Sunday, October 14, 2018

OVNIS y la era nuclear



OVNIS y la era nuclear
Por Scott Corrales © 2018

A veces basta con recordar las literaturas de infancia sobre ovnis. Las llamativas páginas de la revista DUDA que nos introducían poco a poco al mundo del misterio - con dosis de sexualidad impresionantes, a veces - y los libros que podían conseguirse en cualquier quiosco a precios módicos. Traducciones de obras de Pawels y Bergier, Frank Edwards y el coronel Ruppelt. Materiales que nos introdujeron paulatinamente en lo desconocido con toda suerte de conjeturas, y a la vez que podíamos sentarnos a rumiar sobre la existencia del monstruo de Loch Ness o el enigma de las catedrales, siempre parecía haber una constante en esas obras: ¿qué son los platillos voladores, y qué quieren de nosotros?

Era posible leer y descartar conjeturas con facilidad - ¿eran marcianos que visitaban la tierra cada vez que la cercanía de su planeta al nuestro lo permitía? ¿Descendientes de una civilización que abandonó nuestro mundo en la antigüedad y que regresaba para darse una vuelta en el recuerdo? O tal vez era lo que proponía aquel capítulo de la serie La dimensión desconocida - habían venido a servir al hombre...con patatas.

Sobresalía una hipótesis en particular - los extraterrestres, alarmados por nuestras explosiones nucleares en Alamogordo, y posteriormente en Hiroshima y Nagasaki, nos trataban como una Corea del Norte sideral que causaba desvelos al alto mando de una supuesta federación de planetas guiada por los típicos seres superinteligentes de cabeza grande y ceño fruncido. Alimentándonos de una dieta rica en cómics y ciencia-ficción, hasta nos resultaba posible imaginar los diálogos del almirantazgo estelar ("Comodoro, no tendremos más remedio que desplegar los platillos de la quinta flota a dicho cuadrante".)

Jocosidades aparte, no cabe duda que la época contemporánea del fenómeno ovni coincide con los últimos años de la segunda guerra mundial, y que los aparatos demostraban un interés marcado en nuestras primitivas centrales atómicas, las bombas de fisión en las bahías de los B-52 y Tu-95, y hasta las zonas en las que almacenamos los desechos nucleares.

Platívolos y centrales atómicas

El 28 de junio de 1975 fue un día como cualquier otro en la ciudad canadiense de Halifax, uno de los puertos más importantes de América del Norte y el escenario de uno de los desastres portuarios más grandes de la historia, cuando un barco cargado de explosivos estalló en 1917. Pero nada de eso importaba a la familia que presenciaba, atónita, las maniobras de un extraño objeto cerca del puente Dartmouth-Halifax.

El puente de más de 2 kilómetros de largo une ambas ciudades, y utilizando las medidas conocidas, los testigos estimaron que el objeto tenía un diámetro de 20 a 30 pies, con forma de disco un tanto abombado en el centro. La circunferencia del disco estaba rodeada por luces rojas y blancas, plenamente visibles mientras que el objeto se mantenía inmóvil por unos diez minutos. Su fascinación con el objeto desconocido comenzó a adquirir matices más oscuros cuando el visitante del espacio se desplazó hacia la central nuclear de la ciudad, adquiriendo una brillantez inusitada antes de salir disparado hacia el firmamento. ¿Había robado energía a la central?

En marzo de 1998, Richard Dell’ Aquila y Dale Wedge, investigadores de la Mutual UFO Network (MUFON) investigaron reportes de actividad anómala en las inmediaciones la central nuclear Perry a las orillas del lago Erie. El 4 de marzo de aquel año, una mujer que prefirió mantener el anonimato conducía a lo largo de la carretera que pasa por la costa del Erie en camino a la ciudad de Eastlake, estado de Ohio. Repentinamente se dio cuenta de la presencia de un objeto "con forma de dirigible y con luces brillantes en cada extremo" que se basculaba lentamente sobre la central. Al llegar a su hogar, le pidió a su esposo que la acompañara de vuelta a una playa cercana para poder ver mejor el objeto, y así lo hicieron. Desde la playa les fue posible ver que el aparato seguía ahí, balanceándose, mientras que el hielo que aún subsistía aquella primavera sobre la superficie del agua comenzaba a agrietarse y emitir un ruido sobrecogedor. La pareja pudo determinar que el objeto "era más grande que un campo de fútbol americano" (cuarenta y ocho metros).



La nave desconocida parecía aguardar el regreso de sus "naves exploradoras" que fueron entrando una a una en la "nodriza", que había dejado de cernirse en el aire y había aterrizado sobre la superficie congelada del Erie. La pareja de testigos afirmó no haber presenciado el despegue de la enorme nave, que pudo haberse sumergido bajo las frías aguas, desapareciendo por completo.


Interés por las explosiones nucleares

En 1979 se produjo un incidente que aún no se ha desvelado del todo – la extraña explosión doble en aguas de las islas Kerguelen cerca de Sudáfrica. En décadas posteriores se afirmaría que el gobierno sudafricano estaba dando los primeros pasos hacia su propio programa atómico, o que había permitido a Israel detonar sendas armas en su ‘radio de influencia’. La mayoría de los datos aún permanece clasificada.

El 22 de septiembre de aquel año el mundo estaba distraído por la crisis en Irán. Un satélite VELA, a setenta mil millas sobre el planeta, diseñado para detectar explosiones atómicas, captó dos destellos de luz – el segundo ocurrió varios segundos después del primero. Técnicos y militares se alarmaron al pensar que de no ser la explosión de un artefacto militar, bien podía tratarse de algo en la alta atmósfera terrestre, más cerca del satélite que de las frías aguas del Océano Indico sur.

Pero un detalle interesante salió a relucir sobre el curioso evento de las Kerguelen – los militares tuvieron que admitir que en las décadas de existencia que llevaba el proyecto VELA (el primer satélite fue lanzado en 1963) los aparatos habían captado numerosos eventos no nucleares, hechos fácilmente descartados como actividad humana sobre el planeta. Otros, sin embargo, representaban un desafío a los expertos, y se les denominaba zoo animals (animales de zoológico), parte de la misma nomenclatura jocosa reservada por la NASA para cosas que no podía explicar – “Papa Noel”, “El gran vampiro galáctico,” etc.


Vistos desde la superficie planetaria por cualquier testigo, los “zoo animals” serían clasificados como ovnis. Pero tratándose de ojos electrónicos, los sabios hablaban de rayos láser y gamma, radiaciones cósmicas captadas por los sensibles receptores del satélite, y los habituales bombardeos de micro meteoritos.

El fenómeno ovni también ha demostrado tener un interés poco saludable en nuestros arsenales atómicos. Los escritores Lawrence Fawcett y Barry Greenwood, cuyo libro Clear Intent: The Government Cover-Up of the UFO Experience constituyó un hito de la investigación ovni, incluyeron un caso ocurrido en octubre de 1975 durante el cual un extraño aparato se cernió sobre la base aérea Loring mientras que los efectivos de la USAF podían hacer poco más que mirar. Pero el caso más asombroso de este tipo lo es sin duda el que aparece en las páginas del clásico UFO Dynamics del psicólogo Dr. Berthold E. Schwarz y que fue protagonizado por un oficial jubilado de la USAF, se vio envuelto en las operaciones de salvaguardar un bombardero B-52 cargado de bombas de hidrógeno tras un aterrizaje de emergencia en Vietnam. Según el oficial, los guardias destacados en torno al enorme bombardero dijeron haber escuchado sonidos de "clics" provenientes del interior de avión como consecuencia de la aparición repentina de un ovni sobre el aparato. Posteriormente, el oficial descubrió que el armamento nuclear había sido neutralizado inexplicablemente tras la presencia del objeto desconocido. El Dr. Schwarz señala que el mismo militar le dio a entender que la explosión de una ojiva nuclear en la antigua URSS a fines de los años '60 había sido causada por un ovni.

Wednesday, October 03, 2018

Sobrenatural: Lo que ocultan los militares



Sobrenatural: Lo que ocultan los militares
Por Scott Corrales © 2018

Es de esperar que los hombres y mujeres que visten el uniforme de cualquier país de nuestro planeta sean capaces de guardar un secreto, sobre todo si se trata de algo que pueda impactar el bienestar de sus respectivas patrias. Hay juramentos sobre el secretismo que se extienden más allá de la vida militar activa del individuo, y en algunos casos hay juramentos que se extienden a los familiares que hayan podido tener conocimiento de algún asunto de trascendencia.

Hay asuntos y situaciones fáciles de comprender al respecto – cosas que se vieron en instalaciones militares, en las armadas de guerra y los escuadrones de interceptores. Menos fácil de entender son las órdenes estrictas de no divulgar datos sobre cosas que “no existen” según nos lo han inculcado nuestras sociedades.

En 1973, un joven recluta llamado Terry Lovelace ingresó a la fuerza aérea estadounidense (USAF) y recibió adiestramiento como técnico de emergencias médicas y acantonado en la base aérea Whiteman, que en aquel entonces formaba parte del mando estratégico aéreo o SAC, con docenas de bombarderos B-52 “Estratofortaleza” con un mortífero armamento nuclear. A pesar de las tensiones entre las superpotencias del momento, la vida en la base Whiteman era llevadera y Lovelace podía dedicarse a contemplar el cielo nocturno sentado en una silla plegadiza cerca de la ambulancia que le tocaba conducir.

El sosiego desparecería de su vida militar una madrugada en el invierno de 1975 cuando un militar sufrió una caída desde la boca de un silo de misiles intercontinentales. Personándose al lugar de los hechos en su vehículo y con un ayudante, Lovelace se encontró con una situación confusa y poco característica del buen proceder militar: había vehículos de seguridad por todas partes, soldados con carabinas M-16 que miraban a la oscuridad de los cielos de Missouri, buscando algo. Un oficial le indicó que estacionara su ambulancia y que se mantuviese alerta.

Fue en aquel momento que el sanitario se dio cuenta de la existencia de un objeto sumamente raro sobre el tubo del proyectil intercontinental – un aparato con forma de diamante, negro mate, que se cernía a unos veinte pies en el aire, y del tamaño de una furgoneta de carga. Lovelace y los demás contemplaron la extraña figura por un cuarto de hora antes de que desapareciese a una velocidad prodigiosa, perdiéndose de vista.

Los altos mandos de la base informaron a los que presenciaron el objeto insólito que acababan de ver “un helicóptero experimental secreto” – explicación que los soldados no estaban dispuestos a tragarse. Asimismo, se les indicó que no debían hablar sobre el asunto y que cualquier boceto que pudiesen haber dibujado debía ser entregado a sus superiores.

Pasaron los años y Lovelace siguió su carrera en la base Whiteman, decidiendo tomar algunos días de asueto en el parque estatal Devil’s Den (“guarida del diablo” ) en el vecino estado de Arkansas, conocido como la patria chica del ex-presidente Bill Clinton.

La primera noche de acampada en el parque, el protagonista y un amigo vieron un trio de estrellas en el horizonte que formaban un triángulo perfecto que se movía al unísono, cruzando las estrellas del firmamento a eso de las 21:00 horas. Luego de pasar sobre ellos, notaron que el silencio se hacía absoluto sobre la oscuridad del parque. El silencio trajo consigo un aspecto aún más alarmante – ambos hombres se sintieron invadidos por una modorra desacostumbrada que les hizo quedarse dormidos hasta las tres de la madrugada.

Lovelace se despertó repentinamente a esa hora, deslumbrado por las luces de colores múltiples que invadían la oscuridad de su tienda de campaña. El bosque entero se veía iluminado como si de un estadio de futbol se tratase.

Un objeto volador no identificado del tamaño de un edificio de cinco plantas, de forma triangular, estaba suspendido en el aire. Si hemos de creer a Lovelace, las dimensiones del objeto hacían de él uno de los ovnis más grandes que se hayan visto: cada lado del triángulo tenía el largo de una cuadra de ciudad y su grosor era de quince metros, emitiendo un zumbido sordo como el de una gran máquina industrial.

Como si de una película de Spielberg se tratase, Lovelace y su compañero vieron lo que parecía ser niños caminando en el extenso prado debajo del objeto desconocido. Las figurillas se internaban en una columna de luz blanca, desapareciendo una por una.

El terror se apoderó de los militares, que abandonaron sus pertenencias y regresaron a toda velocidad a la base aérea, sufriendo de quemaduras graves y deshidratación. Durante su convalecencia, fueron entrevistados por dos agentes del negociado de investigaciones especiales de la USAF, quienes les exigieron la entrega de cualquier registro fotográfico que hubieran podido haber tomado del evento. Cuando Lovelace afirmó no haber tomado foto alguna, esto dio lugar a una segunda entrevista con los elementos de seguridad.

El desenlace fue funesto para el amigo de Lovelace – fue dado de baja de la fuerza aérea y comenzó a beber, muriendo indigente pocos años después.

Lovelace, por su parte, fue víctima de pesadillas constantes sobre la extraña noche en el parque nacional. Los apuntes que hizo sobre estas experiencias oníricas formaron parte de su libro Incident at Devil’s Den. “Desde 1977,” escribe el ex militar, “me incomoda estar a la intemperie en la oscuridad. Duermo con la luz o el televisor encendido. Tengo una pistola .380 cargada sobre mi mesa de noche y una linterna de alta potencia. Me incomoda estar en la presencia de viejas de origen asiático, y me da angustia ver maniquíes desnudos en los escaparates de las tiendas del centro comercial”.

De vuelta a la década de los ‘50

Un avión desapareció súbitamente sobre Dakota del Sur en la primavera de 1957. No cayó del cielo víctima de un desperfecto mecánico, la falta de pericia de sus tripulantes, ni un fenómeno atmosférico inesperado – un objeto volador no identificado había segado las vidas de los que iban a bordo.

El espectáculo fue presenciado por Wallace Fowler, un aviador de veintidós años de edad cuyo servicio con la USAF estaba a punto de concluir, pero cuya mente llevaría grabada para siempre el encuentro con lo desconocido.

Entre las 18:30 y 19:00 horas, el joven aviador estaba sentado afuera de su barracón cuando notó algo extraño en el cielo – un objeto plateado con forma de platillo. La parte superior del aparato estaba rematada por un domo con claraboyas a través de las cuales era posible ver sombras en movimiento. El objeto tenía el tamaño aproximado de una casa. Lejos de sentir miedo, Fowler se sintió invadido por una sensación beligerante, mirando al intruso y pensando, “si quieren bajar a por mí, aquí me tienen, cabrones.”

La actitud desafiante del soldado parece haber sido captada por las inteligencias al mando del extraño ingenio, que repentinamente se elevó y desapareció a gran velocidad sin dejar rastro de humo ni ninguna señal de haber estado ahí.

Fowler dirigió sus pasos hacia la torre de control de la base Ellsworth, viendo como los pilotos corrían hacia sus interceptores. Internándose en los hangares, escuchó como sonaban todos los teléfonos a la misma vez e imperaba la confusión. Su intención era dar parte sobre su encuentro cercano con el objeto desconocido, pero en aquel momento nadie estaba dispuesto a prestarle la más mínima atención. Fowler se hizo a un lado, contemplando la frenética actividad del momento.



Escuchó como uno de los controladores de la torre informaba a los pilotos que habían despegado en su misión de “scramble”: “Aquello parece estar jugando con nosotros. Espera a que nos acerquemos y luego sale disparado, dejándonos atrás.” Las autoridades militares también le pedían a uno de los aviones que se acercase lo más posible al objeto para ver si era posible adivinar de qué estaba hecho.

Uno de los pilotos contestó que parecía tratarse de un objeto metálico, y repentinamente se escuchó el desgarrador sonido de un choque por el sistema de comunicaciones. Los controladores presentes intentaron comunicarse con el piloto infructuosamente. En aquel momento, un oficial se apercibió de la presencia de Fowler y le instó a abandonar la torre. El joven aviador regresó a su barracón, donde sus amigos le informaron que el objeto había sido visto sobre la vecina Rapid City.

Una de las tareas de Fowler consistía en aparejar paracaídas, y durante la realización de sus labores, llegó a escuchar a los pilotos hablando de cómo un interceptor había desparecido sin dejar rastro. Las fuerzas de rescate no habían encontrado escombros del supuesto choque.

Wallace Fowler se pondría en contacto con los investigadores Irena Scott y William Jones cuarenta años más tarde, casi en su lecho de muerte y plenamente consciente de que el incidente podría ser materia reservada. El motivo de su revelación era dar con los familiares que perdieron un ser querido aquella noche en 1957 en la base Ellsworth, y a quienes seguramente se les mintió sobre el suceso.

Misterios del desierto


A no ser por la férrea disciplina militar a la que estaban acostumbrados, los centinelas de base aérea Edwards seguramente hubieran abandonado sus puestos al ver los inquietantes ojos luminosos que se movían silenciosamente en la oscuridad del desierto del Mojave.

Los agentes de la oficina de investigaciones especiales, mejor conocida por sus siglas OSI, habían tomado cartas en el asunto cuando en el mes de mayo de 1974 uno de los centinelas que patrullaba la zona restringida conocida como “proyecto Logic”. El soldado había solicitado refuerzos desesperadamente por la radio a la misma vez que disparaba ráfagas contra un intruso desconocido. Al llegar a la zona de la base que ocupaba el “proyecto Logic”, una patrulla había descubierto que el vehículo del centinela estaba volcado y que el soldado se hallaba en un estado de incoherencia y confusión tras de haber vaciado todas las balas de su subfusil. Aunque la USAF jamás incluyó un informe sobre el asunto, se dijo posteriormente que el centinela acabó hospitalizado y posteriormente fue transferido a una base en otro país.

Según las pesquisas de la fallecida investigadora B.Ann Slate, tres guardias distintos en la base Mojave tuvieron encuentros cercanos con seres simiescos de ojos azules fosforescentes que se acercaban a las instalaciones más restringidas de la base, tal como la estación MARS, que controlaba las comunicaciones con bases militares a la vuelta del mundo. Las enormes y malolientes siluetas se desplazaban con rapidez pasmosa en la oscuridad, dejando extrañas huellas en la dura arena del desierto. Llegó a decirse que la causa de todos estos incidentes eran burros silvestres que se acercaban a las instalaciones por pura casualidad, pero el personal destacado en el perimetro de la base no comulgaba con ruedas de molino, entre ellos el sargento Barton de la policía aérea, oriundo de Missouri, donde sus parientes habían tenido encuentros con la criatura denominada “Momo” y habían disparado contra ella.

En el invierno de 1974, Barton estaba patrullando las inmediaciones del Laboratorio de Propulsión a Cohete de la base militar cuando percibió luces extrañas en el desierto. El sargento se decidió a investigar, pero las luces desaparecieron justo cuando Barton llegó al lugar donde estaban. Para empeorar la situación, Barton descubrió que su Jeep se había hundido en las arena, obligándolo a regresar a pie hasta el cuartel. Al regresar con un remolque, pudo ver una serie de pisadas de catorce pulgadas de largo que rodeaban el vehículo atascado, como si “algo” lo hubiera estado investigando durante la ausencia del policía aéreo.



Tal vez más curiosa resultaba la renuencia de la jerarquía militar en atender los informes proporcionados por centinelas como Barton, según escribe B.Ann Slate. Aquellos civiles que frecuentaban el desierto y veían seres extraños u OVNIS en la oscuridad eran amenazados con ser arrestados y que jamás volverían a ver a sus familiares. El destacado investigador de críptidos Peter Guttilla recuerda que uno de sus contactos dentro de la base Edwards había recibido la abrupta orden de sus superiores de no volver a abordar el tema OVNI ni de los seres peludos. Durante una llamada telefónica con el hijo de su contacto, el muchacho informó al investigador que “ellos [los militares] sabían lo que estaba sucediendo, sabían lo que eran y de dónde provenían, y que se suponía que nosotros no estuviésemos hablando del tema”.

¿Qué eran estos extraños seres? ¿Entes paranormales o extraterrestres? ¿O tal vez el producto de algún laboratorio militar encargado de producir tales aberraciones, utilizándolas quizás para probar la integridad de sus propias defensas? ¿O como veremos más adelante, otro fallido intento en el estúpido propósito de crear un “supersoldado”?

Lo que sí sabemos es que en 1974, la psíquica Joyce Partise, durante el transcurso de un experimento, recibió un sobre que contenía la imagen de una huella de Sasquatch o pie grande. La sensación impartida por el retrato hizo que la californiana dijese lo siguiente: “Este hombre gorila...es de aspecto extraño pero es inteligente...es como si perteneciera a una civilización antigua que comenzó a mutar debido a la radiación”. Pasó entonces a describir un laboratorio genético y su contenido: “Estoy viendo un laboratorio con animalillos enjaulados, y a su alrededor muestras de piedras, minerales y tierra. Tienen a uno de estos hombres simios enjaulados y no le gusta [...]. Parece que intentan controlarlo, como un robot”.

Las manifestaciones de estos seres hirsutos en el desierto no se limitan a esa década: en los ’90, Andrew Montoya estaba pasando la noche con unos amigos en Santa Fe, Nuevo México cuando decidieron regresar a sus hogares a eso de las tres de la madrugada. 10 millas al norte de Santa Fe, Montoya afirma haber sentido una sensación “sumamente rara” mientras que conducía en la oscuridad del desierto. Repentinamente, miró a su derecha y pudo ver como un simio de color blanco y ojos anaranjados corría al lado de su vehículo, manteniendo el paso sin ningún problema. Montoya despertó a uno de sus pasajeros, que reaccionó con la esperada sorpresa al ver al mono galopante que corría al lado del vehículo. Repentinamente, el extraño ser se cansó de seguirlos y se desvió hacia el desierto, perdiéndose de vista.

Según parece, son tan pocas las ganas de estas criaturas de permanecer bajo el control de sus creadores que se escapan con frecuencia, y resulta necesario ir a recuperarlos...

“Nuestra misión consistía en cazarlos”, dijo el hombre cuya voz filtrada ahora llegaba a millones de radioescuchas en la madrugada. “Nos asignaron la tarea viajar alrededor del mundo para recoger los que se habían escapado”.

Las declaraciones del hombre que decía llamarse “Major Zep” eran positivamente delirantes. El individuo de acento sureño y pausado afirmaba haber pertenecido a un comando denominado “freak squad” (literalmente la “brigada de monstruos”) cuya misión consistía en nada menos que recoger a los seres extraños que se habían escapado de ciertos laboratorios militares, facilitando el número de su unidad y el organismo gubernamental en cuestión al locutor George Noory del programa “Coast to Coast AM” el 18 de febrero de 2005.

La misión de este inverosímil grupo de soldados era sencilla: ir a recoger las criaturas extrañas que se habían escapado de los laboratorios o que habían sido puestas en libertad deliberadamente para comprobar sus reacciones. “Éramos cinco”, explicó el testigo, “y nuestras misiones tuvieron una tasa de éxito de veinticinco por ciento”. La mayoría de las criaturas consistían en conejos con cabezas adicionales que salían de sus espaldas – las tristes víctimas de la manipulación genética. Supuestamente, “Major Zep” y su comando habían sido despachados a América del Sur cuando comenzaron a darse los primeros casos del célebre Chupacabras para recapturar estas criaturas y devolverlas a sus creadores.

Fue precisamente esta criatura, afirmaba el militar, la que más problemas representó debido a su alto grado de inteligencia: alegadamente producto de la fusión de “prisioneros vietnamitas varones y hembras” con otras criaturas desconocidas. Los rusos, comentó Zep, no se quedaron atrás en la creación de sus propias quimeras: en este caso, fusiones de células humanas y de osos para la supuesta creación de un “supersoldado” – algo que recuerda poderosamente a la trama de la última temporada de la serie Expedientes X .



Friday, July 27, 2018

Casos Olvidados: Misterios del Ártico



Casos Olvidados: Misterios del Ártico
Por Scott Corrales para Arcana Mundi

La exploración de las regiones polares de nuestro planeta fue la obsesión del siglo XIX - científicos y militares empeñados en plantar la bandera de su respectivo país en los polos, o adjudicar las frías y desoladas tierras islas de aquellos mares al cetro de sus imperiales majestades. Amundsen, Scott, Shackleton, Ross, Franklin...la lista es extensa y dolorosa.

Nuestro interés por estas inhóspitas extensiones persiste aún hoy gracias al interés del tema que nos ocupa por la presencia de "no identificados" en los hielos. Los fugaces objetos se han paseado sobre la Antártida y el casquete polar ártico, llenando las páginas de revistas y libros, así como los soportes magnéticos y digitales de programas de radio e internet. De vez en cuando nos cruzamos con testimonios de lejanos tiempos que avivan nuestra curiosidad por el asunto, tal como este extracto de un libro por Elijah Kane, publicado a mediados de la década de 1850 en la ciudad de Nueva York con el título The U.S. Grinnell Expedition in Search of Sir John Franklin (La expedición estadounidense Grinnell en la búsqueda de Sir John Franklin), tema que hemos abordado anteriormente en Arcana Mundi pero que puede resumirse de manera escueta: el explorador Franklin, veterano de varias campañas en el ártico, desapareció con sus dos naves - HMS Terror y HMS Erebus - en 1848.

El almirantazgo británico no perdió tiempo en lanzar una serie de expediciones de socorro para dar con los desventurados exploradores, esfuerzo al cual se integraron canadienses y estadounidenses. La expedición estadounidense fue financiada por el magnate Henry Grinnell, responsable de la compra de dos embarcaciones - Advance y Rescue - y comandada por el teniente Edwin De Haven, respondiendo a la petición realizada por Lady Franklin al presidente Zachary Taylor. Elisha Kane, autor del libro, se desempeñó como cirujano de a bordo en una de las dos naves del proyecto, cuya misión era la llegar al Canal de Wellington y el Cabo Walker.



El 15 de septiembre de 1850, cinco meses tras de haber zarpado de Nueva York, se produjo algo insólito que llamó la atención del cirujano:

"Esta tarde a las 6:20 horas, una gran masa esférica fue vista flotando en el aire a una distancia desconocida hacia el norte. Onduló por algún tiempo sobre el horizonte helado del Canal de Wellington, y tras algunos momentos, otro objeto más pequeño que el primero resultó visible a poca distancia. Retrocedieron con el viento que soplaba desde el sur y el este, pero no desparecieron por buen rato. El capitán De Haven pensó a primeras que se trataba de un volantín, pero a pesar de lo difícil que resultaba imaginar un volantín volando sin dueño, en un sitio en el que no podía haber dueño, su movimiento me convenció de que se trataba de un globo. El HMS Resolute había lanzado un globo de correo el 2 de septiembre, pero era imposible que dicho artefacto hubiese sobrevivido las tormentas de la semana pasada. Me hizo suponer que debió haber sido lanzado por algún buque inglés al oeste. El incidente nos produjo mucho interés al momento, y no he visto nada en las bitácoras de los exploradores ingleses que lo explique".

Se produciría otro caso curioso cien años más tarde – en mayo de 1950, para ser exactos – sobre las desoladas regiones árticas de Alaska, evento documentado en las crónicas de la fuerza aérea (USAF). Los oficiales y personal enlistado del 625mo Escuadrón de Control y Alerta fueron testigos de “un objeto volador inusual” a las 23:30 horas del quinto día del quinto mes, proporcionado los nombres de los testigos: el capitán O’Sullivan, el teniente Reisinger, los sargentos Peterson y Dexter y el cabo Lipson, quienes coincidieron en describir el fenómeno como un objeto de color anaranjado rojizo de intensidad constante, visible en el aire durante cinco minutos antes de desplazarse a mayor velocidad a 220 grados de Elmendorf en un derrotero de 040 grados, finalmente despareciendo sobre el horizonte. Por algún motivo, el informe marca la siguiente información como SECRETO: “El cielo estaba totalmente nublado con la base de las nubes a siete mil pies. No había luna ni estrellas visibles. No se escuchó sonido alguno y no hubo acrobacias. Los testigos no ofrecieron explicación alguna sobre lo que habían visto”.

Los estudiosos de la guerra fría prefieren achacar estos avistamientos a la angustia creada por la guerra fría.

“Si tomamos un globo terráqueo de 1950 y nos concentramos en el polo norte, nos daremos cuenta rápidamente de que la línea más corta entre la Unión Soviética y Estados Unidos pasa sobre Canadá”, asevera el profesor Edward Jones-Imhotep. El temor del inminente bombardeo soviético, aunado al miedo a los extraterrestres, alimentó los informes sobre fenómenos extraños.

Aunque ya no existe una URSS que pueda atormentar el sueño de los buenos ciudadanos de las tierras del norte, el ártico sigue produciendo casos insólitos. El libro Hants Hill to Arctic Tundra (2013) de Ray Simm nos cuenta el estrellamiento de un objeto extraño el 27 de junio de 1997 en la orilla de la gran y misteriosa Bahía de Hudson. “Algunos dijeron que se trataba de un gran meteorito,” escribe Simm, “y otros dijeron que una nave extraterrestre había chocado”.

Dos cazadores inuit habían tenido la suerte de estar cinco millas al norte del impacto en Whapmagoostui (el nombre nativo de Great Whale River) y pudieron ver un bólido que atravesó las nubes antes de desaparecer en el horizonte. Acto seguido se produjo un gran destello de luz y una ensordecedora explosión que hizo temblar la tierra, tan intensa que los cazadores pensaron que su comunidad seguramente había sido volatilizada, temor que los desveló hasta que pudieron regresar al lugar el 30 de junio, descubriendo que el impacto había producido “una nueva bahía, tallada de la costa, midiendo trescientos cincuenta metros de largo y ciento cincuenta metros de ancho”. Como en el célebre caso Tunguska, los arboles estaban aplanados en lo que quedaba de la costa antigua mientras que maderos y escombros flotaban en la ensenada recién formada.


El autor señala que elementos de la NASA hicieron acto de presencia para realizar pruebas y enviar buzos a las profundidades de la nueva ensenada. Las autoridades trataron de desmentir el evento como un desprendimiento de terreno o sumidero, a pesar de que la geología local no era apta para semejantes explicaciones.

Miembros de las tribus cree e inuit “llegaron a ver un submarino en la superficie de la Bahía de Hudson a poca distancia del lugar de los hechos. Llegaron a ver hombres en trajes blancos y anaranjados que usaban lo que parecía ser medidores Geiger y otros aparatos científicos”. Ninguno de los vecinos de Great Whale se atrevieron a acercarse a estos personajes, aclara Simm.

Monday, July 23, 2018

Casos Olvidados: Crónica Policiaca




Casos Olvidados: Crónica Policiaca
Por Scott Corrales para Arcana Mundi


En 1980, un agente de la policía de West Yorkshire (Reino Unido), perdió su empleo a consecuencia de haber tenido un encuentro cercano del tercer tiempo. Alan Godfrey afirmó que los altos mandos de la uniformada le instaron a mantener silencio sobre el asunto y hasta amenazaron con recluirlo en un manicomio si insistía. El incidente se produjo en Todmorden el 28 de noviembre de aquel año cuando el agente Godfrey estaba enfrascado en la búsqueda de cabezas de ganado extraviadas en las afueras de aquella comunidad. Presenció un objeto de grandes dimensiones en la oscuridad, pero no le hizo mucho caso, pensando que se trataba del autobús que transitaba por aquellas partes a las 0500 horas.

Al aproximarse al objeto pudo ver - para su sorpresa - que se trataba de un objeto de forma ovalada que 'giraba a tal velocidad, y se cernía tan bajo sobre la carretera, que causaba que los arbustos cercanos se sacudiesen'.

Godfrey hizo lo posible por hacer un croquis del objeto, pero una luz cegadora le hizo perder la concentración. Acto seguido, encontró que seguía al volante de su vehículo pero en otro segmento del camino, sin ningún OVNI en la carretera. Regresando al cuartel, el policía descubrió que había perdido quince minutos de su vida.

Dándose cuenta de que lo prudente era mantener silencio sobre el incidente y los efectos secundarios, Godfrey descubrió que otros habían presenciado el fenómeno, entre ellos policías de comunidades cercanas. Su decisión de someterse a la hipnosis para recobrar el "tiempo perdido" representaría un martirio.

Es muy posible que los agentes del orden público vean muchos más objetos anómalos de lo que podamos pensar, pero el temor a las represalias se sobrepone a cualquier deseo de comunicar sus experiencias con el resto del mundo.

Una pléyade de casos

Los agentes de patrulla Thomas Brown y Gary Steinberg se encontraban en su vehículo a las 21:00 horas el 6 noviembre de 1973 - el célebre 'año de los humanoides' cuando notaron una luz extraña en el cielo cerca de la antena de radio que remataba la cima de un edificio cercano. Brown pensó a primeras que podía tratarse de un helicóptero de la policía del condado de Nassau, Long Island, pero la luz carecía de las señas de navegación reglamentarias de color rojo y verde. No era más que una bola de luz sólida. Tras de contemplar el fenómeno durante un cuarto de hora, se decidieron a seguirlo. El objeto se perdió entre los edificios altos de la región, reapareciendo nuevamente a pocas cuadras de distancia. Al llegar a una zona pantanosa, la extraña luz se colocó a media milla de distancia de la patrulla a una altura que estimaron en 750 pies.

Llegado este momento, los agentes se percataron de la presencia de un segundo objeto no identificado que aparecía a la derecha de su vehículo, posiblemente saliendo del pantano o las aguas cercanas. Los policías contemplaron la manera en que el objeto recién llegado se acoplaba al primero.

Ambos objetos desaparecieron hacia el suroeste en cuestión de segundos. Poco después, un avión de pasajeros cruzó el cielo, y el agente Steinberg consideró que el artefacto desconocido se desplazaba veinte veces más rápido que el avión.

El 20 de marzo de 1978, la policía de la ciudad de Salamanca, Nueva York, recibió decenas de llamadas entre las 23:00 y las 01:00 horas sobre un extraño objeto volador del tamaño de dos campos de fútbol americano, rectangular y repleto de luces rojas, blancas y verdes que se desplazó en silencio total sobre la reservación y de ahí hacia Ellicottville, donde los radaristas del aeropuerto local dijeron no haber visto nada en sus pantallas. Los periódicos regionales achacaron el incidente a la premiere de Close Encounters of the Third Kind pocos meses antes--a pesar de que un policía local había logrado tomar fotografías del fenómeno nocturno...

Entre 1973 y 1976, la región del estado de Maryland entre las concentraciones urbanas de Baltimore y Washington D.C. experimentó una racha de avistamientos de “grandes monstruos peludos” que a pesar de su hirsutez y tamaño no tenían nada que ver con el célebre Bigfoot o Pie Grande de la costa del Pacífico. Estas violentas criaturas merodeaban el entorno suburbanita de White Marsh (donde ahora existe un importante centro comercial), atemorizando a los vecinos y desafiando a los agentes del orden público que no sólo las vieron, sino que dedicaron gran parte de su tiempo libre a perseguirlas. Para estos policías municipales y estatales, las criaturas de ojos verdes fosforescentes y gritos ensordecedores no eran fruto de ningún azar evolutivo, sino de la mano del hombre. En un incidente ya legendario, uno de estos seres se dedicó a lanzar grandes barriles llenos de productos líquidos contra los policías que se habían personado al patio de un almacén en el que merodeaba el intruso.

El sargento George Brooks del cuartel del condado de Essex recordó un caso de 1976 en el que una vecina de Harewood Park se comunicó con las autoridades después de haber visto un ente simiesco de 2 metros de estatura corriendo por el patio de su casa. El sargento Brooks quedó atónito al llegar al lugar de los hechos para descubrir que el perro pastor alemán de la señora – un animal de noventa libras de peso – había sido desgarrado a la mitad por “algo” de fuerza descomunal. El policía afirmó haber encontrado huellas de pisadas y haber escuchado un grito ensordecedor que provenía desde la arboleda cercana. “Cuando llegamos al lugar encontramos las huellas y hallamos fibras de pelo cuando aquella cosa atravesó una alambrada de púas. Escuchamos sus gritos, pudimos oler su hedor a azufre, vimos sus huellas, pero nunca pudimos verla. Pensamos que pudo haber nadado desde el Arsenal Edgewood (el antiguo nombre del polígono de Aberdeen) y que pudo haberse tratado de alguna especie de mutación genética. Los militares estaban muy interesados en el caso, pero jamás nos llevamos bien con ellos, si entiende lo que le quiero decir”. (Entrevista con Mark Opsasnick, revista Strange No.3, p. 65).

Un año después de la erupción volcánica de Mount St. Helens, la policía de la comunidad de St. Helens comenzó a recibir llamadas del público sobre la presencia de "poderosas luces anaranjadas" sobre el rio Columbia entre Vancouver y su población. El sargento Russ Yokum afirmó haber visto una de las luces en cuestión el 31 de marzo de 1981 - avistamiento corroborado por el agente Ron McCartney de la policía estatal de Oregón en Columbia City. Este último describió el objeto como "con forma de domo" agregando que "tal parecía que la luna salía por detrás de una colina. Un total de quince testigos apoyaría esta versión, incluyendo repartidores de periódicos que se encargaban de dicha labor a esas horas.

Donald Atkin, un operador de radio aficionado, aseveró que una de estas luces estaba cerca de su hogar en Ridgefield, Washinton (a pocos kilómetros de St. Helens) y que emitía un sonido mecánico, parecido al sonar de una embarcación.

Los policías Atkins y McCartney confirmaron la ausencia total de vuelos comerciales sobre la región en aquel momento.

Wednesday, July 18, 2018

Casos Olvidados: Enigmas de la Aviación



Casos Olvidados: Enigmas de la Aviación
Por Scott Corrales © 2018 para Arcana Mundi

“TWA 51 7, ¿desea informar sobre un OVNI? Cambio.
Negativo. No queremos informar.
Air East 31, ¿desea informar sobre un OVNI? Cambio
Negativo. Tampoco queremos informar sobre uno.
Air East 31, ¿desea presentar un informe de cualquier tipo? Cambio.
Negativo. No sabría qué clase de informe debería presentar.
Yo tampoco, Air East 31.
Haré lo posible por seguir el tráfico hasta su destino, Cambio”.


Cuarenta años después de que el público llegó a contemplar por primera vez aquella maravilla del cine llamada Encuentros cercanos del tercer tipo (o Encuentros en tercera fase), creación de Steven Spielberg, aún nos eriza la piel un poco escuchar aquel intercambio al comienzo de la película entre los aviones de pasajeros que presenciaban la misma manifestación OVNI, y la renuencia de sus pilotos a presentar un informe sobre el avistamiento ante la FAA (la autoridad federal de aviación de EEUU) sabiendo muy bien que hacerlo podría representar el fin de sus carreras como aviadores.

En octubre de 1961, la FAA (Agencia Federal de Aviación de los EEUU) confirmó el avistamiento de un gran objeto redondo por parte de los pilotos de dos aviones de pasajeros Boeing 707 el 21 de septiembre de aquel año – evento que se produjo sobre el océano Pacífico.

Los informes, según dicho negociado, fueron recibidos por las torres de control de las islas de Wake y Hawai procedentes del capitán Griffin de la aerolínea BOAC, así como de un piloto de la American Airlines cuyo nombre permaneció en el anonimato. El comunicado de Griffin indicaba que su vuelo se desarrollaba con la normalidad acostumbrada a una altura de 37,000 pies, despuntando el alba, cuando “un anillo de gran brillantez apareció en el cielo, unos cincuenta grados hacia arriba.” El objeto fue descrito adicionalmente como redondo, de contorno muy bien definido, y con un agujero en el centro. De acuerdo con el capitán británico, el objeto desconocido se desplazaba hacia el avión pero a una velocidad mucho más elevada, reflejando la luz a su paso, y desapareciendo por completo en poco más de cinco minutos.

Es muy posible que dicho avistamiento acabara descartado como una anomalía más, de no ser por la transmisión de la otra aerolínea que confirmaba la presencia del desconocido.

A miles de kilómetros de distancia de las aguas del Pacífico y dos semanas más tarde, otro profesional del aire afirmaría haber presenciado un objeto volador no identificado de dimensiones descomunales. El evento insólito ocurrió sobre el desierto de Utah, EEUU, el 2 de octubre de 1961.

El piloto Waldo Harris se disponía a despegar del Utah Central Airport en Salt Lake City cuando se fijó en el objeto. Una vez en el aire, decidió aproximarse al intruso a una altura de siete mil pies, pero manteniendo una distancia de tres millas (4.8 km). Harris afirmaría más tarde que el objeto era un disco de grandes dimensiones, con la clásica descripción de “plato sopero” de color gris, cincuenta pies de eslora y grosor de cuatro pies (1.2 m) pero sin claraboyas ni compuertas. El disco no emitía estelas de ninguna clase.

El objeto se desplazó repentinamente hacia arriba “como un ascensor”. El piloto emprendió la persecución, advirtiendo a la torre de control de Salt Lake City que se disponía a dar caza a un “platillo volador”, detalles que fueron comunicados a los aeropuertos aledaños. El piloto Harris hizo la curiosa observación de que el intruso parecía haberse detenido sobre la estación de radio Utah Lake, “como si estuviese investigando el transmisor direccional de la red Omni”. Tal vez cansado de la persecución, el platívolo sencillamente salió disparado en vertical, desapareciendo en cuestión de segundos.

Tanto el objeto como su persecución por Harris habían sido observados desde la torre de control del aeropuerto Utah Central por un total de siete personas. A través de los prismáticos, confirmaron que el objeto era de aspecto metálico, como el aluminio mate, y que reflejaba la luz del sol al maniobrar. El objeto oscilaba ligeramente al cernirse. La investigación militar del caso fue llevada a cabo por elementos de la base aérea Hill, quienes dictaminaron que se trataba “del mejor informe recibido de esta región.

Un año más tarde, también durante el mes de octubre, la tripulación de un barco de pasajeros con destino a Ceuta desde las islas Bahamas comunicó un avistamiento a la marina de guerra estadounidense.

El 3 de octubre de 1963, el S.S. Smith Tourist, bajo el mando del capitán Nilsen, presenció “lo que parecía ser un cohete o nave espacial en los cielos”. Según el informe preparado por el segundo oficial Connors, el objeto desconocido se desplazó sobre el mar dejando una estela tan brillante como la luz del sol y del mismo color. El informe aparecería posteriormente en el Aviso a Marineros de la Oficina de Hidrografía del U.S Navy, agregando que ningún lanzamiento estadounidense o soviético correspondía al avistamiento.

Tan solo meses antes otro objeto extraño había causado el malfuncionamiento de un proyectil Minuteman lanzado desde el cabo Cañaveral, haciendo necesaria su destrucción.

Un objeto redondo, con el aspecto de una gran luz blanca, había parecido repentinamente sobre la costa de la Florida la noche del 18 de marzo. Según testigos, el objeto incrementó su brillantez, y desapareció, dejando una estela que terminaba justo en el punto de su desaparición. Dicho fenómeno se produjo en el mismo momento que el Minuteman se desviaba de su trayectoria y estallaba sobre el Atlántico.

Un informe de la desaparecida organización NICAP apuntaba lo siguiente: “Esta no es la primera vez que el lanzamiento de un cohete ha coincidido con la aparición de un OVNI. En otro caso, un objeto desconocido aparición repentinamente sobre un polígono de pruebas de la USAF. Sus dimensiones eran superiores a las del cohete, así que el radar automáticamente captó una señal tan fuerte, rastreándolo por diez minutos mientras que se desplazaba y cernía sobre el campo de pruebas.”

No todos los misterios del aire estaban limitados a los cielos de América del Norte.

El 29 de diciembre de 1966, el vuelo 421 de la Canadian Pacific Airlines salía de Lima con rumbo a la Ciudad del México. El McDonnell/Douglas DC-8 estaba bajo el mando del capitán Robert Millbank con una tripulación total de seis y se desplazaba hacia el hemisferio norte a lo largo de la costa peruana cuando dos luces blancas y parpadeantes aparecieron juntas sobre el horizonte y a la izquierda del morro del avión. Las luces se dirigieron hacia el avión, separándose y emitiendo dos tenues haces de luz en forma de "v" hacia arriba.

A una altura de 35,000 pies, las luces acabaron por colocarse más allá del ala de babor del DC-8, permitiendo a los tripulantes verlos por todas las ventanillas posibles para evitar la posibilidad de que se tratase de algún reflejo. Uno de los aparatos desconocidos emitió un chorro de chispas como un fuego de artificio antes de desparecer de vista por completo. El avistamiento tuvo una duración total de siete minutos.

Con veintiséis años de experiencia a cuestas, el capitán Millbank declaró: "Creo que era algo más allá de lo normal".

Aunque resultaba difícil discernir la forma de los aparatos, parecían estar abultados en el medio, sugiriendo una forma de disco. Era posible ver una hilera de luces amarillas entre las luces de mayor dimensión de los objetos.

Monday, July 16, 2018

Casos Olvidados: Los Platillos de los Sesenta



Casos Olvidados: Los platillos de los sesenta
Por Scott Corrales © 2018 para Arcana Mundi

¿La fecha? Algún verano de la década de los ’60. ¿Los testigos? Pongamos que se llamaban Gary y Cindy, aprovechando las bondades del verano para dar una vuelta por su región suburbanita a bordo de un Rambler prestado – seguramente del hermano mayor de Gary – y acudir a un parque de diversiones. Con los cristales bajos, escuchando canciones del momento en la radio del coche, con selector de estaciones, los dos jóvenes divisan una extraña fuente de luz en el firmamento.

“Será algún avión de la base Gregg”, opina Cindy, mirando por el parabrisas. Algunos de los hermanos de sus amigas se habían alistado recientemente a la Fuerza Aérea, soñando con el paso que pudiese llevarlos a ser astronautas en plena fiebre sesentera.

“Mm. Bien puede ser. Pero, ¿crees que un piloto de la USAF volaría así? Mira cómo se tambalea aquella cosa.”

Es muy posible que el avistamiento no haya trascendido a mayores, y que como este ejemplo imaginativo hay cientos, tal vez miles, que pudieron haber ocupado las páginas de la prensa o engrosado los expedientes del Proyecto Libro Azul. El objeto no identificado pudo haber sobrevolado el veloz Rambler y proseguido su trayectoria hacia lo desconocido, o pudo haberse abalanzado sobre el vehículo, resultando en una persecución de carretera como muchas que conocemos de esta época. Hasta pudo haberlo inmovilizado, descendiendo sobre el asfalto, y los aterrorizados Gary y Cindy relatarían descripciones de tripulantes siniestros o recuerdos de un secuestro rescatado por la hipnosis.

OVNIS buscando agua

Entre las circunstancias que hicieron posible la famosa "década del amor" figura la gran sequía de cinco años de duración que afectó al noreste de EEUU desde la lejana Maine hasta Pennsylvania. Brillaba siempre un sol espléndido que acabó reflejándose en la moda y la música de los '60. Los meteorólogos consolaban a las ciudades sedientas de que se trataba de un fenómeno que ocurría raramente, con siglos mediando en el entre mientras. Pueblos que habían desaparecido bajo las aguas de las represas aparecieron de nuevo, y el alcalde de una ciudad en Pennsylvania pagó trescientos dólares de sus propia cuenta para contratar a un "hacedor de lluvia" (recordando tal vez al legendario Charles Hatfield de comienzos del siglo XX) sin efectos mesurables.

Los OVNIS también parecían andar sedientos.

En un caso canadiense ocurrido en el verano de 1960, un maestro de escuela de la población de Atikokan, provincia de Ontario, consiguió hablar con un "personaje" local cuya reputación había sido arruinada por un inoportuno encuentro con lo desconocido. El hombre, conocido por todos como el "viejo Hank", alegaba haberse ido de pasadía con su esposa a las orillas de lago Duckbill. Repentinamente un zumbido llenó el aire, lo que despertó la curiosidad de la pareja. Llegaron a ver--desde un punto elevado--un objeto circular de color verde que reposaba a la orilla del lago mientras que sus tripulantes, "cuatro criaturas diminutas en trajes verdes", se dedicaban a extraer agua. La mujer de Hank gritó y las criaturas se refugiaron en su artilugio, que despegó y desapareció en los cielos en cuestión de segundos.

¿Existe alguna propiedad extraña en los lagos de la provincia de Ontario que resultan atractivos para los ovninautas? El investigador John Robert Colombo hace mención de una carta recibida de un empleado en la mina Atikokan -- el mismo lugar que el anterior -- quien tras disfrutar de un buen día de pesca en la bahía de Sawbill, vio un objeto extraño a un cuarto de milla de distancia a lo largo de la costa rocosa. El objeto, descrito como "con forma de aro y girante", recibía servicio por parte de figuras de cuatro pies de estatura y cuyas cabezas iban cubiertas por gorros azules, con la excepción del que llevaba uno de color rojo y que parecía ser el jefe. Uno de los seres portaba una manguera de color verde brillante y parecía "estar absorbiendo el mismo volumen de agua que estaba descargando". Este evento se produjo el 2 de julio de 1950.
Si un vehículo supuestamente habilitado para cruzar distancias siderales se ve obligado a utilizar mangueras para lavar sus sistemas internos, o para reabastecerse del agua que requiere su motor de fusión, no debe sorprendernos leer un caso en que los ovninautas se valen de cubetas para realizar su labor.

Un caso adicional fue presenciado por Kathy y Gary Malcomb en el lago Champlain (estado de Nueva York): la pareja se apercibió de un objeto con forma de platillo y lo que parecía ser una enorme hélice saliendo de su estructura; el aparato aterrizó sobre el algo y cuatro criaturas con gorras verdes dejaron caer una manguera de plástico verde al agua, bombeándola hacia el interior de su nave (True Flying Saucers and UFO Quarterly, Winter 1978).

Durante las oleadas ovni de la década de los '50 se produjeron informes de grandes cantidades de agua que desaparecieron en los estados de Nebraska, Ohio y Dakota del sur. Pero uno de los mejores casos que presentan la atracción de los OVNI por el agua sucedió a mediados de los 1960 en la reserva Wanaque del estado de Nueva Jersey (EUA), y que fue además escenario de muchos encuentros con lo desconocido por policías y vecinos.

Los eventos comenzaron en octubre de 1966 cuando agentes de la policía de Pompton Lakes comenzaron a recibir llamadas telefónicas--y a tener experiencias propias--con luces brillantes que se desplazaban sobre el enorme embalse, un cuerpo de noventa mil millones de galones de agua situado en lugar bastante desolado. El sargento Ben Thompson fue testigo de un objeto que parecía un "domo con forma de pelota de fútbol americano" directamente sobre las aguas del embalse a las 21:15 horas del 11 de aquel mes. El aparato parecía ejercer una atracción curiosa sobre el contenido del embalse, haciendo que el agua fuese "llevada hacia arriba...chupada hacia arriba", según el mismo policía en una entrevista que le hiciera Lloyd Mallan. "El objeto volador levantaba una gran manta de agua a unos 250 pies. El objeto tiraba del agua y me era posible ver cómo se elevaba el líquido".

Aunque los objetos desconocidos que operaban en las cercanías de Wanaque en aquel momento pudieron haber sido fenómenos naturales, manifestaban una capacidad que sería de gran utilidad para una nave que requiere el uso de agua para propósitos insospechados. Otro incidente en el embalse estuvo relacionado con un haz de luz brillante y con forma de embudo, "tan potente como el faro de una locomotora", según lo dicho por el jefe de policía John Casazza. La luz parecía provenir de un objeto que no era visible a simple vista, tal vez debido a la calidad casi cegadora del haz de luz. Casazza estaba seguro que la luz no provenía de ningún artefacto conocido.

El macroavistamiento olvidado de 1964

El estado de Wisconsin, al extremo oeste de los Grandes Lagos, se conoce como una extensa región ganadera y la capital de la industria láctea, ofreciendo los famosos quesos Wisconsin y Colby. La importancia de esta región se extiende a la ovnilogía, a la que contribuyó algunos casos de importancia, como el de Joe Simonton y los "panqueques extraterrestres" del caso Eagle River (abril 1961). Poco sabían los investigadores que esta muestra de cocina ultraterrena marcaría el comienzo de un macroavistamiento (saucer flap, en inglés) dicho estado.

El 7 de enero de 1964 la oficina del sheriff de la población de Rhinelander dio parte a Alvin P. Dietz, director de la defensa civil estatal, de dos 'objetos brillantes' sobre la región. A su vez, la defensa civil comunicó el caso a su mando nacional en Battle Creek (Michigan) y a la USAF.

Dos vecinos - los señores Vince Roselli y William Kussman, habían visto objetos brillantes desde sus respectivos hogares: el primero a las 19:10 horas, advirtiendo que el objeto parecía haber aterrizado en las cercanías de Rhinelander. Kussman, por su parte, dijo que un "objeto brillante en el cielo que se movía hacia el oeste" había captado su atención entre las 18:50 y 19:15 horas.

El 11 de enero, la Sra. Bartz, vecina de Crandon, comunicó otro avistamiento al periódico Daily News. Mientras que ella y su esposo conducían hacia Crandon desde Monico a eso de las 21:00, notaron un objeto rojo que cruzaba los cielos. No le prestó mucha atención hasta enterarse luego de los otros avistamientos en la zona.

Estos casos de luces nocturnas (LITS, 'lights in the sky', como los tildaba despectivamente el fallecido Iván T. Sanderson) eran de poca monta cuando se les compara con el siguiente avistamiento que figura en los expedientes.

Una familia de nueve miembros que residía al norte de la comunidad de Morgan presenció la forma en que un objeto desconocido acabó chocando contra una montaña. Aunque el desmentido oficial no tardó en producirse (el veredicto de siempre, un meteorito), el Sr. Virgil Barnes y sus siete hijos quedaron estremecidos por la aparición de una luz roja que parecía una gran bola de fuego. El fenómeno interrumpió el quinceañero de su hija Gloria. Al día siguiente, el Sr. Barnes y un amigo volaron sobre la región en una avioneta de dos plazas para localizar la zona de impacto.

Por coincidencia, otro intruso de los aires había aparecido sobre la zona el 10 de enero. Tres adolescentes informaron a la policía que "un objeto que se movía en los cielos de manera singular" parecía haber aterrizado en una zona boscosa cercana. Los agentes del orden público se internaron en la zona con linternas de gran porte, pero no pudieron localizar ningún objeto.
Aunque resulta perfectamente factible desechar estos casos como bólidos o chatarra de aquellos primeros días de la exploración del espacio, hubo otros casos que aún despiertan sospechas.

El 26 de febrero de 1964, un objeto volador no identificado sobrevoló la región centro-sur de Oregón. Nicki y Steve VanDewalker del poblado de Ashland vieron un objeto "redondo, plano y resplandeciente" a eso de las 18:30, saliendo desde el Monte Ashland hasta perderse en el firmamento. Otros vecinos de Klamath Falls confirmaron el avistamiento, confirmando la hora. La base aérea de Kingsley Field afirmó que no había ningún tráfico aéreo en aquel momento, y el caso fue explicado forzosamente como "algún lanzamiento desde la instalación Vandenberg en California".

El mes de abril de 1964 será recordado como la fecha en que sucedió uno de los casos más controvertidos del quehacer ovnilógico – el encuentro cercano del policía Lonnie Zamora con dos “seres” que aparentemente tripulaban un aparato de forma ovoide, suceso ocurrido el 24 de ese mes.

Escasamente se menciona el otro caso sucedido ese fin de semana.

El periódico New Mexican del estado de Nuevo México, EEUU, informó lo siguiente en su edición del 27 de abril: Orlando Gallegos, vecino de Santa Fe, llegó con sus familiares a la casa de su padre, Frank Gallegos, justo al norte de la población de La Madera a eso de las doce y media de la madrugada. Orlando salió de la casa en cierto momento para azuzar a los caballos que estaban en la propiedad cuando notó que había algo posado sobre la tierra a unos doscientos pies (60 mts) de distancia. El objeto parecía emitir chorros de luz azulada de un anillo que circundaba el aparato, pero no se atrevió a acercarse aún cuando los chorros de fuego se apagaron. Prefirió regresar a la casa y advertir a sus parientes, quienes afirmaron que Gallegos estaba "en mal estado". Recuperándose un poco, el testigo se aventuró a salir de nuevo para ver mejor al intruso.

Según su testimonio, el objeto parecía estar hecho de "metal brillante y sin claraboyas, tan largo como un poste de luz y con una circunferencia de catorce pies (4 mts.) con forma de huevo y con el aspecto general de un gran tanque de butano."

Al día siguiente el objeto ya no estaba, pero el suelo echaba humo.

Aquel domingo, Gallegos detuvo al policía Nick Naranjo de la comunidad de Española y le contó lo sucedido. El agente, a su vez, alertó a sus superiores. Los agentes Marvin Romero y David Kingsbury interrogaron a Gallegos largo y tendido. Otros policías se personaron en el lugar de los hechos, confirmando que "el suelo aún ardía y que una zona considerable estaba chamuscada."
De acuerdo con lo recogido por la prensa, el capitán Vigil de la policía estatal afirmó haber hallado "huellas parecidas a zarpas e indentaciones en el terreno parecidas a las de Socorro." Vigil manifestó que había comunicado su hallazgo a los militares de la base aérea Kirtland, que ya habían tomado cartas en el caso de Lonnie Zamora, y estos le dijeron que "el escenario [del caso Gallegos] sonaba casi idéntico a la evidencia hallada en Socorro." Un equipo de militares se dirigía desde Washington a Socorro investigar las huellas y pasaría por La Madera para echar un vistazo. "Ahí hubo algo", aseveró el capitán Vigil, agregando que no había motivos para descartar el testimonio ofrecido por Gallegos.

Como colofón, existe aún otro caso adicional. El agente Marvin Romero mencionó que dos personas afirmaron haber visto un extraño objeto volador a las 22:30 horas del sábado, dos horas antes del encuentro de Gallegos en La Madera. Los sujetos (cuyos nombres no figuran en ningún lado) informaron al policía Romero que conducían desde Abiqulu hasta Española cuando el objeto volador se dirigió justo hacia su vehículo antes de alejarse. Lo único que pudieron ver fue una larga llamarada azul, y que en definitiva "no se trataba de un avión".

El macroavistamiento del ’64 no olvidaría a California. Un agente de la patrulla estatal de California fue el primer testigo oficial del macroavistamiento desde las afueras de King City en el valle de Salinas. Según su testimonio, el objeto era totalmente silencioso pero emitía una 'llamarada roja" al paso que sobrevolaba el hogar del agente de la ley en Pine Canyon a las 21:00 del 15 de mayo de 1964. Estimó que el desconocido volaba a una altura de veinte mil pies y a una velocidad formidable. Su avistamiento sería confirmado por una patrulla del departamento del sheriff local, comentando que el aparato "parecía no haber aterrizado".

Haciendo referencia a la oleada OVNI del '64, el investigador Rick Hilberg afirmó lo siguiente: "Los informes actuales han recibido mucha publicidad. Por primera vez desde hace muchos años la prensa nacional ha dedicado espacio considerable a los informes OVNI. Se puede agregar que la actitud y el tono de las notas de prensa también ha mejorado significativamente, prescindiendo del tono escéptico y burlón de antes. Esto tal vez se debe al hecho de que muchos periodistas y científicos se han dado cuenta al fin de que los platillos no son meramente una noticia de verano, sino un problema científico de importancia".

Tuesday, July 03, 2018

Guillermo Giménez: OVNIS en la Antártida



En estas fechas se cumplen 53 años de la visualización de extraños #ObjetosVoladoresNoIdentificados (OVNI) sobre la #AntártidaArgentina, un hecho más que importante por la #cantidad de testigos y #calidad de los mismos en este lugar inhóspito de nuestro planeta.

Un incidente de los mejores documentados por la #ArmadaArgentina ocurrió en la #IslaDecepción, que pertenece a la islas Shetland del Sur, al oeste de la Península Antártica. Tres países: Argentina, Chile y Gran Bretaña mantenían Estaciones de Investigación en 1965. Allí el responsable de la Base era el Cap.Daniel Perisée quien realizó un amplio e interesante testimonio de este incidente. Aquí las declaraciones tomadas desde el Boletín Nº 172 de la #ArmadaArgentina con fecha 7 de julio: "El Teniente Perissé confirmó... que todo el personal de la guarnición observó un objeto extremadamente brillante, moviéndose hacia el norte con velocidad variable, a veces flotando, desplegando aceleraciones repentinas y cambios de dirección. Las características del objeto y su movimiento, añadió el teniente Perissé, eran tales que las posibilidades de un globo meteorológico, un avión o una estrella fueron #descartadas.

El objeto fue observado por un total de 17 personas, incluyendo tres Suboficiales visitantes de la Base chilena "Pedro Aguirre Cerda". "La Fuerza Aérea de Chile, a cargo de las Bases antárticas "Aguirre Cerda" y "Arturo Prat", #confirmó sus propios #avistamientosOVNI en la Isla Decepción con un #ComunicadoOficial publicado el mismo día. "De acuerdo a un mensaje enviado por el comandante Mario Jahn Barrera de la base antártica chilena "Arturo Prat", un objeto luminoso fue visto durante unos 20 minutos por nueve miembros de la guarnición que estaban realizando observaciones meteorológicas de rutina. Cambió de colores, velocidad y dirección, desplazándose con un movimiento oscilatorio a alta velocidad." Más adelante leemos: "... desde el puesto de la Marina en las Islas Orcadas del Sur llega un mensaje de suma importancia: durante el paso del extraño objeto sobre la Base [más temprano ese mismo día], dos magnetómetros en perfecto estado registraron perturbaciones repentinas y fuertes del campo magnético (a las 17:03. hrs.), las cuales fueron registradas en sus cintas".

El Cap.Daniel Perisée declararía también que el objeto fue "visto por primera vez por nueve testigos en la Base chilena a las 7:20 pm, el objeto se trasladó a la Base argentina a las 7:42 pm, donde fue visto por 17 testigos durante 62 minutos, hasta las 8:44 pm.". Los extraños avistamientos habían comenzado ya entre el 7 de junio y 3 de julio de 1965. Un octavo incidente ocurrió en agosto en el puesto de #Argentina en las Islas Orcadas del Sur. Años más tarde otros incidentes OVNI sucederían en los años 70 y 80 con numerosos testigos calificados. Los avistamientos OVNI visualizados en la #AntártidaArgentina elevó el interés de los militares argentinos que continuaron investigando el Fenómeno. El propio Cap.Daniel Perisée se convertiría en uno de los más serios investigadores OVNI de la Argentina formando parte de distintas comisiones investigadores. Los hechos de la Antártida Argentina tuvieron amplísima repercusión mundial, inclusive agregados militares de EE.UU. en Buenos Aires y Santiago de Chile, recopilaron y tradujeron toda esta información.

Dichos documentos fueron publicados por la Agencia de Inteligencia de Defensa (D.I.A.) años atrás y divulgados bajo el Acta de Libertad de Información. 53 años atrás diferentes casos OVNI sucedieron en la #AntártidaArgentina emitiendo nuestro Gobierno (junto a otros) sendos #ComunicadosOficiales de la real existencia y presencia de los mismos. Recientemente el investigador y amigo Rubén Morales, destacado Profesor de la Universidad del Salvador (BsAs), publicó su libro #LosOVNIsDeLaAntártida donde detalla #nuevos incidentes involucrando a personal destacado en aquel lejano y solitario lugar. #EpisodiosInéditos con #TestigosCalificados como protagonistas de #FenómenosOVNI en el continente blanco. (C) Guillermo Giménez, Necochea - Argentina -