Wednesday, August 14, 2019

Interceptando Adversarios Desconocidos: Cazas contra OVNIS



Interceptando Adversarios Desconocidos: Cazas contra OVNIS
Por Scott Corrales (c) 2019


Las polémicas en torno a los vídeos tomados por aviadores del portaaviones USS Nimitz en el 2004 frente a San Diego, California han reavivado el interés en los encuentros entre OVNIS y pilotos. Aunque muchos interesados en el fenómeno han visto en esto la 'pistola humeante' que comprobaría la existencia de seres de otro planeta (que no tienen nada mejor que hacer sino hostigar aviones), se nos recuerda que no todo lo que vuela es OVNI, y que el avistamiento puede tratarse de un defecto de los radares.

Por interesante que nos puedan resultar estas filmaciones, cabe recordar que no todos los encuentros entre aparatos desconocidos y vehículos militares suelen acabar sin novedad. Desde el legendario y trágico caso del piloto Thomas Mantell en la 'era dorada' de la ovnilogía, muchos han perdido la vida o desaparecido por completo a raíz de estos encuentros, y es apenas ahora que comenzamos a tomar conciencia de algunos de estos incidentes.

El 8 de septiembre de 1970 había transcurrido sin incidentes dignos de notar hasta las 22:00 horas, cuando un interceptor Lightning de la Royal Air Force británica despegó de la base aérea Binbrook en Lincolnshire, Inglaterra. Estos lanzamientos repentinos - "scramble" en el argot militar - no eran nada raro en aquel momento, ya que las exigencias de la guerra fría y la doctrina de la OTAN exigía la alerta de reacción rápida y el despegue inmediato de aviones de guerra si llegara a detectarse la presencia de bombarderos soviéticos en el horizonte.

Curiosamente, el Lightning estaba al mando de un aviador estadounidense - el capitán William Schaffner de la USAF, participando en un intercambio con el servicio aéreo de Su Majestad. Aquella noche, casi cincuenta años atrás, el piloto que combatió con denuedo sobre los cielos de Vietnam desaparecería de la historia. Su vuelo - el Foxtrot 94 - se desplomó del cielo y cayó en las negras aguas del mar del Norte.

Todo comenzó cuando los radaristas en la base Saxa Vord detectaron la presencia de un objeto desconocido cerca de las islas Shetland. El contacto extraño se desplazaba a 900 kilómetros por hora a más de once mil metros de altura cuando repentinamente cambió su rumbo, aumentó su velocidad casi a Mach 1, y ascendió a trece mil metros. Siguiendo el procedimiento prescrito, los radaristas alertaron a la base de la OTAN en la costa este de Escocia, que despachó dos interceptores Lightning para salir al encuentro del intruso.

Pero los avezados radaristas se dieron cuenta de que sus instrumentos les habían presentado, de repente, una situación imposible: el intruso repentinamente hizo un viraje de 180 grados hacia el norte ante de desparecer de sus pantallas por completo...a la inusitada velocidad de 28,000 kmh, veintidós veces la velocidad del sonido. Sabido era que el legendario SR-71, con sus potentes motores Pratt & Whitney, era capaz de superar Mach 3, pero ¿Mach 22?

El superveloz intruso reapareció varias veces durante las próximas horas y los aviones militares derrocharon carburante en su fallido intento de alcanzarlo. La situación comenzaba a tornarse alarmante, tanto que la USAF tomó cartas en el asunto, lanzando raudos F-4 Phantom desde la base Keflavik en Islandia, aunque estos intentos también se verían frustrados. De haber sido una película, nos sería imaginar a actores como Gregory Peck o Burt Lancaster dando órdenes en el centro de control, con el ceño fruncido, fulminando contra sus subalternos y maldiciendo la tecnología a su alcance. Pero los verdaderos protagonistas de este incidente permanecerán siempre en el anonimato. Lo único que sabemos es que la gravedad de la situación causó la movilización del sistema de alerta temprana en Fylingdales, Escocia y por ende, acción por parte de NORAD (el Mando Aéreo Norteamericano), que dio la orden de preparar el lanzamiento de sus B-52 "Estratofortaleza" con sus cargamentos de bombas atómicas.

Se conserva la transcripción oficial del intercambio entre el desaparecido capitán Schaffner y estación de radar en Saxon Wold. En cierto momento, el piloto afirmó haber hecho contacto con el intruso. Cuando la torre le pidió la identificación del aparato volador - pensando que se trataría de un nuevo MiG o Yakovlev de las fuerzas rusas - el piloto repuso que le era imposible dar detalles. "Aunque veo...una luz azul. Diantre, mira que brilla...muy brillante".

El control de tierra le pidió que revisara sus instrumentos. Schaffner lo hizo, indicando que se hallaba a menos de doscientos metros de objeto desconocido. "Lo tengo a la posición de las tres...espera...hay algo más. Es como una gran pelota de fútbol, pero como si estuviese hecha de vidrio". La descripción adicional proporcionada por el piloto indicaba que el objeto cristalino estaba separado del "objeto cónico" que era el intruso, y que podía tratarse de alguna fuente de energía. "Veo una luz nebulosa, una niebla producida por el calor, está virando, viene hacia mí, tomando medidas evasivas, y a duras penas puedo..."

El vuelo Foxtrot 94 dejó de transmitir en aquel momento. Uno de los radaristas miró con asombro la manera en que el interceptor Lightning y el intruso se amalgamaban a una altura de dos mil metros sobre el mar del Norte. Uno de los contactos realizó una vuelta de ciento ochenta grados hacia el noroeste, desapareciendo a velocidad prodigiosa. El contacto restante - el Lightning permanecía en el radar. Reestablecida la comunicación, el piloto se quejaba de sentirse mareado y de 'haber perdido el conocimiento'. Sus instrumentos estaban inservibles y se tomó la decisión de realizar un amarizaje forzoso.

Cumpliendo con la orden, Schaffner apuntó al Lightnining, chocando contra la superficie. Un avión Shackleton que estaba en las cercanías informó que el impacto había sido tremendo, que la carlinga se había abierto, pero que no había señal del piloto. Aún más extraño para los tripulantes del Shackleton fue ver que carlinga del interceptor se cerraba antes de hundirse, sin señal alguna de su maltrecho piloto.

El rescate realizado posteriormente logró arrebatar al Lightning de los brazos de Poseidón, pero el capitán Shaffner se había esfumado, pasando a formar parte de la lista de desaparecidos...Thomas Mantell...Félix Moncla...Frederick Valentich...

Víctimas de los 'pobladores del cielo'


La tribu denna de la península de Alaska vive temerosa de "los pobladores del cielo”. La tribu tiene un emblema especial que representa a estas extrañas fuerzas – un símbolo que todos reconoceríamos fácilmente: una raya horizontal rematada por una cúpula.



A fines de los años sesenta se circuló una nota de prensa sobre el hallazgo de una avioneta que se había desplomado del cielo luego de haber transmitido un último mensaje, captado por el radiotransmisor de un cazador en esas regiones del norte. El desesperado mensaje de la avioneta indicaba que el aparato estaba siendo rodeado de una extraña luz verde sobre la cordillera Talkeetna y que los motores se habían cortado. Años después, rastreadores nativos se encontraron con los restos de la avioneta y sus congelados ocupantes. Parecía ser que uno de los tripulantes no había muerto durante el choque, y en un gesto sumamente dramático y digno de una narración de horror, había tenido las fuerzas para realizar un trazo en el destrozado fuselaje de la avioneta – la raya horizontal rematada por la cúpula. Los azorados nativos entendieron enseguida que los desventurados pilotos habían sido víctimas del “pueblo del cielo”.

A la merced de objetos desconocidos

Carol Johnson, vecina de Tucson, Arizona (EEUU), supuestamente presenció la persecución de un OVNI por interceptores Grumman A-7 provenientes de la base aérea Davis-Monthan.
El evento, ocurrido en Febrero de 1972, se produjo sobre los cielos de Tucson; Johnson pudo ver la formación de tres interceptores acercándose al objeto desconocido, cuyas dimensiones superaban las de los aviones de guerra por mucho. Justo antes de que los interceptores alcanzasen su objetivo, el OVNI desapareció por completo--como si jamás hubiese estado. La señora Johnson afirmó que los interceptores realizaron una serie de maniobras de búsqueda, pensando que el objeto desconocido pudo haber aterrizado repentinamente. Según el investigador Kevin Randle, afiliado en aquel momento al célebre grupo de investigación APRO, los radaristas de la base Davis-Monthan habían captado el objeto en sus radares, y también existía la posibilidad de que las ametralladoras fotográficas hubiesen captado la desaparición del objeto. Treinta años después, el silencio de la USAF sobre dicho avistamiento sigue siendo sepulcral.

Meses más tarde, en diciembre de 1972, el capitán Richard Bowers tendría su propia experiencia con lo desconocido mientras que volaba su interceptor F-100 Super Sabre a 43,000 pies de altura al norte de Fayetteville, Carolina del Norte, ejecutando maniobras para regresar a la base aérea Pope. La torre de control de la base advirtió al piloto que alguien le venía pisando los talones, sugiriendo que podía tratarse de un piloto privado. Bowers quedó sorprendido, ya que a ningún piloto de avioneta se le ocurriría volar a dicha altura.

Al mirar hacia atrás, Bowers pudo ver un resplandor rojizo. Inclinando su cazarreactor lateralmente al virar hacia la derecha, el piloto de la USAF quedaría sorprendido al ver un objeto cuyas dimensiones correspondían casi a las de su interceptor--sólo que era circular y despedía una extraña luz roja. El interceptor trató en vano de esquivar al intruso, que parecía no tener intención alguna de despegarse de él. Por espacio de diecisiete minutos, el capitán Richard Bowers ejecutó maniobras de evasiva que jamás había realizado desde la guerra de Vietnam--virajes y caídas en picada que fueron vistas desde la tierra por los ciudadanos de Fayetteville, que no dudaron en comunicarse con su periódico y dar parte del suceso.

El OVNI se cansó de jugar y se alejó precipitadamente. Con sus reservas de combustible casi agotadas, el capitán Bowers pudo aterrizar en la base Pope. Su primera acción en tierra consistió en dirigirse a la oficina del jefe de escuadrón para decirle que los OVNI eran algo real, que posiblemente eran hostiles, y la USAF debía hacer algo para garantizar la seguridad de sus pilotos. El exabrupto le ganó una transferencia a una base militar en el oeste de EUA y que fuese dado de baja del servicio activo poco después. Bowers falleció en 1977, convencido de que la fuerza aérea conocía de sobra la naturaleza del objeto que le había atormentado aquella noche en Carolina del Norte.

Monday, August 12, 2019

Misterios sobre el asfalto: OVNIS y automóviles



Misterios sobre el asfalto: OVNIS y automóviles
por Scott Corrales

Una noche del mes de abril de 2018, Jeff Wallace, vecino del estado de Nueva Jersey (EE.UU.) había salido en su vehículo a recoger a su hija de su trabajo en una tienda de ultramarinos. Wallace, de cuarenta y tres años, no pensaba ni de lejos en platillos voladores y marcianos en aquel momento. Pero el fenómeno ovni gusta presentarse ante los incrédulos y los distraídos: el padre de familia miró hacia arriba, presenciando en alquel momento una formación de tres luces en forma de triángulo, desplazándose lentamente por el cielo nocturno. Sin pensarlo dos veces, el chofer detuvo su vehículo para sacar varias fotos borrosas de las luces, que fueron presentadas posteriormente al mando de la USAF en la base conjunta McGuire-Dix-Lakehurst, a treinta millas de lugar de los hechos. Los militares se cruzaron de brazos. No tenían ni la más remota idea de lo que pudiese ser 'aquello'.

La sargento Russell, portavoz de la base, se limitó a decir: "No se puede deducir mucho de las fotos. No nos fue posible opinar".

Desde los primeros dias de la ovnilogía se da la circunstancia de que los motoristas suelen figurar de manera prominente no solo en los avistamientos de objetos voladores no identificados, sino muchos otros fenómenos por igual.

El 10 de Junio del 2005 a las 10:00 a.m., Catherine R. conducía a lo largo de una carretera rural en las afueras de Bundaberg, (Queensland, Australia) cuando vio una extraña criatura incorporada en un prado al lado de la carretera. Mientras que conducía entre matorrales por espacio de noventa minutos, la tesitigo afirmó que “pudo ver por su ventanilla una figura grande y oscura de unos 7 a 8 pies de estatura”. Catherine dijo que la figura “tenía la forma de un hombre pero que era mucho más musculosa, con hombros anchos y el torso de una deidad. No se asemejaba a nada que había visto antes. Era de color oscuro y escamoso. Su color era cenizo, como el de un insecto. Soy una mujer de 22 años de edad y sentí mucho miedo, puesto que me miraba fijamente. Me sentí sumamente incómoda y en shock, y hundí el acelerador hasta el piso. Estaba conduciendo a 100 kmh cuando lo vi y me alejé a 120 kmn. Jamás había visto nada tan extraño”.

Los lectores de temas paranormales están acostumbrados a leer sobre incidentes en Irlanda, por ejemplo, en dónde las cuadrillas de construcción de caminos se niegan a proseguir sus labores si se topan con algún montículo que pueda servir de morada a los duendes. No podemos decir lo mismo de EE.UU., en donde se construyó la carretera estatal 17 (que cruza el estado de Nueva York de este a oeste, conocida hoy como la Interestatal 86) sobre un extenso corredor conocido como the witches' walk ("el paseo de las brujas") por la tribu seneca, creándose así un pasadizo natural para los espectadores de fenómenos paranormales.

Así fué que durante la "década heróica" del fenómeno ovni en el estado de Nueva York--los Setenta--la actividad se concentró sobre los territorios de la tribu seneca. En la noche del 26 de octubre de 1973, los vecinos de los pueblos de Alfred, Angelica y Wellesville (poblaciones situadas en ambos lados del "paseo de las brujas") quedaron atónitos al presenciar un alucinante despliegue de enigmáticas luces voladoras y el paso de un extraño objeto de configuración triangular sobre las vaquerías de la región. Miembros de la policía local figuraron entre los testigos.

El 20 de marzo de 1978, la policía de la ciudad de Salamanca, Nueva York, recibió decenas de llamadas entre las 23:00 y las 01:00 horas sobre un extraño objeto volador del tamaño de dos campos de fútbol americano, rectangular y repleto de luces rojas, blancas y verdes que se desplazó en silencio total sobre la reservación y de ahí hacia Ellicotville, donde los radaristas del aeropuerto local dijeron no haber visto nada en sus pantallas. Los periódicos regionales achacaron el incidente a la premiere de Close Encounters of the Third Kind pocos meses antes--a pesar de que un policía local había logrado tomar fotografías del fenómeno nocturno...

Los nativos insistieron que las misteriosas luces y fenómenos eran el resultado no tan sólo de la construcción de la carretera, sino de un atentado aún peor contra la naturaleza: la construcción de la represa Kinzua en 1960, obra que conllevó la inundación de vastas zonas de terreno consideradas como sagradas por los seneca por incluir no sólo la tumba del jefe Cornplanter, sino las entradas a las moradas de los célebres "Djogaos" y el hábitat natural de High Hat ("Sombrero de Copa"), una criatura emparaentada con los yeti o Bigfoot. Durante la construcción de la represa, los obreros tanto blancos como nativos dijeron haber visto esta criatura mirándolos desde la orilla del recién creado pantano durante el alba y el atardecer. La configuración craneal de la criatura hizo recordar a los trabajadores al sombrero de copa llevado por el presidente Lincoln, quienes se preguntaban en tonos jocosos si "alguien habia visto a Abe Lincoln."

En tierras donde lo sobrenatural está a flor de piel, los sabios prefieren no mencionar lo paranormal y mucho menos los OVNI. Para los seneca, así como para muchas tribus del noreste y hasta de las grandes tribus de suroeste (navajos, hopis, apaches) lo que el hombre blanco ignorantemente llama OVNI y que persigue con tanto afán es en realidad un poder que mata y se conoce con varios nombres de acuerdo a la tribu: el término más comunmene utilizado es Mok-wa-mosa, traducido al inglés como skinwalker ("caminante en pieles" o "trotapieles").

Uno de los mayores temores de los nativos es ir caminando por los bosques de noche y ver una luz brillante entre los árboles y a menudo rozando las copas de estos--señal segura de que algún hechicero o persona con el don de asumir la forma y poderes de un oso va hacia un lugar en específico para causar el mal a sus enemigos. Las descripciones varían de tribu en tribu: algunos dicen que el "trotapieles" no se muda de cuerpos como el hombre-lobo, sino que simplemente se hecha la piel del oso encima y asume sus poderes, mientras que otros afirman haber visto enormes osos, rodados en potentes auras de luz, caminando en dos patas.

Los autores Joanne Teller y Norman Blackwater, ambos pertenecientes a la tribu navajo en el suroeste de los EE.UU., escribieron un libro titulado The Navajo Skinwalker, Witchcraft and Related Phenomena (Infinity Horn, 1996) que detalla el alucinante auge de "trotapieles" entre dicha tribu. Teller y Blackwater expresan que uno de los motivos detrás de su libro es alertar a las demás tribus nativas del país sobre este fenómeno.

Según las tradiciones, los "trotapieles" entran en dicho estado para vengarse de sus vecinos indigenas y nunca contra los blancos, ya que curiosamente, la magia nativa no surte efecto contra ellos. Se dice que el "trotapieles" debe matar una persona al año para evitar que sus enormes poderes se le vayan en contra y lo destruyan. Las reglas que gobiernan sus andanzas son precisas-- solo pueden "trotar" entre las 21:00 hrs. y las 03:00 hrs.; su base de operaciones puede ser una vivienda o guarida oculta; sólo pueden acercarse a las casas de sus vecinos desde el oeste, y dicha actividad sólo puede realizarse cada 3 ó 4 días.

El lector puede pensar que no existe conexión alguna entre estas creencias y el fenómeno OVNI, pero existen varios casos bien investigados por la ufología que bien pueden estar vinculados con la magia de los "trotapieles". Sin alejarnos demasiado del tema, vale la pena examinarlos.

Motoristas a merced de los ovnis

A modo de observación, resulta curioso que esta intensa actividad anómala se veía reflejada--aunque con diferencias un tanto significativas--en otros países. El autor Sebastián Robiou, comentando la casuísitica OVNI del Caribe en su libro Manifiesto OVNI, apunta que desde "mediados de diciembre de 1972 hasta finales de abril de 1973 nadie reportó un avistamiento en toda la República Dominicana [...] En Puerto Rico, excepto un extraño accidente de una avioneta [...] pasó otro tanto desde finales de octubre de 1972 hasta finales de septiembre de 1973. ¡Once meses de preparación de la nueva tormenta!".



A mediados de agosto del "año del humanoide", dos jóvenes puertorriqueños tendrían un encuento con lo desconocido mientras que conducían entre los pueblos de Sábana Grande y Maricao en el suroeste de la isla. Dispuestos a ir a un baile, lo menos en lo que pensaban los dos amigos eran "marcianadas" -- sin emabrgo, se dieron cuenta de una luz sobre una montaña cercana que pensaron provenía de un farol. Sin emabrgo al acercarse, se dieron cuenta que la luz aumentaba de dimensiones.

El chofer, Antonio Jusín, decidió encender las luces largas del automóvil para ver mejor. Lo que tomaron por "farol" se aumentó su brillantez exponencialmente, inundando los alrederdores de una luminosidad extraña. El objeto pasó por entonces sobre los jóvenes antes de desaparecer.

El inesperado destello de luz acabó fundiendo la circuitería del vehículo, dejando inservible la batería, el alternador, el radio y el tocacintas. Ni decir tiene que Jusín y su amigo nunca llegaron a la ansiada fiesta.

Corria el mes de junio de 1965 cuando Jeff Marx y tres pasajeros – su mejor amigo Alan Lindley y las respectivas novias de ambos, Mary y Lily – conducían por los caminos del municipio de Cranberry al norte de la ciudad de Pittsburgh. Paseando en un descapotable blanco para disfrutar de la cálida y agradable noche una semana

después de haberse graduado de la high school y con el panorama del futuro ante ellos, ninguno de los cuatro podía imaginar en aquel momento – dominado por canciones de los Beach Boys y el eco de una guerra lejana en el sudeste de Asia –que una fuerza desconocida estaba a punto de irrumpir en sus vidas.

“En aquel momento”, me dice Jeff Marx durante la entrevista, “tuve un descapotable que juega un papel principal en este avistamiento. Lo que muchos considerarían como la prueba de lo sucedido”.

Esa noche, recuerda Marx, había pasado a recoger a sus amigos y se fueron juntos a jugar golf miniatura, y de ahí a comer pizza. Como era tarde, y las chicas tenían que regresar a sus casas antes de la medianoche, los cuatro decidieron emprender el camino de regreso a sus hogares. Sin embargo, Alan le pidió que diesen un paseo por los caminos rurales para que pudiesen disfrutar de una botella de cerveza que había traído consigo. “Iba en dirección norte a lo largo de la Carretera 19 e hice un viraje a la derecha para entrar en el camino Freedom-Cryder Road. En 1965 se trataba de una zona rural, con granjas al final del camino hacia el poblado de Freedom. Realizamos ese viraje entre diez y veinticinco minutos después de las diez de la noche”.

Mientras que el descapotable recorría los caminos rurales, Alan le pidió a Jeff que detuviese la marcha, porque estaba sucediendo algo sumamente extraño. “Aquella luz nos viene siguiendo desde hace algún tiempo”, explicó su amigo, agregando una vez detenidos en la cuneta: “Esa luz allá arriba. Se nos acerca demasiado y no puedo escuchar ningún sonido”.

Un tanto nervioso, como si el recuerdo vivo del suceso le espantase cuarenta años después, Marx explica que tampoco le fue posible escuchar sonido alguno, aunque las dimensiones de aquella luz en el cielo negro parecía ir en aumento a la par que se les acercaba. “Decidimos salir de ahí, pero el motor se negaba a arrancar. Salimos del automóvil saltando y corrimos al otro lado de la carretera para refugiarnos bajo un árbol caído que estaba en un campo. A estas alturas el objeto se encontraba directamente sobre el automóvil, iluminando la zona. A pesar de la oscuridad que reinaba, me era posible ver mi vehículo sin problemas. Alan manifestó que el objeto le recordaba a la forma de una lágrima, mientras a mí me parecía un cono de helados, pero invertido”.

Marx se maravilla de un aspecto específico del objeto desconocido: “Era de color blanco, un blanco ardiente, muy brillante, más brillante que cualquier cosa que haya visto yo en mi vida. Se oscilaba y se balanceaba de un lado a otro. Sentía ganas de poder verlo mejor, y me incorporé para mirarlo. Fue entonces que sentí una oleada de calor contra mi rostro”.

Sus pasajeros claramente no compartían la sensación de curiosidad: Mary estaba al borde de la histeria, gritando que todos iban a morir; Alan y Lily tuvieron que arrastrar a Jeff para ocultarlo nuevamente bajo la supuesta seguridad del tronco caído después de su intento por examinar el fenómeno mas detenidamente. “Mary estaba sumamente turbada”, añade Marx en este punto. “El evento verdaderamente le hizo enloquecer”.

Un plazo de tiempo que parecía ser una hora completa transcurrió antes de que el centellante objeto completase su inspección del vehículo estacionado en la cuneta. El aparato se alejó flotando del automóvil, moviéndose hacia arriba y adquiriendo velocidad, despareciendo de vista en cuestión de segundos. Marx recuerda que el objeto adquirió matices escarlatas antes de desaparecer.

“El incidente nos dejó bastante conmocionados”, declara Marx. “Otro automóvil se acercó en el sentido contrario en la misma carretera, deteniéndose al lado de mi vehículo para mirarlo antes de alejarse a toda velocidad. No sé si se trataría acaso de un testigo de lo sucedido, pero después de echarle un vistazo al automóvil, el individuo no demoró en alejarse lo más pronto posible”.

Regresando al vehículo, los adolescentes trataron de abrirá las puertas, descubriendo en aquel momento que las asideras se encontraban sumamente calientes. Una vez sentadas, las chicas comentaron que el asiento posterior estaba casi igual de caliente. Un calor parecido emanaba del salpicadero y del volante. “La franja de cromo que rodeaba en parabrisas estaba tan caliente que no me era posible tocarlo sin quemarme la mano”.

El descapotable de marca Impala arrancó sin incidentes y los cuatro testigos al inusual fenómeno luminoso regresaron a sus casas en silencio. “Alan y yo llevamos a nuestras novias a sus hogares. Nos dijeron que jamás querían volver a saber del asunto y que lo mejor sería que no le dijésemos nada a nadie, puesto que nadie iba a creer a cuatro adolescentes cuyos alientos olían a alcohol”, explica Marx. “Mary dijo que jamás quería hablar del asunto, que no había sucedido en lo que respectaba a ella, y que si se le ocurría a alguien decir algo, negaría de plano haber estado ahí”.

Al contrario, Marx y su amigo Alan Lindley hablaron largo y tendido sobre el incidente, pensando cuál pudo haber sido el origen de aquella extraña luz. Alan no vaciló en pensar que pudo haber sido “algo de otro mundo”, pero hasta el sol de hoy, Jeff Marx no tiene ni idea ni explicación sobre la naturaleza del intruso luminoso.


Aberraciones del tiempo/espacio

Los casos contemporaneos relacionados con las desaparaciones misteriosas por lo general no tienen que ver con individuos que tratan de esfumarse ante los ojos de sus contemporaneos por alguna u otra razón. Sus desapariciones son, por lo general, repentinas e inesperadas, ocurriendo de dia o de noche, y en algunas ocasiones resultando en la desaparición del vehiculo que les transportaba.

En 1941, un equipo de rescate suizo recibió la orden de emprender la busqueda de algunos alpinistas que no habian regresado a su campamento. Tras de varios dias, la misión de rescate encontró las huellas de los alpinistas, que se desaparecian abruptamente en medio de un glaciar. En este caso, las autoridades dictaminaron que "se trataba de una desaparción cuyas circunstancias resultaban dificiles de determinar con certeza, debido a la naturaleza de los hechos."

Ciertos lugares en nuestro mundo han adquirido fama como sitios en donde las desapariciones humanas no son nada fuera de lo comun. Algunos de ellos, como el mal-llamado "Triangulo de las Bermudas" en el Atlantico, el "Triangulo del Diablo" en el Japón, o el "Triangulo de los Grandes Lagos" en Canada han formado parte del canon de lo paranormal durante mas de 30 años. Pero en mayor grado que las aguas del mundo, las montañas a menudo desempeñan el papel de lugares de desaparición. En las tradiciones griegas antiguas, los viajeros que se acercaban demasiado a los montes Parnaso y Olimpo corrian el peligro de desaparecer para siempre. La montaña de El Yunque en Puerto Rico, el monte Glastonbury en Nueva Hampshire (EUA) y el monte Inyangani en el este de ZimbabueE

El escenario, en algunas ocasiones, no es ni lejano ni exótico: puede tratarse de una carretera en un sitio despoblado, tiempo lluvioso, un automovilista cansado con muchos kilómetros por recorrer. De repente hay alguien en la cuneta, haciendo ademanes comunes a los que practican en “auto-stop” (el famoso hitchhiking estadounidense). Sorprendido, el chofer detiene la marcha para permitir la subida de un desconocido o desconocida a su vehículo. Entablan una conversación muy amena, o en otras ocasiones el viaje sigue en un silencio total. Algunas veces el pasajero misterioso pide abruptamente la bajada en un punto de la carretera; en otras, el chofer deposita al hombre o mujer frente a algún edificio o casa. El viaje prosigue sin novedades.

No es sino hasta algún tiempo después que el chofer se entera por amistades – o por haber concertado una cita, en algunos casos – que la persona que recogió en la carretera había muerto tiempo atrás, y que aquel cuerpo que ocupó el asiento a su lado (y que abrió y cerró la puerta por sus propios medios) no era más que una manifestación sobrenatural. El azoro del chofer es total, y la anécdota pasa a formar parte de algún recopilatorio de casos de fantasmas o de alta extrañeza de los que se han publicado a granel en las últimas décadas.

El parapsicólogo intenta explicar estas aberraciones como desdoblamientos del inconsciente o proyecciones del ánima o del ánimus (si el chofer es mujer); el cazafantasmas se aventura a opinar que alguien murió en determinado sitio en la carretera y que esa energía residual insiste en completar el viaje de regreso a casa; el escéptico le echa la culpa a conducir con el estómago vacío o los tragos demás que lleva el chofer adentro, aunque el testigo sea abstemio empedernido.

Se nos hace más difícil explicar, sin embargo, aquellos casos en que el chofer va acompañado y no hay autostopistas por ninguna parte (o nadie pidiendo aventón, para los lectores mexicanos). El automóvil y sus tripulantes, en plena posesión de sus facultades, llegan a un sitio en el que la realidad se torna irreal y la locura amenaza a los testigos, como en una novela de horror que se consiguen en los kioscos de cualquier aeropuerto. De hecho, ¿qué otra posibilidad nos queda, cuando llegamos a un sitio que no existe?

En 1971, Donald Weather tenía 17 años y aún le faltaba un año para graduarse de la escuela superior. Acompañado por dos amigos, decidió ir a ver una ceremonia nativoamericana (pow-wow) en la población de Linesville, Pennsylvania, cerca del lago Pymatuning. Se desplazaron por una autopista moderna -- la interestatal 80-- hasta llegar a una salida que, según el mapa de comunicaciones que llevaban consigo, les conduciría a la vera del lago y a la ceremonia en cuestión.

Pero todo comenzó a irles mal desde el momento en que llegaron a la salida de la autopista, perdiéndose en una serie de caminos rurales en la oscuridad (Weather indica su experiencia se produjo entre las 22:30 y 23:00 horas). Al igual que en el caso del ingeniero británico y su cafetín fantasmal, los jóvenes habían salido de la ciudad de Columbus (Ohio) sin haber cenado. En este momento les importaba más llegar a un restaurante que ver una ceremonia indígena.

“De repente”, indica Weather en su escrito para el boletín de la Mid-Ohio UFO Associates (MORA), “hicimos un viraje a la derecha y no habíamos transcurrido más de media milla cuando una oscuridad absoluta nos envolvió”.

La descripción que ofrece el testigo sobre la oscuridad en la que tanto él y sus amigos se vieron sumidos es inquietante: “La oscuridad tenía cierta riqueza, casi podría decirse un espesor, como si nos hubiésemos internado en el corazón de un túnel hecho de pudín de chocolate del que no se escapaba ni la luz. Antes había sido pura oscuridad nocturna – ahora era la oscuridad absoluta propia de las cavernas en la que no puede entrar la luz [...]. El incidente era tan singular que todos nos quedamos callados, si no me falla la memoria. Era como si anticipáramos que algo iba a suceder”.

Weather y sus amigos, presos de la oscuridad total que arropaba el camino vecinal, no sintieron el pánico que esperaríamos en una situación de tal magnitud. El tiempo parecía no haberse detenido, sino carecido de importancia alguna en este extraño vórtice. La negrura total se vio sustituida por la oscuridad de una noche en la ruralía estadounidense.

Los adolescentes comenzaron a ver objetos normales pero que guardaban cierta extrañeza: a cada lado de la calle podían ver los postes del tendido eléctrico, pero más antiguos, indicando que habían entrado en una comunidad. “De todas las cosas raras que vimos a continuación, no puedo decir quien fue el primero en darse cuenta, pero gradualmente, todos descubrimos que no todo estaba bien en este extraño poblado”.

Lo que más impactó a los jóvenes en el automóvil fue el cine del poblado, afuera de cuyas puertas había grupos de adolescentes aparentemente esperando la próxima función, aunque todos iban vestidos a la usanza de la década de 1950 – chicas con faldas acampanadas y tobilleras, chicos de cabello engominado y chaquetas que reflejaban el nombre de su escuela. Más sorprendente aún es que la película que estaba por ver era The Blob, el gran clásico de la ciencia-ficción, que estrenó en 1958.

Weather y sus amigos no daban crédito a lo que estaban viendo. “Todos miramos a la izquierda, conduciendo lentamente, sin poder creer lo que estábamos viendo.”

Lo singular de este caso anecdótico es que los visitantes de otro tiempo eran, por lo visto, claramente visibles a los adolescentes de la década del rock-and-roll. “Mientras que mirábamos a los adolescentes frente al cine, nos fijamos en que ellos también nos miraban y hacían señas, apuntando con sus dedos y con un asombro total dibujado en sus rostros. Luego percibimos automóvils de aquella época, los grandes y redondos, pero parecían totalmente nuevos. En este momento Ray (el chico que conducía el vehículo) comenzó a preguntar en voz alta si el detenerse en esta población para comer algo era una buena idea. Entonces vimos un coche patrulla de los años cincuenta, con las luces rojas en el techo...eso hizo que saliéramos disparados de ahí”.

Tristemente para nosotros, el relato concluye ahí. Donald Weather no nos indica el momento en que él y sus amigos abandonaron la pseudorrealidad de 1950 y volvieron a su tiempo (1971) o si al salir de aquella población fantasma les fue necesario internarse de nuevo en la zona de oscuridad absoluta.





Wednesday, July 31, 2019

Recordando los OVNIS de 1973



Recordando los OVNIS de 1973
Por Scott Corrales para Arcana Mundi © 2019

El apellido “Kent” nos hace pensar enseguida en la identidad asumida por el Superman de los comics y el cine – Clark Kent, hijo de Jonás y Marta Kent.

Pero en el entorno ovnilógico el apellido nos remonta a uno de los legendarios casos del año 1973 – “el año de los humanoides” como se le conoció posteriormente. En enero del ’73, la señora Kent se puso en contacto con la organización APRO para informar una serie de experiencias extrañas. Al igual que la familia de Superman, esta familia Kent vivía en una granja, pero en el condado de Walworth del estado de Wisconsin, EE.UU., en las cercanías de uno de los bosque estatales del sur de aquella región. Luces rojas de procedencia desconocida recorrían aquellas lejanas tierras, pasando sobre la propiedad de la familia al atardecer. A diferencia de los helicópteros que sobrevolaban la zona, inspeccionando las líneas de alta tensión, las luces eran total y completamente silenciosas.

Los Kent eran gente seria, poco dada a creer en ‘marcianadas’ y lo sobrenatural, ya que tampoco lo permitía su religión luterana. Pero en diciembre de 1972, los hijos de la familia habían presenciado tres objetos plateados ‘con forma de hamburguesa’ entre los pinares que demarcaban el linde entre la propiedad privada y el bosque estatal. Los objetos estaban suspendidos en el aire de forma escalonada y a una distancia de 400 metros, y los testigos estimaron que el diámetro de cada uno de los ‘burgers voladores’ era de aproximadamente cinco metros. Se destaca el hecho de que los uno de los objetos disponía de una protuberancia que describieron como ‘un espejo agrietado’, y les hizo sentir que este objeto los grababa o fotografiaba de alguna manera. Un extraño sonido silbante sembró el pavor entre los jóvenes testigos, quienes corrieron a toda velocidad a su hogar a contarle el incidente a su madre, la Sra. Kent.



El 20 de marzo de 1973, en horas de la noche, el matrimonio Kent regresaba a su granja tras de realizar diligencias en el pueblo cuando se percataron de un ‘objeto anaranjado más grande y brilloso que cualquier estrella, justo sobre el horizonte con rumbo al norte. Otros vecinos también habían presenciado esta extraña presencia.

La actividad de fenómenos inexplicados tampoco estaba restringida a América del Norte. Vecinos de la australiana ciudad de Ballarat, provincia de Victoria, presenciaron un objeto que se manifestó justo en frente de un automóvil el día 13 de abril a las 20:00 horas a media milla de distancia. El chofer anónimo indicó que el capot de su coche se iluminó ‘como un espejo’ por la brillantez del aparato desconocido, que tenía forma de pelota y se cernía a seis metros sobre la superficie del camino. Cuando reporteros del periódico local le preguntaron que por qué no se atrevió a acercarse más, el chofer repuso que temía que la fuerte luz causara ceguera al niño que viajaba con él. Pudo apreciar, sin embargo, que la luz era redonda, y que desapareció tan repentinamente como apareció.
A mediados del mes de julio de 1973, un vecino de la comunidad de Emden en Missouri se despertó a las tres y media de la madrugada debido a los ladridos incesantes de su perro (una constante en casos de ovni y de Bigfoot). Al asomarse por la ventana de su casa rural, pudo ver un objeto "con forma de huevo, del tamaño de un automóvil normal, con aspecto tridimensional...era posible ver a través del objeto, o directamente hacia su interior." El fenómeno brillaba con luz anaranjada por afuera y tenía un color ligeramente distinto en su centro. "Como el color del sol al ponerse, pero no tan oscuro para considerarse rojo".

El mes de agosto sería aún más ajetreado: testigos en la cercanía de Princeton, Indiana, indicaron ver un objeto con forma de domo durante una tormenta que se desató a las nueve de la noche en una fecha no precisada. El aparato tenía la forma de un platívolo clásico, con cúpula en vez de domo, que en la opinión de los testigos "no parecía ser algo sólido".

A comienzos del octavo mes del año, Sr. Bud Sedgwick, agricultor de la comunidad de Greenup, Illinois, estaba en la compañía de su esposa y suegros cuando un objeto rectangular "se les vino encima" al cruzar un camino vecinal en las cercanías de Greenup, cerca de las vías férreas de la Penn Central Railroad. El aparato, descrito con la forma de "un furgón de grandes dimensiones", contaba con una luminosidad pálida. Sedgwick aplicó los frenos abruptamente, haciendo que uno de los pasajeros se golpeara contra el salpicadero del coche. La extraña figura acabó por descender en un maizal, perdiéndose de vista.

Por azares del destino, otros testigos de la comunidad de Greenup, Illinois (con 1500 habitantes) se contraría con lo desconocido esa misma noche. El 4 de agosto de 1973 en horas de la noche, Bill McMorris y su hijo regresaban de un día de pesca, conduciendo entre los caminos vecinales de la zona, cuando vieron un objeto enorme sobre una casa de granja propiedad del Sr. Walter Gabel. "Era tan grande como una casa", afirmó McMorris, director del periódico de la localidad. El objeto parecía estar a tres cuartos de milla de distancia y parecía estar a punto de aterrizar.

La afinidad del fenómeno OVNI por el encanto rural de Greenup se prolongaría durante varios encuentros más, incluyendo un caso anónimo el 19 de agosto, cuyo protagonista juró haber visto "un OVNI que aterrizó a 200 pies de mi coche en la ruralía y luego trató de interceptarme durante mi regreso al pueblo de Charleston".



Resulta interesante que la población de Greenup y su afinidad por los fenómenos luminosos se extendió posteriormente por muchos años, incluyendo el avistamiento de una “nave nodriza” en 1977. Greenup también queda cerca de Mattoon, Illinois, aldea que pasó a la historia por las extrañas manifestaciones de la criatura (¿o humano descarriado?)
conocido como el “gaseador de Mattoon” – parecido al “Springheel Jack” de la Inglaterra victoriana.

Pero no todos los casos ovni tomaban lugar en los estados del centro de la unión americana. Tres amigos, sentados en sillas de jardín al frente de la cochera de su hogar en West Seneca, Nueva York, jamás olvidarán aquel mes de agosto hace cuarenta años. Su charla se vio interrumpida por un zumbido de baja intensidad que les obligó a mirar sobre sus hombros hacia el cielo sobre el garaje: un objeto que parecía “la mitad de un huevo” y de color plateado metálico, rodeado de una luz anaranjada que tiraba a azul, estaba en pleno descenso vertical directo sobre el techo de la estructura. Uno de los testigos exclamó desesperadamente al objeto – “¡Detente! ¡Vas a aplastar el garaje!” – y el intruso detuvo su bajada, alejándose a gran velocidad. Varios días más tarde, otro testigo escuchó el mismo zumbido, salió a la calle con su perro, y pudo ver el mismo objeto al nivel de la calle y a tan solo tres o cuatro pies sobre el suelo. El testigo sintió el extraño deseo de acercarse más al intruso, y comenzó a caminar hacia el objeto. Su perro comenzó a ladrar frenéticamente hasta que el testigo logró romper la extraña coacción que le impulsaba hacia el objeto, que sencillamente comenzó a elevarse lentamente antes de desaparecer en la oscuridad.

Los expedientes de Francis Ridge, director estatal de MUFON para Missouri a comienzos de los '70, contienen datos aún más sorprendentes. Su monografía Regional Files: The FC Files - A Century of UFO Sightings and Close Encounters in the Midwest (UFO Filter Center, Mt. Vernon, Indiana) presentan la sorprendente realidad de los sucesos del mes de septiembre de 1973 en el estado de Missouri.

Un objeto de color verde oscuro apareció repentinamente en el retrovisor de una persona que conducía a lo largo de una carretera el 2 de septiembre de ese año. A la par que el objeto se acercaba al vehículo, el chofer llegó a ver que el objeto era de color gris, iluminado por dentro, con un "parabrisas" delantero curveado. Dentro del objeto se encontraban dos sujetos de apariencia indistinta. El testigo afirma que el objeto proyectó "escenas" dentro de su mente durante el trayecto.

El 23 de septiembre, una mujer sentada en su coche, esperando su turno para ingresar en el centro comercial Glennbrook de Fort Wayne, Indiana a las siete de la noche, quedó sorprendida al ver un objeto en el cielo con la configuración y dimensiones de "un transatlántico" que se mantuvo visible por espacio de varios minutos. El increíble objeto tenía cinco hileras de luces amarillas parpadeantes, y se desplazaba lentamente antes de perderse en una arboleda. Días antes de este avistamiento, testigos en los vecinos estados de Tennessee y Ohio comunicaron a las autoridades sus "encuentros cercanos del segundo tipo".

La monografía de Ridge incluye un sorprendente EC-3 que tomó lugar el 1 de octubre de 1973 en la vecindad de Anthony Hill, estado de Tennessee: un OVNI de configuración ovoide fue visto - supuestamente - por tres adolescentes que declararon ver un "enorme ser tipo robot de cabeza grande" caminando mecánicamente con las manos en alto, durante una tormenta eléctrica esa noche.

El primer encuentro con humanoides del que se tiene constancia para 1973 fue el ocurrido el 26 de enero en las afueras del poblado de Gaffney, Carolina del Sur. Un joven de 24 años de edad, cuyo nombre quedó en reserva "para evitar que fuese blanco de la burla", conducía su coche al sur de Gaffney cuando se fijó en un cúmulo de luces rojas parpadeantes en la carretera. Pensando que podían tratarse de las luces de vehículos de la policía perdonándose a un accidente de tránsito, el hombre redujo la marcha de su vehículo. Lo que vería a continuación le impactaría por el resto de sus días.

Los faros de su coche iluminaron un objeto de configuración discoidal que descansaba sobre tres patas en medio de la carretera. Frente al vehículo había una docena de figuras humanoides que parecían dedicarse a la tarea de reparar "algo" en el fondo de su vehículo.

Según los directores del periódico Gaffney Ledger, a quienes el testigo relató su experiencia, los supuestos ovninautas llevaban puestos monos blancos con correas y hebillas. Su estatura era promedio, tenían facciones caucásicas y pelo negro recortado de la misma manera. Sus manos parecían estar cubiertas por guantes blancos. Los ovninautas no prestaron el menor caso al automóvil y su atónito chofer.

La actividad ovni se mantendría esporádica por los siguientes meses, sobre todo durante el verano, con informes sobre luces brillantes que volaban sobre casas, granjas, depósitos de agua o camiones remolque que transitaban caminos solitarios en horas de la madrugada.

El 10 de septiembre, la agencia de prensa United Press circularía la noticia de que la población de Griffin, estado de Georgia, estaba siendo asediada por objetos multicolores por espacio de dos semanas. Un alguacil en el condado de Spalding había visto luces rojas descender a la tierra antes de desaparecer, mientras que dos policías militares de la base aérea Hunter cerca de la ciudad portuaria de Savannah informaron que "algo" había perseguido su vehículo mientras que efectuaban una patrulla rutinaria.

En octubre de 1973 se daba otro evento insólito en Duluth, Minnesota, EEUU. La "señora L." estaba al teléfono con su hermana a las 23:15 horas cuando sintió que algo raro tomaba lugar afuera de su casa: puedo escuchar lo que parecían ser pisadas en el piso de madera del porche, y el sonido de manos sobre la rejilla metálica de su puerta. Colgó el teléfono y se apresuró a averiguar lo que sucedía. Fue entonces que se sorprendió al ver una "nube" difusa y de color plateado a unos cinco pies sobre un árbol en el patio. La nube proyectaba un cono de luz sumamente brillante hacia la casa de unos vecinos, cuyos ocupantes, según la señora, ya estarían dormidos. Los perros de la zona ladraban y un poste de luz de vapor de mercurio parpadeaba irregularmente.

Alarmada por todo esto, la "señora L." despertó a un caballero que alquilaba un cuarto en su casa. El hombre presenció el suceso, se asustó, y volvió a su habitación.

La extraña nube comenzó a disiparse, revelando la presencia de un objeto cuyo tamaño era de poco más de un metro de diámetro a la distancia. La mujer tuvo el presentimiento de que aquel aparato "podía leerle la mente", llegando a creer en un momento que 'estaba bajo el control' del ingenio desconocido. Pero haciendo de tripas corazón, como solía decirse, la "señora L." salió al patio, encaminándose hacia el objeto (¡manifestando el aplomo que tuvo el cabalero que le alquilaba vivienda!) pero a varios metros del árbol tuvo la sensación de haberse pegado contra un muro y "no podía ver más nada que el color plateado". Recobró la vista al retroceder algunos pasos, y decidió que la fuerza que controlaba aquel dispositivo no quería que acercase más de lo necesario. A las 00:15 horas, el objeto salió disparado en vertical, dejando un agujero en las nubes.

Los avistamientos y encuentros con los extraños tripulantes de los objetos voladores no identificados alcanzarían su punto álgido en el mes de octubre de 1973, cuando los medios noticiosos de todas partes de los Estados Unidos informarían sobre alienígenas, monstruos y manifestaciones extrañas. Remitiéndonos de nuevo a los escritos de Irena Scott, parece ser posible precisar el momento justo en que los avistamientos y encuentros dejaron de ser algo casual y se convirtieron en una verdadera invasión: el 11 de octubre a las 21:00 horas, cuando una enorme detonación cuyo origen jamás pudo ser precisado, se hizo sentir en más de 10 estados de la unión americana, desde Indiana hasta Maryland e incluyendo sus estados circundantes. El periódico Columbus Dispatch, un rotativo de gran circulación informó que los informes OVNI habían precedido la extraña explosión. Se vieron ovnis en Ohio justo antes de una ensordecedora detonación que pudo escucharse en por lo menos diez estados, incluyendo Ohio, Pennsylvania, Virginia, Maryland y Virginia Occidental.

Tuesday, July 09, 2019

Los servicios de inteligencia y el cine contemporáneo



El libro National Security Cinema, escrito por Tom Secker y Matthew Alford, detalla lo que siempre se sospechaba - que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ejercía un papel central en la producción y financiación de los proyectos cinemátográficos de Hollywood. Los autores se han valido de más de cuatro mil páginas de documentos desclasificados que comprueban este hecho, descrito por autores como Tricia Jenkins, aunque escritos anteriores limitaban la influencia de las agencias de inteligencia a un puñado de largometrajes y programas de televisión.

Secker y Alford han ido más allá en su nueva obra,indicando que el gobierno ha tenido del poder de refundir guiones, particularmente para superproducciones como Transformers, James Bond y las obras que forman parte del los mundos ficticios de Marvel Comics (el MCU, como se le conoce popularmente).

Sabido es que para obtener la ayuda de los militares para hacer una película - Battleship, digamos - existe un despacho en el Pentágono que da el visto bueno para colaborar. La firma de un 'acuerdo de ayuda de producción' con los militares concede a estos la facultad de aprobar y rechazar el guión.

Los autores traen a colación una disputa algo airada entre Jon Favreau y el ataché militar durante el rodaje de Iron Man sobre una línea de diálogo: "Favreau quería que el militar dijera: - Hay quienes estarían dispuestos a morir por las oportunidades que tengo - pero el ataché se mostraba renuente. Favreau repuso enojado, - Bien, ¿qué tal si decimos que estarían dispuestos a caminar sobre ascuas calientes? El militar asintió al cambio, pero no acabó reflejado en la pantalla".

Otras objeciones incluyeron: menciones de suicidio por parte de soldados, menciones sobre la guerra de Vietnam en un guión de James Bond ('Tomorrow Never Dies') y curiosamente, el cambio de nombre de una operación militar en la película Hulk del 2003.

La CIA tuvo la facultad de censurar The Recruit (de 2003, protagonizada por Al Pacino, Colin Farrell y Bridget Moynahan) y Zero Dark Thirty ( 2012, con Jessica Chastain y Chris Pratt), en esta última - según los autores - la agencia eliminó referencias a un agente ebrio disparando un AK-47 al aire en Islamabad, así como el uso de perros en escenas de tortura.

Tuesday, July 02, 2019

El oscuro mundo de la alta extrañeza



El oscuro mundo de la alta extrañeza
Por Scott Corrales © 2019 para Arcana Mundi.

Recordemos un caso puramente anecdótico que circuló por el portal Reddit en el 2016. Un usuario conocido solamente como ‘Robert’ – nombre seguido por cuatro cifras aleatorias – trajo a colación un extraño caso de desaparición / teletransportación que había tomado lugar en Etiopía supuestamente en el año 1969, con su padre – en aquel entonces un niño de nueve años – como protagonista principal.
‘Robert’ aclaró que su padre (anónimo) y su mejor amigo, Gabriel, eran hijos de altos jerarcas del país africano, el primero siendo vástago del Ministro del Interior y el segundo de un general del ejército. Estaban jugando un buen día en el patio de la casa del padre de ‘Robert’ una tarde después de haber regresado del colegio. Esta casa, por la descripción dada, era una verdadera fortaleza, con muros de tres metros de alto y soldados que patrullaban los exteriores. Y fue de este formidable reducto que se desvanecería Gabriel, el hijo del militar.

El padre de ‘Robert’ dijo haberse dado media vuelta para descubrir que Gabriel, quien estaba justo detrás suyo, ya no estaba. Familiares y soldados se lanzaron a la búsqueda, temiendo lo peor: un secuestro político de la clase que solía darse en Etiopía en aquellos años, los últimos del emperador Hailie Selassie.

Pasadas las 48 horas, la búsqueda se hizo nacional. Los uniformados fueron de casa en casa con fotos del niño desaparecido para ver si alguien lo reconocía, o recordaba haberlo visto en algún momento. Recordarlo no sería difícil, puesto que vestía el uniforme de un prestigioso colegio de Addis Ababa. La fuerza aérea lanzó sus helicópteros para barrer la montañosa meseta abisinia por si era posible dar con el más mínimo rastro del niño, pero todo fue en vano. Las semanas se trocaron en meses y los padres – y la cúpula política – llegaron a temer lo peor, puesto que ningún secuestrador había pedido rescate.

‘Robert’ escribió que justamente al cumplirse los seis meses de la desaparición de Gabriel, el estudiante reapareció en el patio de su casa, vistiendo exactamente el uniforme que había llevado puesto aquel fatídico día. Podemos imaginar la mezcla de sorpresa y azoro de los adultos al correrse la voz de la reaparición del niño, que parecía estar contento y en buen estado físico.
Tan contento que estaba muy emocionado y dispuesto a contar lo que le había sucedido durante su ausencia.

Gabriel dijo que dos hombres muy agradables lo habían llevado de viaje. Estaba en una habitación blanca y resplandeciente con niños de nacionalidades distintas. Le sorprendió agradablemente que los hombres amigables – de tez blanca – podían hablar el etíope (el amhárico) con una soltura envidiable, pero le dejó pasmado poder entender y conversar con los demás chicos a pesar de no conocer sus idiomas, ni ellos el suyo.

La habitación reluciente carecía de ventanas y las puertas desparecían hacia el interior de los muros. Bastaba con oprimir un contacto en la pared para hacer salir camas en las que los niños podían dormir. De repente – explicó Gabriel – se encontraron en una ciudad grande y limpia con vehículos voladores. Sus habitantes eran extraños, parecidos a los humanos, pero sin embargo distintos. Uno de los hombres amistosos acompañó a Gabriel al interior de un edificio de altura considerable, indicándole que debía permanecer en dicho lugar por algún tiempo, pero que no se aburriría. La habitación en que le colocaron era capaz de “desplazarse a lugares distintos, campos abiertos, playas, y la habitación en sí puede volar” (cita textual de mensaje en Reddit). En lo que parecía ser cuestión de horas estaba de vuelta en Etiopía, totalmente inconsciente de que en su país habían pasado meses.

Lejos de aceptar su relato, los adultos le acusaron de mentir, y otros opinaron que lo había secuestrado un demonio. Gabriel tuvo que entrevistarse con un sacerdote que parece haberle practicado un exorcismo.

‘Robert’ aclara que su padre y Gabriel siguieron su amistad, y que el joven viajero acabó por doctorarse en física y viviendo en los Países Bajos.

Suponiendo que hay algo de cierto en esta extraña odisea, un poco de investigación nos permite entrever que tomó lugar bajo el mandato de Aklilu Habte-Wold, el controvertido primer ministro etíope del emperador Haile Selassie, y cuyo gabinete incluía al coronel Belachew Jemaneh, Ministro del Interior (y de “seguridad pública”, aunque este aspecto suele pasarse por alto). ¿Sería ‘Robert’ el hijo del ministro Jemaneh? Igual no hay forma de saber si el general – padre de ‘Gabriel – era uno de muchos que perdieron la vida cuando la junta suprema militar (el “derg”) derrocó al emperador, sumiendo a Etiopía en la sanguinaria dictadura de Mengistu.

Lo que sí podemos afirmar a ciencia cierta es que se daba actividad muy rara en Abisinia en aquellos meses – sobre todo aquel nebuloso incidente en la aldea de Saladare, a catorce kilómetros de la ciudad de Asmara, el 7 de agosto de 1970. El incidente atrajo la atención de nadie menos que J. Allen Hynek (ora pro nobis…) o de otro modo habría sido relegado al desván de la alta extrañeza, que tanto fascina al que esto escribe.

En su libro The Edge of Reality, el doctor Hynek lee la carta recibida desde Etiopía al mismísimo Jacques Vallé, textualmente:

“Deseo informarle acerca de un extraño fenómeno natural sucedo en la aldea de Saladare el 11.08.1970 a las 11:30 A.M. – así fue como lo describieron los testigos, que eran aldeanos locales. Después de las 11:00 A.M. escucharon un ruido que provenía del bosque cercano, sonando como un avión que volaba a baja altura. El sonido incrementó hasta hacerse estruendoso y vieron una bola roja fulgurante que barrió la aldea, destruyendo casas al abrirse paso. Arrancó árboles de cuajo, quemó la hierba, pero no causó incendios. Al abandonar la aldea, derritió el asfalto en el camino en un segmento de dos metros por siete metros, desmoronando el muro de piedra de un puente. Luego se desplazó unos 150 metros hacia una colina, donde permaneció inmóvil, antes de emprender su recorrido en contramarcha, destruyendo más casas y despareciendo al regresar a su punto de origen. Su recorrido total fue de 3 kilómetros en un sentido y 3 kilómetros en el otro, con una duración total de diez minutos. Algunos afirmaron que tenía forma troncocónica, y los vecinos de otra aldea afirmaron que voló sobre ellos haciendo un sonido retumbante. Según ellos, tenía forma esférica y tenía cola. La emoción fue tal que salimos tres veces a visitar la aldea y tomé treinta fotos, de las que le remito algunas. Parece como si una bola de cañón se hubiese disparado a través de las casas. Cincuenta estructuras quedaron dañadas, hubo ocho heridos, y murió un niño pequeño.”

Podemos suponer que en este momento Hynek habrá hecho una pausa en su lectura antes de seguir, y que Vallée le escuchaba atentamente.

“Algunas personas pensaron que se trataba de un meteorito, pero aquello no viajaría de un lugar a otro. No pudo haber sido un viento tipo tornado, porque no arrancó los tejados de latón de los techos, que permanecieron en su sitio, arrugados, fundidos y distorsionados. No tenemos idea de lo que haya podido ser. El periódico ‘Assis’ de Addis Ababa le dedicó unas cuantas palabras, clasificándolo de “tormenta”. El periódico local en italiano lo describió en cinco columnas. Dejando a un lado el concepto de vientos o relámpagos, el día era despejado y reluciente, así que no hay cabida para rayos. La aldea está a unos 3200 metros de altura, lo mismo que Asmara, y aunque los relámpagos a veces se desplazan de forma horizontal, hacía buen tiempo, como ya he dicho. Por otro lado, aquello tenía una fuente de calor. Fundió el asfalto, los objetos metálicos, hierba y arbustos, pero sin fuego ni llamaradas. Su impacto mecánico fue tremendo. Atravesó el muro del puente, cuyo grosor era de medio metro, y aún tenía fuerza como para hacer más daño al emprender su camino de regreso.”

Me imagino a Hynek haciendo pausa para encender su pipa, sentenciando después: “Este es uno de los pocos casos documentados en que algo que debemos clasificar como OVNI ha causado daño. Ciertamente volaba, obviamente era objeto, y ciertamente no era identificado”. (The Edge of Reality, p.161)

Aunque no existe vínculo entre el evento de tiempo perdido / teletransportación comentado por ‘Peter’ en el portal Reddit y el caso de Saladare un año después, tal vez pueda servir de evidencia circunstancial apuntando al hecho de que algo raro sucedía en aquellas remotas tierras, tal vez de origen interdimensional (aunque muchos querrán ver un OVNI en la ‘habitación voladora’ descrita por ‘Gabriel’). De hecho, existe un vínculo más sustancial con los Hombres de Negro (HDN) de la literatura paranormal, haciéndonos recordar un caso que mencionaba Salvador Freixedo en su obra Visionarios, místicos y contactos extraterrestres (Quintá, 1985) protagonizado por dos niñas, Carmen y Angeles, de 13 y 14 años de edad respectivamente. El caso se produjo en Teba, provincia de Málaga, del 15 al 16 de septiembre de 1975.

Las dos amigas estaban fuera de las puertas de sus respectivas casas charlando cuando vieron un extraño objeto resplandeciente que les llamaba la atención, puesto que descendía lentamente del cielo. Carmen decidió ir a ver qué era, y despareció mientras que Angeles se daba la vuelta para regresar a su hogar. La Guardia Civil organizó una búsqueda infructuosa en toda la región.

Escribe Freixedo:

“A las 10:30 de la noche del día siguiente, exactamente 22 horas después de su desaparición, Carmencita estaba entrando en el pueblo de la mano de dos individuos, un hombre y una mujer: jóvenes, rubios, altos y vestidos deportivamente. La llevaban cogida de la mano, cada uno a un lado y muy amables con ella. Nadie andaba por la estrecha calle a aquella hora de la noche. Cuando llegaron a la casa, el joven le dijo a Carmencita: ‘Pronto nos volveremos a ver’.

“Acosada a preguntas, la niña no se acordaba absolutamente de nada de lo que había hecho en las 22 horas precedentes. Lo último de que se acordaba era de aquella bolita luminosa que vio bajando por el aire, y de que ella se agachó para cogerla y la contempló en su mano. A partir de eso tenía un vacío total en su memoria”.


Las características no son calcadas a la del caso etíope, pero tenemos la desaparición cuando una persona se da la vuelta, las personas ‘agradables’, el regreso de la víctima a su punto de origen a una hora cercana a la de su desaparición, etc., aunque en este caso ‘Gabriel’ se acordaba de una vivencia extradimensional mientras que la pobre Carmen no recordaba nada en absoluto.
Sería conveniente descartarlo todo y achacarle la culpa a siniestros organismos de inteligencia (la sempiterna CIA, Mossad, KGB) jugando ‘el gran juego’ en otras partes del planeta, sobre todo en una Etiopía siempre al borde de una u otra crisis, aunque resulta difícil creer que dispongan de tecnología que les permita sonsacar individuos de su espacio/tiempo y llevarlos a otro. Disponen, por supuesto, de alucinógenos y mecanismos para crear toda suerte de ilusiones.

Thursday, June 13, 2019

OVNIS que no fueron "serpientes de verano"



OVNIS que no fueron "serpientes de verano"
Por Scott Corrales (c) 2019 para Arcana Mundi

Los periódicos de antaño solían llenar los espacios en blanco de la temporada estival con noticias diseñadas para captar la atención de lectores distraídos por las bondades del tiempo y ¿por qué no? añadir a los mitos de la sociedad contemporánea. Desde insectos capaces de infringir picaduras extrañas hasta serpientes de mar paseándose ante los balnearios (recordemos el efecto que tuvo la película "Tiburón" de Steven Spielberg en 1975 sobre los bañistas) o criaturas extrañas que atormentaban a las parejas estacionadas en lugares apartados, las 'serpientes de verano' (o Junebugs, en inglés) formaron parte integral del ciclo noticioso.

No obstante, muchos de estos veranos nos trajeron casos que no tenían ni una pizca de imaginario y que representaron manifestaciones de fenómenos desconocidos en su momento.

El 5 de enero de 1968, el periódico australiano Daily News afirmaba que cinco adolescentes habían visto un objeto misterioso sobre los cielos de la población de Rockingham. El grupo de amigos había salido a remar a eso de las tres de la madrugada cuando se percataron de una luz pulsante y silenciosa a doscientos pies (60 metros) de la comunidad.

La nota de prensa nos proporciona el nombre de uno de los jóvenes - John Franetovich, vecino de Alexander Road, Dalkeith en aquel momento - que pudo tomar siete fotos de la luz con su cámara. Los amigos estaban remando hacia el ballenero 'Kos VII' donde habían faenado por más de una semana. El avistamiento prosiguió desde la cubierta del ballenero de marras por más de una hora. Otro testigo, Richard Burrige, afirmó que la luz era "grande y opaca, moviéndose hacia arriba y abajo, brillando y apagándose de vez en cuando".

La descripción dada por este último nos hace pensar en las luces irregulares de un faro, pero no había semejante estructura en dichas costas. Jack Michaels, el tercer testigo en aportar datos, dijo que se valió de su linterna para hacerle señas a la gran luz, pero que esta se apagaba cada vez que el joven apuntaba el haz de luz en su dirección.

Dijo Burridge: "A primeras pensamos que se trataba de un helicóptero, pero descartamos la teoría porque no podíamos escuchar sonido alguno. Era lo más raro que habíamos visto jamás. Era casi espantoso, de hecho".

La 'luz huidiza" de Australia tuvo su equivalente en otra luz avistada años antes en Crescent City, California, EEUU (lugar que adquiriría fama en los '80 como el escenario del rodaje de El retorno del Jedi).

Descrita como "una bola que brillaba en tonalidades anaranjadas, doradas y blancas, y con cola" la presencia objeto extraño fue dada a conocer a la Agencia Federal de Aviación (FAA) el 12 de febrero de 1964. Con testigos múltiples, esta vez los pescadores de la playa de Fort Dick, se dijo que "uno de los pescadores trató de apuntar su linterna contra el objeto, pero este huyó." Se informa al lector que el comisario del condado de Del Norte había sido puesto sobre aviso.

Meses antes - a finales de la primavera del hemisferio norte, precisamente el 4 de junio de 1967 - La fuerza aérea estadounidense recibiría un informe acerca de un incidente producido en Bethany Beach, estado de Delaware, docenas de kilómetros al sur de la base aérea Dover. El incidente, que pasó a formar parte de los expedientes del proyecto "Libro Azul, afirmaba que el testigo anónimo había presenciado un objeto como "una alfombra voladora" que ardía en ambos extremos, encontrándose en aquel momento en un chalet al sur de Rehoboth Beach. El aparato extraño provenía desde el sur en dirección norte, regresando en el sentido opuesto en cuestión de segundos. El testigo estimó que el intruso estaba a unos cien pies (30m) de distancia de la playa y a trescientos pies o poco más de altura (100m), y que dio a conocer el incidente al comisario de Bethany Beach aquel mismo día.


El formulario estándar de la USAF preguntaba si el objeto había desaparecido en algún momento, y el testigo repuso afirmativamente: "Sí, mi visión del objeto fue interrumpida por otro chalet que estaba frente al nuestro. Sin embargo, regresó y volvió hacia el sur en cuestión de segundos. No hubo aspecto ni indicio de resplandor posterior a esto. Las llamas parecían tener diez y media yardas de ancho".

Casi dos décadas más tarde, la revista People presentaría sus lectores las experiencias de dos cazadores que probaban su suerte en la vegetación costanera en las afueras de la ciudad de Perth (Australia Occidental). El incidente fue de tal magnitud que suscitó el interés de agentes de inteligencia militar de aquel país (AUSTINT, por su acrónimo).

El testigo principal - conocido solamente como "A.G." - dijo que él y su amigo se habían internado en los matorrales de Copel Beach en 1984, zona que les resultaba conocida, cuando repentinamente se dieron cuenta de que la región estaba sumida en silencio. Sus ojos se posaron en una "tira de luces rojas y verdes" de color intenso. Al mirarla a través de los objetivos de sus escopetas de casa, se dieron cuenta que la hilera de luces correspondía a un objeto cóncavo rematado por un domo metálico. El objeto permaneció suspendido sobre la zona por algunos momentos antes de elevarse y deslizarse lentamente por los aires, siguiendo la costa hacia la ciudad de Fremantle.


En su testimonio a la revista People, "A.G." aseveró lo siguiente: "No creo que ninguna nave terrestre es capaz de generar una luz tan intensa, ni moverse tan lentamente sin hacer ruido. Mi amigo, que era militar en aquel entonces, comunicó el incidente al ejército. Pero se arrepintió de no haberse quedado callado. Los agentes de inteligencia lo interrogaron por horas y horas, mostrándole bocetos y fotografías de OVNIS, y haciéndole pasar un mal rato".

Monday, June 10, 2019

Australia: El angel caído



Australia: El angel caído

Un obrero en Queensland alega haber visto una criatura rara en un desagye pluvial en suburbio de la ciudad de Ipswich.

A finales de febrero de 2010, el obrero Peter Cass se encontraba dentro de un angosto desague pluvial, realizando repararaciones en el suburbio Brassall de Queensland. Equipado con tan solo una miníuscula linterna, el trabajador se encontró cara a cara con lo que describió como un "angel caído".

Cass describió su experiencia al reportero Jessie Middis:

"Estaba realizando repraciones a las alcantarillas de desague pluvial aquel día. Tenían enormes tuberías lo suficientemente grandes como para que un hombre pudiese arrastrarse dentro de ellas", afirma Cass.

"Llovía, asi que se me advirtió que tuviese cuidado al arrastrarme dentro de las tuberías. El entorno era sumamente oscuro, así que saqué mi pequeña linterna de bolisillo y la apunté hacia el fondo de la tubería. Ahí fue que vi aquella extraña criatura".

"Era casi humana, pero como un alienígena. Realicé indagaciones por Internet y encontré la imagen de un angel caído. Era idéntico a la cosa que ví".

Al ver aquella cosa, Cass se congeló. Apuntó su linterna directamente a la fuente de movimiento.

"Chilló y corrió en el sentido contrario con gran rapidez. Me daba demasiado miedo moverme, pero salí a toda prisa".

Ninguno de los amigos, familiares o compañeros de trabajo de Peter le creyeron, así que mantuvo su experiencia en secreto hasta ahora.

Cass amplía detalles sobre su experiencia: "Se movía como si no tuviese huesos. El desague era sumamente angosto, pero parecía desplazarse por las tuberías con agilidad, como si llevase ahí buen tiempo.

En la actualidad, Cass se niega a efectuar reparaciones en los drenajes pluviales si no está acompañado.

[Traducción (c) 2019 S. Corrales, Arcana Mundi con agradecimiento a Robert Frieda (Ufologist Magazine) y Jesse Middis]