Wednesday, July 01, 2020


ORIENTE DESCONOCIDO: OVNIS EN ASIA

Por Scott Corrales

© 2004

 El hombre decía llamarse Toulinet y su narración era extraordinaria: alegaba haber ostentado el rango de capitán en el servicio de inteligencia del ejército estadounidense en Vietnam durante la guerra con esa nación indochina y que se le había asignado una misión de alta extrañeza. Toulinet y su grupo de soldados de la afamada Special Forces cruzaron la frontera vietnamita para internarse en Laos en pos de un bombardero B-52 que se había estrellado en la selva en el mes de abril de 1970. El detalle que hacía que esta misión de rescate no fuese una versión en carne y hueso de la película Apocalypse Now consistía en el curioso detalle de que antes de caer fulminado de los cielos, la enorme “Estratofortaleza” había enviado un mensaje a su base indicando que era víctima de una persecución por OVNIS.

 Siempre según Toulinet, su comando había logrado esquivar las fuerzas enemigas para penetrar exitosamente en Laos y llegar al sitio en el que yacían los restos del bombardero. La sencillez de su tarea al llegar al lugar era obvia – rescatar a cualquier sobreviviente del estrellamiento, recuperar las grabadoras de vuelo y cualquier material clasificado, y posteriormente destruir el aparato con explosivos. Pero los soldados no pudieron creer lo que les enseñaban sus ojos después de llegar al lugar indicado: el bombardero no se había estrellado; al contrario, se encontraba intacto como si una enorme mano, en las palabras de Toulinet, lo hubiera agarrado a mitad de vuelo para colocarlo entre los imponentes árboles de la foresta indochina.

 Y esta imposible situación representaba un problema, ya que los comandos habían pensado internarse en un fuselaje resquebrajado por el impacto de un choque y ahora, no hallaban la manera de entrar en el colosal bombardero. Después de considerar sus alternativas, el capitán dio la orden de volar una de las escotillas del fuselaje con los explosivos de demolición que traían consigo.

 Fue entonces que los soldados se internaron la una pesadilla que los atormentaría el resto de sus días.

 Los tripulantes del bombardero se encontraban en sus asientos, afianzados por sus correas de vuelo. Estaban muertos, pero terriblemente mutilados con una precisión que sería la envidia de cualquier cirujano. Azorados, los soldados descubrieron que a pesar de las horrendas heridas practicadas a los cadáveres, había poquísima sangre en la cabina de vuelo, como si el fluido vital hubiese sido succionado por un aparato desconocido. Pero la disciplina militar logró sobreponerse a los nervios y el comando del capitán Toulinet tomó fotografías de los cadáveres y logró recobrar los materiales de alta sensibilidad que eran el objetivo de la misión. Los explosivos – colocados en el compartimiento de bombas del B-52 – asegurarían la destrucción total no sólo del aparato, sino de gran parte del bosque circundante. Los comandos regresaron a Saigón tras de ser evacuados de la zona por helicóptero y entregaron su macabro hallazgo a MACV (siglas de la Military Assistance Command Vietnam, el principal mando militar estadounidense en el teatro de operaciones). 

 En los veinticuatro años que han pasado desde que Toulinet y sus hombres regresaron de su misión, el caso del bombardero derribado por OVNIS y la mutilación de sus tripulantes se ha convertido en una manzana de la discordia de la ufología. El caso apareció mencionado por primera vez en el libro Extraterrestrials Among Us del autor George C. Andrews (Llewellyn, 1987) y posterioremente el investigador tejano Tom Adams comunicaría al mundo que el verdadero nombre de Toulinet era William English, hijo de un congresista del estado de Arizona, USA. La controversia perseguiría a English por muchos años debido a sus aseveraciones sobre la lectura accidental del informe “Grudge-13”, un grueso volumen de 625 páginas con fotos que presunatmente detallaba todos los conocimientos de los militares norteamericanos sobre el fenómeno OVNI entre 1942 y 1951 con datos acerca de la física que permitía el vuelo de estos extraños aparatos, su armamento, y extensos apuntes sobre la morfología de los extraterrestres capturados en distintos choques—vivos y muertos.

 Pero lejos de internarnos en el pantano de las acusaciones sobre la realidad o irrealidad de los informes y pseudoinformes que se han circulado en la ufología desde finales de los ’80, no hay duda de que hubo incidentes de alta extrañeza ovni y paranormal en Indochina y en la región asiática en general antes y después de la ggerra....incidentes que no son fáciles de ignorar.

 

La mujer voladora de Da Nang

 Los expedientes de investigadores de la talla de Don Worley y John Keel incluyen casos de alta extrañeza que verdaderamente dan mucho para pensar. Uno de estos incidentes, proveniente de la colección de Worley pero dada de conocer por Keel en su libro “The Mothman Prophecies” relata lo sucedido al infante de marina Earl Morrison durante los meses de julio o agosto de 1969 mientras que disfrutaba de una cálida noche tropical en esta base naval norteamericana en Vietnam, a eso de la 1: 30 de la madrugada.

 Mientras que los tres soldados conversaban, algo les instó a mirar hacia la oscuridad del cielo y se dieron cuenta de que algo se les acercaba: un extraño resplandor que contrastaba con lo negro del firmamento. Inexorablemente, el resplandor se acercaba para convertirse en un enorme par de alas de murciélago, pero en vez de corresponder a un quiróptero, las alas estaban adosados al cuerpo de una mujer desnuda de piel negra “Era negra,” dice el soldado de infantería, “y lo tenía todo negro, su piel, su cuerpo, las alas—todo era negro. Pero resplandecía. Resplandecía en la oscuridad – con un matiz verdoso”.

 El extraño resplandor era el distintivo más extraño de la imponente aparición, ya que lo irradiaba. Absortos por la visión que pasaba ante ellos, los soldados pudieron ver que los brazos de la mujer voladora eran normales, con manos y dedos normales, pero envueltos por la piel que también cubría las alas, alas que batía como las de un gran pájaro, pero en silencio total. “Parecía como si sus brazos no tuviesen huesos, porque eran tan flexibles como los de un murciélago”.

 Las alas, según explicaría Morrison a Worley, estaban unidas a la mujer hasta sus caderas. Tal vez sintiéndose un poco abochornado, el soldado admitió que se trataba de una “mujer muy desarrollada” y que había tomado muy buena nota de su anatomía, incluyendo el detalle de que la figura parecía estar cubierta por una especie de vello muy fino. A pesar de que estaban de guardia en una zona propensa a ataques por partes de los Vietcong, a ninguno de los tres testigos se le ocurrió abrir fuego contra la intrusa alada. “Es curioso lo que haría uno bajo ciertas circunstancias”, explicó Morrison. “Sencillamente nos quedamos mirándola. No podíamos creerlo porque jamás habíamos visto nada parecido en nuestras vidas”.

 Volando a unos tres metros sobre las cabezas de los soldados, la aparición se mantuvo silenciosa en todos momento. Estos no sabían como reaccionar, sintiéndose petrificados por la insólita figura. Pero cuando la mujer voladora se hallaba a unos cuatro metros de distancia, pudieron escuchar el batir de sus alas mientras que comenzaba a alejarse hasta perderse en la noche. “El tiempo total entre nuestro vistazo inicial y hasta el momento en que la perdimos de vista osciló entre los tres o cuatro minutos”. Morrison agrega el detalle de que el personaje no parecía estar interesado en los soldados.

 Al día siguiente, los soldados dieron parte de lo sucedido al teniente del pelotón y a otros oficiales, que sencillamente hicieron caso omiso de la extraña experiencia. “A la noche siguiente”, contó Morrison a Worley, “llamanos a los centinelas apostados en otra parte del perímetro para preguntarles si habían visto algo raro en el cielo la noche anterior. Cuando dijeron que no, sencillamente nos callamos y no volvimos a decir nada más”.

 Parecería ser que Earl Morrison y sus colegas no fueron los únicos que vieron cosas extrañas en los cielos de Vietnam durante la guerra. La tripulación de un barco patrulla de casi cuatrocientos pies de eslora con tripulación de ciento sesenta y cinco infantes de marina, que operaba en aguas del Golfo de Siam como parte de la Operación Market Time en la primavera de 1970 tuvo una experiencia igualmente singular. A cinco millas de la desembocadura del rio Van Son Ong Doc en aguas de profundidad razonable, los tripulantes del USS Mellon fueron sorprendidos por un objeto oscuro de grandes dimensiones que pasó directamente por debajo del casco de la nave perpendicularmente, siguiendo un rumbo que coincidía con la dirección en que apuntaba el buque de guerra. Según el testimonio de los presentes, el extraño apareto tenía unos cien pies de largo y entre veinte y treinta pies de ancho y con forma general de “lágrima”. En ningun momento se llegaron a ver marcas ni protuberancias en la superficie del extraño intruso, ni medios visibles de propulsión. Se pensó en un momento que podia tratarse de un tiburón o ballena, pero las descripciones de los testigos no coincdían con las descripciones de estos seres marinos. La tripulación del Mellon había presenciado OVNIS al igual que OSNIs: en julio del ’70 un aparato volador desconocido había sobrevolado el barco de guerra sobre la isla de Tinian, desplazándose a 3500 mph.

 Cinco años antes de los incidentes mencionados anteriormente, en el verano de 1966, la NICAP (National Investigation Center of Aerial Phenomena, una de las primeras organizaciones de investigación OVNI en los Estados Unidos) había tomado cartas en el extraño “caso de Nha Trang”, que tomó lugar durante una de las fases más activas de la guerra.

 Nha Trangh era una base militar altamente fortificada en la costa vietnamita, alojando más de 40,000 tropas aquel momento. Localizada en un valle, la base incluia un aeródromo, almacenes, zonas de almacenamiento de combustible y zona portuaria. Un grupo de soldados se había reunido a las 20:00 horas en una sección abierta de la base para ver una película al aire libre cuando el cielo quedó iluminado repentinamete por lo que parecía ser una enorme bengala que provenía del norte. Pero los pilotos y soldados de Nha Trangh no demoraron en darse cuenta de que no se trataba de una bengala en absoluto: el objeto se abalanzó desde el cielo hacia la base, sembrándo el pánico. La noche se hizo día en el valle y todos los aviones y estructuras quedaron perfectamente visibles a todos. Pero el anticipado choque jamás llegó a producirse; el objeto remontó su vuelo y desapareció de vista compeltamente en cuestión de segundos.

 ¿Un bólido? ¿Un aerolito? ¿Algún dispositivo soviético “prestado” a los norvietnamitas para la guerra contra los estadounidenses? Lo cierto es que deslumbrante intruso había logrado hacer algo imposible – interrumpir el suministro eléctrico no solamente en Nha Trangh, sino también en una base aérea a media milla de distancia. Pero la interrupción no se limitaba a los enormes generadores importados desde Norteamérica: los motores de algunos aviones militares, dispuestos a despegar, se habían apagado inexplicablemente. Ni un solo vehículo en la base funcionaba tampoco. La desconcertante situación se prolongó por cinco minutos que se hicieron interminables.

 Un avión lleno de altos mandos militares visitó la base desde Washington para tomar cartas en el asunto, alarmados por la repentina inutilización de su poderío bélico en cuestión de segundos por parte de un ingenio desconocido. Los efectos electromagnéticos producidos durante el caso Nha Trangh fueron de gran interés para los ovnílogos de la NICAP.

 Se presentan los humanoides

 La oleada de fenómenos extraños que se había hecho sentir en Vietnam se trasladó al norte, hacia el sur de la República Popular China con sus miles y millones de habitantes. De acuerdo con Shi Bo, autor del libro La Chine et les extraterrestres, el investigador recibió una carta fechada el 18 de abril de 1981 cuyo remitente era hombre que decía llamarse Li Chun, describiendo un incidente que había sucedido en el mes de agosto de 1971 mientras que trabajaba en un sembradío de mijo. Según el autor de la carta, un capataz de nombre Zhang Rongchang regresaba a su hogar para almorzar cuando se topó con un “hombre cabezón” de procedencia desconocida. El capataz le interpeló varias veces sin obtener respuesta, pero tuvo tiempo a observar con detenimiento al extraño que se mantenía inmóvil en el camino. Llevaba puesto un traje hecho de escamas metálicas cuya brillantez hacía dificil ver otros detalles corporales, tales como las extremidades del cuerpo. Según la misiva de Li Chun, el ser “tenía una cabeza muy voluminosa, tres veces mayor que la de un hombre normal” cubierta por una especie de casco. El capataz sintió miedo y se lanzó a la carrera, abandonando el camino y atravesando los sembradíos. Al detener su alocada carrera, Zhang se dio la vuelta para ver que el extraño no le perseguía, y que ya no le podía ver. Al llegar a su hogar, contó lo sucedido a todos y reunió algunos jóvenes para realizar una batida, pero el cabezón no volvió a aparecer.


Pero la historia no acaba ahí. El investigador, temiendo que se trataba de una broma, contestó la carta de Li Chun solicitándole datos más precisos y una certificación oficial. La respuesta no demoró en llegar, aunque desafortunadamente el capataz había muerto un año y medio después. Era posible, sin embargo, preguntar al nieto del difunto – un joven llamado Zhang Chuanxiu – que hiciera un escrito detallando sus recuerdos sobre el asunto. Dicho informe detallaba que el fallecido capataz había quedado muy impresionado por “la gran cabeza” del extraño, aunque “no había podido verle las orejas, ni nariz, boca u ojos, ya que la cabeza estaba cubierta por un casco”.

 El nieto detalló que tristemente, su abuelo nunca fue el mismo tras el incidente, sintiendo gran miedo siempre y temeroso a salir de su casa. Su salud aparentemente quedó minada por el encuentro  y murió en enero de 1972.

 Las oleadas de avistamientos OVNI siguieron desplazándose hacia el norte, manifestándose por fin en el Japón. A pesar de que la actividad ovni desató una verdadera “psicosis platillera” entre la población de esas islas, un caso se aparta de los demás no sólo por ser un encuentro cercano del tercer tipo (CE-III en la escala de clasificaciones del Dr. J. A. Hynek) sino por su alto cociente de extrañeza.

 Hace aproximadamente mil setecientos años, un ser extraño denominado Inu-Ningen, el “hombre perro” visitó  una colina en las cercanías de Imari, población al oeste de la ciudad de Fukoku en la isla de Kyushu, en el extremo sur del archipiélago japonés. En conmemoración de este evento, los japoneses de esa época decidieron erigirle una estatua que sobrevive a nuestros días y que supuestamente muestra al “hombre perro—una figura tosca, animalesca y encorvada, apoyada en lo que aprece ser una espada o bastón y llevando una armadura decorada. La piedra con que fué labrada no corresponde a las colinas de Imari; así que la estatua—de dos metros de alto y con un peso superior a los trescientos kilogramos (588.2 lbs.) debió haber sido arrastrada con gran dificultad hasta el sitio, aunque los arqueólogos no saben si se trta de un monumento, un conmemorativo, o una advertencia.

 El 12 de febrero de 1974, Akiko Nakayama y tres amigos de universidad se encontraban de vuelta a sus hogares en Fukoku cuando a las 21:10 horas se encontraron con un embotellamiento de tránsito totalmente inesperado. Al mirar bien, se dieron cuenta que los conductores de los vehículos frente a ellos estaban absortos, contemplando las maniobras de una serie de luces zigzagueantes por debajo de las nubes en el cielo. Pensando que se trataba de fuegos artificiales, los amigos decidieron detenerse a comprar refrescos en la aldea de Hoshimachi. Akiko se ofreció a bajarse del coche y hacer las compras necesarias y ni siquiera hizo caso de las luces anarajadas que proseguian su zig-zag casi directamente sobre su cabeza.

Ni un solo comercio estaba abierto a esas horas en la aldea, así que Akiko se puso a buscar una máquina de la que fuese posible obtener latas de refrescos. Internándose por un callejón, vio lo que pensó era una luz de neón al final – posiblemente de una máquina o de una pequeña tienda. Pero lo que le aguardaba al final del callejón cambiaría su vida para siempre. El estrecho pasadizo desembocaba en un sembradio de arroz vacio y sobre el cual pestañeaba y revoleoteaba una luz anaranjada. Debajo de la luz había dos seres de aspecto abultado y piernas cortas y gruesas que aprecían estar esperando algo. Akiko se dio cuenta de que estaba enfrentandose a algo desconocido y se dispuso a dar media vuelta y salir corriendo a toda velocidad...

Pero había una figura parada detrás de ella. Aparentemente se trataba de la tercera criatura cuyo regreso aguardaban sus compañeros con impaciencia. “Era un poco más alta que yo”, explicó la señorita Nakayama al periódico Fukunichi, “con un rostro alargado que ocupaba dos terceras partes de su cuerpo y facciones semihumanas” que sin saberlo, correspondían a las de la antigua y enignmática estatua que se erguía a unos pocos kilometros del lugar.

Haciéndose a un lado, presa del temor, Akiko vio como aquel ser caminaba con gran dificultad para reunirse con su semejantes en el arrozal seco. El objeto anaranjado en el cielo comenzó a descender hasta que los tres seres se hicieron indistinguibles por el resplandor anaranjado, que iba acompañado por un zumbido muy tenue. El objeto se elevó para unirse al enjambre de luces anaranjadas que seguían haciendo maniobras en el cielo y que deleitaban a más de 400 testigos en tierra, según señalarían los medios noticiosos posteriormente.

Akiko salió corriendo por el callejón, presa del miedo y del llanto, hasta regresar al automóvil donde sus amigos la aguardaban con impaciencia. Su encuentro cercano había durado un total de diez minutos. La testigo encontró que sus familiares y amigos no creyeron su experiencia, y que los vecinos se ensañaron contra ella. Por suerte,  el enjambre de luces visto sobre la aldea de Hoshimachi había sido presenciado por testigos de élite—la tripulación de un interceptor Grumman A-6 de los Marines, que maniobraba sobre las nubes, afirmó haber visto tres objetos resplandecientes que se alejaban de la zona en formación triangular.

La señorita Nakayama jamás había visto la estatua del Inu-Ningen ni tenía conocimiento de ella, pero al ver fotografías, confesó que el parecido entre la enigmática y milenaria estatua con el ser que pudo ver frente a ella era estremecedor. El ambiente de aquella época estaba totalmente saturado de las afirmaciones de Erich Von Daniken sobre la presencia de extraterrestres en nuestro mundo y por supuesto, la conexión entre la escultura del hombre perro y los ovnis que visitaban Japón en aquel momento no tardó en aparecer. ¿Existía semejante nexo? ¿Habían vuelto los aliens a visitar una zona del planeta que les había atraído hace unos mil setecientos años, y que había resultado en la conmemoración de su visita por la antigua cultura japonesa? El Inu-Ningen sigue ahí – reservando sus secretos, como su prima la Esfinge.

De nuevo con los militares...

Los ovnis siempre han manifestado un interés especial en los conflictos bélicos humanos, ya sea como seres extraterrestres que estudian las guerras de una cultura primitiva, como afirman algunos, o como criaturas que se nutren de la energía generada por las muertes violentas en el campo de batalla, como señalan otros. Cabe señalar que las guerras frías y las tensiones generadas durante las mismas también parecen ser de su interés o agrado, a juzgar por la actividad anómala que se produjo sobre una de las regiones políticamente más tensas del mundo: la península coreana.

Desde la guerra de Corea en la década de los ’50, la montañosa y fría península coreana se ha visto dividida en dos estados, Corea del Norte, comunista y dominada por una dictadura inmisericorde, y Corea del Sur, estado moderno de gran importancia estratégica. Potencias militares y económicas – China, Rusia y Japón, rodean la península y ejércitos patrullan la línea divisoria entre las dos repúblicas, una frontera volátil en donde puede desatarse una guerra en cualquier momento si llegara a malinterpretarse alguna señal del lado contrario.

El 11 de noviembre de 1973 una torpedero perteneciente a la marina surcoreana surcaba las tormentosas aguas del Mar Amarillo con la misión de interceptar cualquier embarcación norcoreana que osase transpasar el mar territorial de la republica sureña.  Repentinamente, el radarista de la embarcación anunció al capitán que se les acercaba un objeto: posiblemente un interceptor norcoreano con la misión de hundir la nave. El supuesto avión militar se acercaba al torpedero a velocidades supersónicas y a no más de 100 pies por encima de la mar embravecida.

La tripulación del torpedero estaba paralizada: su velocidad era insuficiente para huir del interceptor y alcanzar la seguridad del puerto de Inchón. No les quedaba más remedio sino aguardar a que el avión norcoreano disparase sus proyectiles contra ellos...

Pero el objeto voló directamente sobre el torpedero, y los tripulantes pudieron ver que no se trataba de ningún avión ni helicóptero, sino “un objeto metalico calentado casi hasta el punto de fundición; un color rojo cereza emanaba de superficies que eran lisas y uniformes. El objeto tenía la clásica forma de platillo—un objeto chato y redoneado con una prominencia en su centro,” según el informe que redactaría el escritor Raymond Drucker para el ejemplar de junio de 1976 de la revista SAGA.

El torpedero intentaba regresar a su puerto a una velocidad máxima de quince nudos por hora mientras que el extraño aparato lo seguía a una distancia prudente aunque cambiando posiciones frecuentemente. Al paso que el buque patrulla se acercaba a la costa coreana, el objeto sencillamente desapareció.

La incómoda presencia del fenómeno ovni en una zona de alta sensibilidad militar se remontaba hasta la guerra coreana de 1950-1953, con apariciones posteriores, como los cuatro objetos capturados por los radares de la estación Pyongtaek a 67,000 pies de altura en 1959, desplazándose a velocidades imposibles para los aviones de la época. En 1968, coincidiendo con la guerra en Vietnam y la captura del buque espía USS Pueblo por Corea del Norte, luces rojas sobrevolaron la “zona desmilitarizada” – la demarcación entre el norte y el sur en grupos de tres y cuatro, contra las que se abrió fuego repetidas veces.

Tal vez el caso más sensacional de la presencia ovni en la peninsula coreana sea al caso sucedido el 11 de marzo de 1974, cuando el sargento Yong Hwang, de guardia en un depósito de vehículos en Yongdongpo a a las 01:30 horas cuando la voz de otro centinela irrumpió por la radio que el sargento llevaba en el cinturón. El centinela exclamaba con gran azoro que “había algo en el cielo” a más de mil pies de distancia, al final de una larga hilera de vehículos militares. Hwang salió a investigar y pudo ver con sus propios ojos una refulgente forma cilíndrica, del tamaño aproximado de un camión, que se cernía sobre un sembradío de arroz. El sargento prohibió terminantemente que el centinela abriese fuego contra el intruso, que permanecía inmovil, y se dispuso a meterse en su Jeep para aproximarse al objeto fusiforme.

Al paso que el coche militar se acercaba al objeto – con los faros prudentemente apagados – el ovni comenzó a alejarse. El sargento Hwang no tuvo dudas en ningún momento de que el vehículo estaba bajo control inteligente, y aceleró la marcha para perseguirlo. El cilindro resplandeciente seguía alejándose, como si estuviera consciente de estar jugando un juego de gato y ratón. Hwang hundió el acelerador del Jeep hasta el piso, conduciendo a 120 kmh, dispuesto a alcanzar el intruso a toda costa. Pero el mal estado de la carretera causó que el coche militar se saliese del camino para estrellarse en la cuneta. Herido y con pérdida de conocimiento, Hwang no descubriría hasta mucho más tarde – en el dispensario militar – que el cilindro había sido avistado a las 01:56 hrs. por elementos militares nortearmericanos y posteriormente rastreado por el radar militar de Kimpo.

Treinta años después

Los casos que hemos visto hasta el momento corresponden a la actividad ovni que correspondió a las oleadas de la década de los ’70, cuando el fenómeno estaba a la orden del día en la mayoría de los países del mundo. Aunque se seguirían produciendo casos espectaculares – el avistamiento de un gigantesco ovni en China en la década de los ’80, el encuentro entre un avión de linea de la Japan Air Lines y una “nave nodriza” sobre Alaska en 1986 (*) y otros casos más – estos no tendrían la trascendencia de los casos de anteriores. La actitud hacia el fenómeno ovni en estos países es marcadamente distinta a la de occidente: en 1992, la China UFO Research Organization (CURO), afiliada a la China Association for Science and Technology, podía jactarse de tener 3600 miembros formales y casi cuarenta mil ayudantes de investigación – cifras casi inimaginables para BUFORA en el Reino Unido o MUFON en EE.UU.  En enero del 2000, el exministro de aviación de la república china aseveró que la frecuencia de los avistamientos sobre los grandes centros de población de su país había resultado en que se le prestara una atención “muy seria y cuidadosa” al fenómeno ovni. El interés oficial del gobierno chino a través de estos organismos paraestatales ha causado preocupación en occidente, como puede apreciarse en un documento desclasificado de la Defense Intelligence Agency, que informa sobre la reunión nacional de la CURO celebrada el 16 de abril 1992 y el respaldo gubernamental hacia dicha actividad.

La postura japonesa sobre el fenómeno ovni es más contradictoria, debatiéndose entre el hermetismo y la promesa de dar a conocer “todo lo que sabe” sobre los no identificados. En 1993, Johsen Takano, delegado japonés al grupo SEAT (Society for Enlightenment and Transformation, afiliado a la ONU), leyó una misiva del vicepremier de su país, prometiendo que el gobierno japonés estaba a punto de dar pie a una serie de reformas que cambiarian el destino de la humanidad con la divulgación de “todo lo que se sabía sobre los OVNI”. La prueba fehaciente de esto sería el establecimiento de un museo OVNI en Hakui City para concientizar al pueblo sobre el gran enigma de los cielos, pero el museo se vio envuelto en controversias y el proyecto, a pesar de haberse concretado, resultó ser una fuente de desilusión para investigadores ovni en todas partes del mundo.

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(*)El capitán Terauchi afirmó aver visto un la enorme nave nodriza, diciendo que la brillantez el objeto era tal que la cabina de vuelo se inundó de luz. Las consecuencias de su afirmación tuvieron malas consecuencias para el ex aviador militar, y posteriormente dijo que había visto “a Venus o Júpiter”.

Saturday, June 27, 2020

Verano: OVNIS, monstruos y situaciones tenebrosas








Verano: OVNIS, monstruos y situaciones tenebrosas
Por Scott Corrales (c) 2010


En la versión americana de su libro Anatomy of a Phenomenon, Jacques Vallée presenta una situación hipotética en la que los súbditos de un reino medieval presencian luces extrañas en el cielo – pensemos en los fenómenos que nos describía Gregorio de Tours – que les llenan de consternación. Ni el rey ni sus sabios saben la forma de tranquilizar a la población, hasta que el gracioso de la corte dice abiertamente (The Scientific Problem, página 127): --¿De qué nos sirve mirar hacia arriba, cuando las mujeres bonitas están abajo? El campesinado recapacita, se ríe, y hay una explosión demográfica en meses futuros…


Sirva esta amena ficción del gran ufólogo como preludio al tema de la cantidad de avistamientos ovni que se producen en el verano. Aunque puede resultarnos obvio – buen tiempo, días largos, menos gente encerrada en sus casas – la archivista Cassidy Nicholas de MUFON ha localizado memorandos de la CIA que comprueban el alza en los avistamientos de verano desde 1949. Las cifras marcan un incremento considerable entre los meses de mayo y agosto. Entre otras causas se puede argumentar que las películas taquilleras y relacionadas con el espacio suelen lanzarse en el verano, cebando la mente del espectador para confundir las luces de una  torre de radio con un vehículo de procedencia desconocida. Uno de los mensajes del servicio de inteligencia incluye una gráfica que pregunta: “¿Acaso ha comentado alguien sobre la curiosa distribución de las observaciones? ¿Existe algún factor de locura veraniega? ¿Asteroideos prominentes en la temporada? Etc. etc.”


El 31 de julio de 1960, los bañistas en la playa de la californiana Malibú contemplaron "un objeto del tamaño de una toronja" con larga cola verde, avistamiento dado a conocer a la policía. Se recibieron llamadas de Los Angeles, San Gabriel y Lancaster en las inmediaciones de la base Edwards de la fuerza aérea. Días antes, el 19 de julio de 1960,  un objeto de descripción parecida cruzo los cielos de San Louis, Missouri a eso de las 21:30 horas. Los intentos por descartar este intruso como un mero globo sonda fueron infructuosos, puesto que el negociado del tiempo afirmó no haber lanzado ningún artilugio semejante. Cientos de personas se comunicaron con el periódico Globe Democrat y la policía para dar parte sobre este objeto que interrumpía el sosiego de la noche de verano. Un portavoz de la USAF, dijo que 'lo más probable' era que el público había visto algún bombardero repostando combustible en las altura. Otra explicación sumamente conveniente.

Pero, ¿podía la USAF desmentir lo siguiente? El 22 de julio de 1960, el periódico Miami Herald (prestigioso rotativo de dicha ciudad) hizo a sus lectores partícipes de un evento singular en la página catorce: noches antes de esta fecha, una nube brumosa de núcleo brillante se dejó ver sobre Miami, causando un apagón – fenómeno asociado a menudo con los ovnis en aquel entonces. La policía recibió una llamada insólita: el populacho estaba persiguiendo un “astronauta” cuyo casco contenía “matices dorados” a lo largo de la avenida Collins de dicha ciudad, entre las calles 73 y 75, para más señas. Para cuando llegaron los agentes de la ley, el extraño personaje había desaparecido. Más raro aún, los investigadores de la organización APRO comprobarían que la nota de prensa también desparecería de la editorial. El incidente se tornaba aún más curioso al considerar, a juicio de APRO, “la similitud de este evento con otro parecido en Brasil ocurrido un mes antes”.


En la noche del 21 de julio de 1.977, tres miembros del departamento de policía de Bradford, Pennsylvania (EUA) llegaron a la manera en que dos objetos luminosos volaban a baja altura sobre la ciudad en dirección hacia el cementerio de Oak Hill. Esa misma noche, un ovni triangular con luces blancas y rojas fue visto sobre Limestone, Nueva York (a cinco millas de distancia). A la misma vez que se producían los avistamientos, sucedía otro misterio que no podía explicarse con facilidad: "señales de radio no identificadas", transmitidas mayormente en un idioma parecido al español, que abrumaban las ondas radiales de la localidad e interferían con las comunicaciones de los departamentos de bomberos y de policía. Algunos expertos locales intentaron explicar el fenómeno como "saltos radiales" (radio skips, en inglés), jamás se ofreció una explicación sobre las anomalías radiales. Cabe señalar que el investigador John A. Keel investigó casos durante los años '60 en los que "transmisiones en un idioma desconocido, parecido al español" irrumpían en los radiorreceptores domésticos y automotrices.

El verano también es para los monstruos

Corría el mes de julio de 1989 y Suzanne Ocheltree, la joven gerente de un McDonalds en la comunidad de Sago, estaba a punto de cerrar el establecimiento con cuatro de los empleados que eran sus amigos. Este grupo a menudo se dedicaba a hacer camping en las cercanías e investigar las maravillas naturales de su estado. Sin más, Ocheltree y sus amigos decidieron ir a dar una vuelta por Red Rock Road al oeste de la población de Buckhannon a la 1 de la madrugada.

Entrevistada para el libro West Virginia UFOs (1994) Ocheltree recuerda que antes de ponerse en camino, se sintió invadida por una sensación de temor, segura de que “algo terrible les iba a suceder” si se empeñaban en visitar dicho sector a esa hora. Sus compañeros trataron de calmar su preocupación y el grupo se bajó del coche al llegar al prado dominado por una antigua granja abandonada.

“Sabes que ahí espantan”, dijo uno de los chicos de su grupo jocosamente, dirigiéndose hacia la estructura que apenas podía verse en la oscuridad. Entre risotadas y comentarios de mal gusto, el resto del grupo subió la cuesta hacia la destartalada granja. Suzanne se había resistido inicialmente a formar parte de la expedición a la ruina, pero prefirió no quedarse sola al lado del coche.

“Fue entonces que escuché como regresaba corriendo el chico que se había adelantado al resto del grupo”, explicó la mujer al investigador Bob Teets. “Volvió corriendo con el rostro blanco y los ojos desorbitados, gritando que algo lo perseguía, que le pisaba los talones. Todos miramos a la dirección indicada y pudimos ver una forma oscura, de unos dos metros de alto, con la forma de un hombre alto. No podía vérsele la cara,pero tenía unos enormes ojos de color verde fosforescente”.

Los cinco visitantes dieron la vuelta y echaron a correr, saltando sobre verjas derrumbadas y evitando obstáculos que eran casi imposibles de ver en la oscuridad. Mientras que huían, explicó que la sombra negra parecía seguirlos, aunque sólo resultaba posible ver los enormes ojos verdes.
Internándose en el coche y abandonando el lugar maldito a toda prisa, Suzanne Ocheltree recuerda que hicieron el viaje de vuelta al estacionamiento del McDonalds en absoluto silencio, pero al llegar a su destino, ella no pudo sino exclamar que no podía bajarse del coche sin saber primero que todos habían visto lo mismo que ella. “Verdaderamente no sabemos lo que fue, pero sentimos miedo, mucho miedo. Había una sensación de maldad en la zona...después del incidente, llegué a escuchar relatos sobre adolescentes que realizaban prácticas satánicas en la región. Se dijo que las paredes de la granja arruinada ostentaban emblemas satánicos y que la policía tuvo que investigar”.

La experiencia de Susan Ocheltree no es única. Otras personas en otras partes del mundo que han entrado –sin saberlo—en lugares empleados para prácticas de magia negra se han encontrado a menudo con “guardianes” de corte sobrenatural que parecen vigilar la zona. En este caso, el protector de los secretos de la granja abandonada lo era una sombra negra...

La noche del 1 de julio de 1981, dos miembros de la familia Roberts montaban guardia en el techo de su casa. Desde semanas antes, los granjeros habían sufrido la muerte de sus animales a manos de los gigantes peludos conocidos como “piegrande”, “sasquatch” y toda una gama de nombre. Mientras que los vigías se apoyaban contra la chimenea para no caerse, se produjo un fenómeno de alta extrañeza que dejaría cortas las manifestaciones de los gigantes peludos.

Cuatro luces redondas, que cambiaban de color e intensidad, se paseaban entre la arboleda lejana, guardando el aspecto de enormes tanques de petróleo, emitiendo luces que podían alumbrar una zona de aproximadamente una hectárea como si fuese de día. Los gritos aterradores “de mujer”, como los clasificarían Roberts y sus hijos, comenzaron a escucharse casi enseguida. Peor aún – los defensores podían ver siluetas negras corriendo entre los árboles, siluetas de ojos rojos.

Los defensores abrieron fuego. Cada impacto de bala hacía que las siluetas emitiesen gritos, pero sin surtir efectos letales. Las siluetas acusaban el impacto y salían corriendo, gritando, para refugiarse en la arboleda.

En un momento determinado, Roberts y su aguerrida familia percibió algo extraño. Uno de sus caballos parecía haberse escapado y estaba en medio del campo, cerca de las siluetas. Presos del temor, los granjeros se apuraron a revisar si otros animales habían escapado de establo, pero no era así.  La silueta oscura con forma de caballo no era más que uno de “ellos”, haciéndoles creer que una de las bestias del establecimiento rural se había escapado.

Cargando sus escopetas de nuevo, los defensores abrieron fuego contra el caballo impostor, que emitió un grito y un gruñido, corriendo para refugiarse en la parte noroeste de la granja.
Dennis Pilichis, el investigador forteano que acabaría por convertirse en el cronista de la historia de Roberts y su asedio paranormal, escribiría lo siguiente en el monográfico The Night Siege-The Northern Ohio UFO-Creature Invasion (1981):

“Es digno de notarse que durante todas estas correrías en la noche, un objeto volador sobrevoló la granja a unos 200 pies de altura. Tenía la configuración de una caja de cigarros. Los miembros de la familia que estaban apostados en el tejado en aquel momento observaron que tenía luces azules a su derredor con una luz roja más brillante en su centro. El objeto parecía provenir de las profundidades del bosque, pasando sobre la arboleda, volando lentamente sobre la granja y cruzando la calle hacia el suroeste, pasando sobre los maizales...el padre disparó contra el objeto mientras que volaba sobre sus cabezas, apuntando hacia la luz roja. Creyó haber escuchado el sonido de una bala que hacía impacto contra algo hecho de vidrio. El objeto siguió volando sin haber acusado daño alguno, salvo que la luz roja ya no podía verse. Ningún miembro de la familia recuerda haber escuchado sonidos provenientes del aparato y están seguros de que no se trataba de ningún avión o dispositivo hecho por la mano del hombre”.

Durante las semanas de julio de 1981, Pilichis se convertiría en la única persona interesada en el caso de los Roberts y en prestarles ayuda, documentando las extrañas huellas halladas en los predios mediante fotografías en película de 35 mm y haciendo moldes de escayola de pisadas de dos, tres y cinco dedos. Acompañado por otro investigador – Jim Carnes, natural de Mecca, Ohio – Pilichis llegó a participar en la defensa activa de la granja y a presenciar los “ojos rojos” de las siluetas, que a veces emitían extraños resplandores blancos.

El silencio de los aparatos  extraños

El 13 de julio de 2001, un periódico británico publicó la extraña noticia de un acontecimiento extraordinario: un enorme dirigible rígido de procedencia desconocida había aparecido sobre el puerto de Liverpool la semana anterior. A las 11:00 a.m. del 3 de julio, docenas de testigos dirigieron sus miradas al cielo para presenciar un objeto fusiforme, como un cigarro plateado. La mayoría de los testigos aquél cálido día de verano coincidieron en que el objeto se había materializado de la nada. Una mujer afirmó haber visto la enorme sombra proyectada por el objeto sobre la tierra, ya que era un día soleado. Cuando se les preguntó por la descripción, la mayoría de los espectadores coincidieron en que parecía un zeppelín o dirigible.

Las dimensiones del objeto desconocido se calcularon en unos 300 pies de proa a popa (aunque otros manifestaron que el intruso era mucho más pequeño, con una longitud total de ciento cincuenta pies). Las autoridades locales y los controladores de tránsito aéreo en Liverpool se vieron inundados de llamadas provenientes de ciudadanos preocupados. El intruso representaba un problema importante para los funcionarios del aeropuerto, ya que representaba un problema potencial para los vuelos comerciales que pretendían despegar o aterrizar en la región. A pesar de todo esto, el dirigible fantasma no podía ser captado por los radaristas, aumentando la preocupación.

La nota de prensa informaba que las redacciones y estaciones de radio en todo Liverpool recibieron tantas llamadas al respecto que las centralitas no se daban abasto. El dirigible fantasma volaba a alturas tan bajas que los oficinistas en los rascacielos podían verlo casi al ras de los edificios. Una empleada, temiendo la inminente colisión con el objeto, salió corriendo de su oficina escaleras abajo. Pero quienquiera que haya estado al mando del enorme aparato pudo esquivar el edificio y hacer que su nave se alejara flotando. Otros informes indicaron que el aparato fue percibido en una multitud de ciudades inglesas, la última de ellas siendo Blackpool, donde se le vio volando a una milla de la costa a eso de las ocho de la noche.

Thursday, May 21, 2020

Avión de Pasajeros y Nave Nodriza con OSNI



Avión de Pasajeros y Nave Nodriza con OSNI
Por Donald R. Todd
Boletín APRO Abril 1978


Walt Hammel (seudónimo), de 48 años de edad, es un piloto para TWA. Luego de un encuentro previo comunicado a la FAA, que resultó en hostigamiento por la empresa de aviación y otras autoridades, Hammel ha jurado nunca dar parte sobre un ovni de nuevo. Por suerte, ha depositado su confianza en APRO y mi confidencialidad y discreción.

El 22 de diciembre de 1977 a las 11:40 p.m., el capitán Walt Hammel y el teniente Slim Dickson salieron del Aeropuerto Internacional Logan de la ciudad de Boston (ambos nombres son seudónimos).

A las 4:45 pm el Viernes, 23 de diciembre de 1977, el capitán Hammel se comunicó conmigo para dar parte sobre su encuentro ovni. A las 5:30 p.m., el capitán Hammel y yo nos reunimos en el restaurante Pagoda Chinese en North Kingston, Rhode Island, y el capitán narró lo siguiente:

"Estábamos a unas seiscientas millas sobre el Atlántico a 21,000 pies de altura, de regreso a Logan. El estado del tiempo era bueno salvo por algunas nubes dispersas bajo nosotros. Eran las 11:40 p.m. y tenía aun tipo llamado Slim Dickson de copiloto. Acabábamos de tomarnos una taza de café y Slim había colocado la suya en el tablero cerca de su codo derecho. Al colocar la taza, miró a lo que sería la posición entre la una y la dos en el reloj, y me agarro repentinamente del brazo.

"Reflexivamente me di la vuelta para mirarlo, y pude ver una riada de luces parpadeantes que venía hacia nosotros desde estribor, justo al frente, y tal vez cincuenta pies por debajo del avión. Repentinamente, Slim y yo nos dimos cuenta que aquello, fuese lo que fuese, se movía de prisa, y demasiado cerca de nosotros. Parecía estar a punto de cruzar frente a nosotros, o estrellarse. ¡Y era enorme!

"Apliqué fuerza, levanté el morro del avión y oré que nos fuese posible subir por encima de aquella cosa. Justo en el momento que ascendíamos, esa cosa ascendió directamente, realizó un viraje imposible de ángulo derecho, y comenzó a seguirnos. No hay NADA que pudo haber ejecutado semejante maniobra - digo, fue casi un viraje bidireccional simultáneo - hacia arriba y a la derecha, ¡sin mencionar hacer casi una parada en seco!

"No pudimos detectar sonido alguno, ni ver hélices, ni chorro, ni escapes. En su centro había muchas luces parpadeantes. Una vez que nivelamos el vuelo, aquello se mantuvo a la derecha y pudimos observarlo. Pero no pudimos distinguir ningún perfil ni forma, pero era posible determinar que era circular por sus luces.

"Las luces eran mayormente blancas," y en este momento Walt Hammel sonrió. "Esto te hará reír y suena a locura, pero, ¿sabes a qué me recordó? Me hizo pensar en una galleta Oreo". Hammel hizo un círculo con sus manos. "Había una luz roja parpadeante sobre aquella cosa y las luces parpadeantes y plateadas estaban en su alrededor. Es decir, había oscuridad entre la luz roja de arriba y las luces blancas del medio, y luego oscuridad debajo de estas.

"A rato aquello ascendió de nuevo y pudimos ver otra luz roja parpadeante en el fondo. Así que era oscuro por arriba y por abajo, y las luces plateadas y blancas estaban en el medio. Me hizo pensar en una galleta Oreo".

"Y parecía como que había una luz de color rojo-violáceo a cada docena de luces, y entre ESTAS, una luz azul. Pero todas parpadeaban de forma intermitente.

"No tengo reparos en decirte que estaba nervioso. Slim estaba blanco como un papel de fumar y espantado. Se me ocurrió de repente... ¿y si los pasajeros están viendo esa cosa? ¿Qué es lo que les voy a decir? No quiero que se forme un pánico allá atrás, así que llamé a la azafata. Cuando contestó le pregunté que como estaba todo allá detrás. Me contesto: "Todo bien. ¿Por qué lo preguntas?" y le dije, "nada, sencillamente confirmando". Pensé que si ella no mencionaba aquello allá afuera, entonces ningún pasajero lo había detectado. Era posible que el objeto estuviera fuera de su línea de vista.

"Ahora es que viene lo escabroso del asunto. Mientras que mirábamos el OVNI, otra cosa brillante cayó del objeto. Aquella maldita cosa cayó del objeto. Aquella maldita cosa parecía un anillo de humo de color verde neón. Se dejó caer del OVNI más grande hacia el mar... ¡y se sumergió! Presenciamos la manera en que el círculo verde entró al agua, y luego desapareció.

"Segundos después caerían dos anillos verdes más. El segundo cayó y se zambulló como el primero, pero el tercero cayó y salió disparado directamente, desapareciendo hacia la costa. Resultaba difícil acertar su tamaño, pero tras unas cuantas cervezas, Slim y yo finalmente decidimos que el objeto GRANDE debió haber tenido un diámetro de 100 pies o más. En contraste, los más pequeños tendrían unos 20 pies de ancho.

"Creo que el OVNI grande nos siguió unos 20 minutos, y de repente las luces en su centro comenzaron a apagarse en grupos - no en bancos de digamos, seis u ocho por hilera, sino seis u ocho luces individuales a la vez, como si alguien adentro estuviese apagando conmutadores. Las luces rojas parpadeantes arriba y abajo se apagaron, dejando tan solo algunas luces azules en el medio.

"Al paso que nuestros ojos se acostumbraban de nuevo a la oscuridad, nos era posible distinguir vagamente la silueta de aquello, como dos platos soperos invertidos y conectados. Nos era posible distinguir una niebla verdosa que emanaba de lo que parecían ser ventanillas trapezoidales.

"Nuestros ojos se enfocaron sobre las ventanillas y el objeto asumió una corona azul, saliendo disparado hacia adelante como un gato malherido, no dejando nada frente a nosotros sino una estela azul. Es lo más raro que haya visto jamás. Cuando finalmente llegamos al aeropuerto Logan, creo que hice rebotar el avión varias veces sobre la pista, de lo nervioso que estaba".

[Traducción de Scott Corrales para Arcana Mundi, 2020]