ese personaje puede leerse en el articulo Aventuras en el desierto: Adamski, ¿fraude o visionario? http://arcanamundiblog.blogspot.com/2012/04/aventuras-en-el-desierto-adamski-fraude.html

El hecho de que Adamski haya recibido sepultura en el mismo campo presidido por la llama eterna del presidente John F. Kennedy ha llevado a muchos a creer que Adamski haya sido mucho más importante y que su descanso final haya sido tal vez tributo a su encuentro con supuestos venusinos.

La realidad es mucho más interesante: Adamski, como cientos de miles, luchó durante la Primera Guerra Mundial bajo la bandera estadounidense, y tiene el derecho, como cualquier soldado, de solicitar sepultura en Arlington, algo que comienza a ser cada vez más dificil debido a las limitaciones de terreno.

La oficina central del cementerio nos proporcionó un mapa en el 2001 que mostraba el lugar donde podía visitarse la tumba. Compartimos este material y fotos en su momento con el Ing. Marco Reynoso de la Fundación Cosmos A.C. de la ciudad de Monterrey, Mexico. Pero ahora, gracias al milagro que es Internet, podemos visitar el cementerio virtualmente para rendir un breve tributo.



Mapa de papel proporcionado por el directorio del Arlington National Cemetery en agosto de 2001.



Vista aerea de la sección 43, proveniente de la web del Arlington National Cemetery.



Tumba de George Adamski, Sección 43, Sepultura 295.

Wednesday, May 06, 2015

El haz de luz del ovni de Foxboro y sus secuelas paranormales



Encuentros con lo Desconocido - Revista Alternate Perceptions - Mayo 2015
"El haz de luz del ovni de Foxboro y sus secuelas paranormales"
Por Brent Raynes

El veterano investigador Joe Nyman y su colega Ed Fogg, Jr. fueron alertados por el prestigioso ufólogo y autor Ray Fowler sobre un incidente OVNI que fue dado a conocer cerca de su región.

El supuesto encuentro cercano con un OVNI tomó lugar en la tarde del 6 de diciembre de 1980 en Foxboro, Massachusetts, aproximadamente a las 6:30 p.m. - una tarde muy fría con cielos despejados. Joe Nyman me escribió el 25 de diciembre de 1980 para decirme que él y el Sr. Fogg se personaron al lugar de los hechos unas dos y media horas después del evento. "El caso implica a un chico de 13 años de edad y un encuentro que no duró más de diez minutos," escribió Joe. "El chico dijo haber sido paralizado por un haz de luz, haber escuchado voces en su cabeza, y descubrimos una rojez muy extraña sobre su pecho durante la entrevista. Después de que nos fuimos, se fue a dormir, y a la media hora comenzó a hablar en sueños, como si estuviese repitiendo la experiencia. En el 'sueño' se le dijo que los ocupantes del OVNI podían 'amoldar' el tiempo, así que no tenía que preocuparse sobre su reunión de los Boy Scouts (pasarían a buscarlo diez minutos después del comienzo del encuentro, y pudo hacerlo a tiempo).

"¿Te acuerdas de ese caso de "Jimmy Hoffa" en el OVNI? ¿Podrías creer que Amelia Earhart sale en este? El chico 'hablaba' con ella en el sueño. No se acordaba de nada al día siguiente, pero los padres lo grabaron para el expediente. Vamos a realizar sesiones hipnóticas cuando vuelvan de la Florida en enero".

Algunas semanas tras la investigación inicial, se realizó una sesión de hipnosis regresiva, revelando que los 'murmullos en la cabeza' del joven durante su encuentro eran una comunicación mental con alguna clase de ser que pudo ver en una hilera de ventanillas que rodeaban el OVNI. El mensaje le aseguraba que no le harían daño y que 'deseaban examinarlo'.

El 7 de marzo de 1981, Joe Nyman también escribió para contarme: "Nos hemos esforzado por realizar una segunda sesión de hipnosis por casi dos meses. Entonces, cuando ya se habían resuelto todas las enfermedades y conflictos personales, el padre natural del chico lo sacó del colegio y está demandando a la madre natural por su custodia".

"La segunda revelación en este caso se produjo el 12 de febrero, cuando la madre confesó que nos había estado ocultando algo. Desde enero, la familia había estado plagada por fenómenos poltergeist. No se trataba de un fenómeno maligno, sino de inocentadas como llaves y encendedores que desparecían, pisadas extrañas, gotas de agua que aparecían en el aire, y el perro a veces negándose a entrar en ciertas habitaciones. Todos los fenómenos parecían estar centrados en torno al muchacho".

"El remolino emocional causado la batalla por la custodia del chico ha resultado en la continuación e intensificación del fenómeno, cosa que asusta al chico. En la casa de su abuela, donde vive ahora, se han volcado vasos sobre la mesa, el televisor ha cambiado de canales sin que nadie haya tocado el sintonizador, y las prendas de vestir del chico salen volando mientras que se las pone. Las puertas se cierran con tal fuerza que el chico teme salir herido".

[Traducción (c) 2015 de Scott Corrales para Arcana Mundi]

[NOTA: la referencia al sindicalista Jimmy Hoffa, cuya misteriosa desaparición aún sigue siendo una incógnita, tiene que ver con un caso OVNI de los '70 en el que un secuestrado afirmó haber escuchado una voz que gritaba "¡Yo soy Jimmy Hoffa!" desde el interior del OVNI, como si los tripulantes lo tuviesen cautivo.]

Thursday, April 23, 2015

F.W. "Ted" Holiday (1920-1979)



F.W. "Ted" Holiday (1920-1979)

"Ted" Holiday tal vez no figure entre los investigadores más conocidos del misterio, pero su contribución al mundo del misterio no puede pasarse por alto. Se le conoce más que nada por sus libros sobre el monstruo de Loch Ness y otras serpientes lacustres en lagos británicos e irlandeses (sus escritos sobre la bestia del Lough Nahooin en Irlanda son interesantísimos). Holiday, sin embargo, llegó a detectar un aspecto paranormal en la existencia de estas serpientes de mar y no dudó en afirmarlo, lo que tal vez resultó molesto para los criptozoólogos de pura cepa. La controversia se hizo aún más aguda cuando Holiday ayudó al Reverendo Donald Omand a realizar el "exorcismo de Loch Ness" en 1978, conminando al ser maligno que se manifestaba "bajo el aspecto de monstruos prehistóricos" a abandonar aquellas aguas por siempre jamás. Holiday sufrió su primer infarto tras el exorcismo, sucumbiendo al segundo.


En su obra The Dragon and The Disc (El dragón y el platillo), el autor señala la importancia de ambos emblemas en la arquitectura antigua, relacionando tanto el fenómeno de los ovnis como de los seres extraños con el mundo de lo paranormal. The Goblin Universe, publicación póstuma, relata las experiencias del autor durante la investigación de fantasmas, hombres de negro, ovnis y monstruos lacustres.


País de Gales: ¿Muertes causadas por humanoides?




País de Gales: ¿Muertes causadas por humanoides?

Por F.W. Holiday - Revista Flying Saucer Review 1978 Vol. 24 No.1
Traducción de Scott Corrales para Arcana Mundi

Tras leer la historia del extraño accidente automovilístico de Margaret y Geoffrey Westwood (revista Flying Saucer Review, Vol. 23, No. 4) me parece posible que los distintos accidentes automovilísticos puedan guardar relación con los ovnis. El siguiente caso trágico me preocupa porque es muy posible que nunca lleguemos a saber la toda la verdad sobre el asunto y porque parece no existir motivo – dadas circunstancias parecidas – por el que no puedan suceder de nuevo. Es alarmante.

El accidente tomó lugar el 23 de noviembre de 1977 en la carretera A48 cerca del fondo de Nantycaws Hill. La A48 corre entre Carmarthen – Cross Hands – Swansea. Nantycaws está a unos dos kilómetros en las afueras de Carmarthen. Es una zona pastoral poco poblada.

Esa tarde se había producido un partido de rugby entre los condados galeses que tomó lugar en Ystradgynlais. Después del partido, dos automóviles se dirigieron a Carmarthen. Uno de ellos contenía al señor Glan Tucker, antiguo director del Llanelly Rugby Football Club. Al llegar a Porthyrdhyd, el Sr. Tucker se detuvo para dejar a uno de sus pasajeros. Un BMW que venía detrás de su vehículo también se detuvo. En el BMW venían Phil Davies, 24, jugador del año para el equipo Swansea en 1976, Brian Jenkins, 20, arquero del equipo de Carmarthen y Benny Lewis, 62, seleccionador RFC del condado de Carmarthen.
Howard Perry, 28, quien iba en el primer coche con el Sr. Tucker, cambió de vehículos en este momento y se montó en el BMW, puesto que este se dirigía al Carmarthen Athletic Club donde Perry había dejado su propio auto. El BMW se alejó, seguido pocos minutos después por el Sr. Tucker en el segundo coche.

A eso de las 8:00 p.m. esa noche, un camión cisterna conducido por Roger Goodreid, vecino de Neath, salió de Carmarthen con dirección a Swansea. A las 8:05 p.m., llegó al fondo de Nantycaws Hill. Luego, según el rotativo Western Mail, el camión aparentemente se plegó y volcó sobre la carretera de tres carriles. El BMW con los jugadores de rugby impactó contra el camión, literalmente desgarrándose en dos partes, quedando demolido hasta las ruedas.

Se trataba de un cuadro horrendo y el Sr. Tucker tuvo que enfrentarlo pocos minutos más tarde. Los escombros estaban esparcidos sobre un espacio de 300 yardas y el camino estuvo bloqueado por 7 horas mientras que tropas, bomberos y socorristas trabajaban con reflectores y grúas para despejar los escombros. Los cuatro aficionados al rugby el chofer del tanque cisterna habían muerto en el acto.

Este incidente fue tratado como un accidente de tránsito normal en todas las etapas de este desastre, porque a esto llegaba su información. El BMW se desplazaba, obviamente, a gran velocidad. Los fans del rugby casi seguramente habían ingerido bebidas alcohólicas, como suele suceder en las fiestas de rugby. ¿Acaso no representaba esto una terrible ilustración de la advertencia: “si vas a beber, no conduzcas”?

¿Pero como explica uno el misterioso plegado del camión cisterna durante una noche seca en una carretera amplia? La investigación, cuyos resultados se anunciaron el 13 de enero de 1978, indicó la existencia de un “vado” en el punto del impacto. El veredicto: “muerte accidental”.

Cuando la noticia de la tragedia se difundió sobre la radio, me sentí estremecido al reconocer el nombre “Nantycaws Hill” que recientemente había apuntado en mi libreta de campo. Lo había tomado de una grabación hecha por Randall Jones-Pugh a partir del testimonio de otro camionero que había tenido un encuentro con humanoides por la noche en ese mismo lugar.

El testigo fue Francis Lloyd, 24, de Hawthorne Road, Haverford West. El Sr. Lloyd es un camionero de largas distancias y el 27de agosto de 1977 partiendo Haverford West con una carga de mercancía a ser entregada en el Continente. En la cabina le acompañaba John Dwyer de 16 años de edad, hijo de su jefe. A las 2:30 de la madrugada, el camión se hallaba a 2 millas de Carmarthen en la A48 con rumbo a Cross Hands. Al reducir la marcha en el cerro Nantycaws, el chofer y su ayudante se encontraron a los humanoides.

Francis Lloyd nos dijo: “Llegué al vado al fondo de Nantycaws [Aviso: se hizo mención de este vado durante las vistas] y comencé a subir. Luego, los faros del camión alumbraron a estas dos…cosas. Las vi y pensé: “No puede ser – debe ser mi vista,” y no dije anda. John, a mi lado, dijo “¿Qué rayos es eso?” Sencillamente repuse: “¡No pienso detenerme para averiguarlo!”

El camión llevaba ocho faros delanteros, iluminando la carretera como si fuese de día. En la cuneta cubierta de hierba había dos enormes figuras de por lo menos siete pies de alto y del ancho correspondiente. Tenían un color rojo-anaranjado como si llevaran puestos trajes enterizos de celuloide. Sus enormes cabezas eran alargadas hacia arriba como si tuviesen grandes yelmos; las cabezas parecían tener un pie de ancho y dieciocho pulgadas de alto – casi como los guardias del palacio con sus sombreros de piel de oso. La luz proyectada se reflejaba en ambas figuras.

Los dos seres monstruosos estaban parados lado a lado, ligeramente inclinados hacia el otro. Francis Lloyd tuvo la sensación de que portaban algún instrumento entre ellos, pero no pudo verlo con claridad. La conversación tomada de la grabación es la siguiente:

“¿Tenían brazos, manos?”
“Sí. Tenían brazos. Y una especie de solapa sobre los hombros.”
“¿Tenían los brazos alzados cuando los vieron?”
“Sí. Era como si tuviesen radios o algo parecido, y sostenían un objeto. Parecían estar sosteniendo algo. También tenían antenas que salían de sus cuerpos.”
“¿Qué tan largas eran estas antenas?”
“Como hasta el tope de sus cabezas. Resplandecían en la luz de los faros. Tenían un color plateado cromado.”

Las presuntas antenas salían del pecho y llegaban hasta el tope de sus cabezas. El chico, John Dwyer, afirmó posteriormente que también pudo divisar una antena más pequeña que salía del costado de una de las cabezas de estos seres.

Frank Lloyd comentó: “Sencillamente estaban parados ahí. Nunca vi nada tan raro ni sentí una sensación tan rara.” En ningún momento los testigos detectaron señas de una nave posada sobre la tierra.

Pugh les preguntó: “¿Pero en qué forma estaban parados?”

“Estaban ligeramente torcidos hacia el otro, como estamos nosotros ahora. No era un truco de las luces, porque los ocho faros estaban encendidos.”
“¿Se fijaron en sus piernas?”
“No. Y eso es lo extraño. John tampoco lo hizo.”
“¿Pudieron ver las facciones?”
“No. Y eso también resulta extraño. El rostro estaba ahí, pero era como si pudiésemos ver a través de él. Parecía no haber nada. No era posible distinguirlos. Nunca he visto nada como esto. Siempre pensé que los OVNIS eran un fraude, pero esto me hizo cambiar de parecer. No eran humanos – estoy bastante seguro de ello.”

El hombre y el chico presenciaron este espectáculo por 5-6 segundos mientras que el camión pesado avanzaba con las monstruosas figuras al lado, dejándolas atrás en la oscuridad. Lloyd nos dijo que sintió una sensación de escalofrío muy rara al pasar por los seres. “No diré que era temor,” dijo, “Era una sensación rara.” No tuvo ningún deseo de detener la marcha del camión e investigar las figuras.

“¿Cómo reaccionó el muchacho?” preguntó Pugh.

“John sencillamente dijo: ¿Qué diantre fue eso? Nunca vi nada así antes. Es lo más raro que haya visto.”

El par se vio sumido en una reacción que les llevó al silencio total. Evitaron hablar sobre el asunto durante el resto del viaje. La carga fue entregada en el continente y volvieron a casa. John Dwyer regresó a Irlanda, donde vive.

“¿Lo mencionó de nuevo antes de irse? “ preguntó Pugh.

“Sí,” repuso Lloyd. “Me dijo: “No quiero hablar sobre eso y nunca quiero ver nada parecido en mi vida.”
Pat, la esposa de Francis Lloyd, que se encontraba presente en la entrevista, agregó lo siguiente: “Sea lo que haya sido, el chico no parecía ser capaz de sobreponerse a la experiencia”.

Tratamos de conseguir el testimonio del muchacho por correo pero fracasamos en el intento. Nos preguntamos si había caído en un estado de mutismo duradero como muchos otros testigos del fenómeno OVNI.

El encuentro siguió molestando a Francis Lloyd de tal forma que finalmente narró su historia a Harry Williams, un detective que conocía en Carmarthen. Así fue como Pugh llegó a enterarse del caso.

¿Qué sentido puede tener este episodio? Es un hecho que la descripción del cerro Nantycaws, y hasta el vado en el camino del lado de Carmarthern, fueron transcritas a mis apuntes del 28 noviembre 1977. También es un hecho que entre el 27 agosto y el 28 septiembre la policía había sido informada que algo extraordinario sucedería en ese sitio. El terrible accidente ocurrió el 23 noviembre.

¿Podemos explicar el accidente racionalmente partiendo de lo que sabemos ahora? Resulta posible, claro, argumentar que la tragedia fue la consecuencia lógica de beber y conducir a velocidad excesiva. Esta afirmación se puede rebatir con el hecho de que el BMW ya había recorrido más de 20 millas desde Ystradgynlais a lo largo del transitado camino “Heads of the Valley” sin incidente alguno. El accidente se produjo en una calzada recta, ancha y casi libre de tránsito al final del recorrido. Esto le concede un aire ilógico a la explicación de “sentido común”. ¿Por qué se volcó el camión cisterna? ¿Sería un intento por parte del chofer en evitar algo repentinamente? Francis Lloyd manifestó haber sentido una extraña sensación durante el avistamiento. Si los humanoides estaban visibles en el mismo sitio, ¿sería esto suficiente como para espantar al chofer del camión cisterna articulado, haciéndolo tratar de esquivarlos?

Como no sabemos qué son los humanoides, ni por qué se manifiestan, estas preguntas no tienen respuesta. Rechazamos, sin embargo, la posibilidad de la coincidencia y creemos que existió un vínculo entre las figuras y el posterior desastre.

Resulta posible argumentar la posibilidad de la precognición humanoide del accidente, aunque esto no explica el efecto de plegado del camión. Hice esto previamente en Flying Saucer Review (“¿Estuvo Dios en Aberfan? Vol.18, No.2). Este caso, sin embargo, es distinto en que parece haber sido la manifestación del mismo fenómeno la que resultó en el choque. No sabemos si el detective Harry Williams hizo una notificación formal del avistamiento de Lloyd, ni sabemos qué medidas pudo haber tomado la policía.

Se han producido otros incidentes relacionados a los OVNIS en esta zona inmediata, incluyendo un posible intento de secuestro en la aldea de Idole, a tres millas de distancia, y un objeto aéreo visto y dibujado por el artista John Petts desde la ventana de su estudio.

El affaire Nantycaws sugiere que los choferes siempre deben conducir a velocidades moderadas y tener cuidado – sobre todo si lo hacen de noche y solos. Aunque no sabemos si los humanoides son malignos, no cabe duda que su manifestación repentina produce un estrés considerable en las mentes de los testigos, y puede tener un desenlace trágico.