Saturday, October 10, 2026

11 de octubre de 1973: El Caso Pascagoula (EC-3)

 

El Caso Pascagoula

Por Scott Corrales, Inexplicata/Arcana Mundi

© 2012

 No fue sino hasta 1975 que vine a tener conocimiento del famoso “caso Pascagoula” – el secuestro de dos pescadores, Calvin Parker y Charles Hickson, de un muelle en el transitado puerto de Pascagoula, Missouri, en el sur de los Estados Unidos y en aguas del Golfo de México. El furor nacional creado por el caso (y que introduciría a Carl Sagan a un público televisivo de millones) ya había mermado, pero había sucedido algo mejor: el matrimonio de Ralph y Judy Blum, periodistas ambos, había publicado su libro “Beyond Earth” que ampliaría todos los detalles del caso. Libro que aún ocupa un lugar de honor en mi biblioteca.

 Desde hace varios años, Travis Walton, el protagonista de otro supuesto secuestro en las afueras de Snowflake, Arizona, viene dictando conferencias en todas partes del mundo, manteniendo vivo el recuerdo de su odisea. Pero el caso Pascagoula es uno de los más inquietantes, tal vez el hecho de que uno de los protagonistas se negó rotundamente a abordar su experiencia debido al traumatismo que experimentó después del evento, con secuelas que subsisten cuarenta años después.

 Una noche tranquila en el sur de EE.UU.

 El 11 de octubre de 1973, Hickson y Parker decidieron irse de pesca desde uno del muelle de uno del astillero Shaupeter, estructura abandonada a las orillas del río Pascagoula, cuando escucharon un zumbido inusual, y más porque era emitido por un objeto “con forma de pelota de fútbol americano” sin remaches y de más de quince metros de largo que pasaría a descender a varias docenas de metros de los atónitos espectadores sobre una masa de coches abandonados, equipo en desuso y escombros. Como si de una película de ciencia-ficción se tratara, una especie de portezuela se abrió en el objeto para permitir la salida de tres seres extraordinarios – y un tanto espeluznantes – que dirigieron hacia Hickson y Parker, flotando en el aire.

 Hickson se había desempeñado como jefe de obras en el astillero Walker & Sons por más de un año antes de producirse el incidente. Tenía cuarenta y dos años al momento de producrise el encuentro con lo desconocido, y era considerado como un hombre digno de fiar y sumamente mesurado. Calvin Parker tenía apenas diecinueve años de edad y era hijo de unos amigos de familia de Hickson, quien le había conseguido empleo en el astillero.

 Los seres, según la descripción ofrecida por los testigos, tenían piel gris y arrugada, patas como las de un elefante, brazos que acababan en pinzas y sin rostro aparente aparte de protuberancias que ocupaban el lugar donde se encontrarían las orejas y la nariz de un ser humano. Dos de estos seres se colocaron a cada lado de Hickson, tomándolo de los brazos e impartiéndole una sensación de electricidad que le hizo sentir una parálisis inmediata. Parker, incapaz de absorber la experiencia que estaba viviendo, se había desmayado, y el tercer personaje lo sostenía. En este momento, Charles Hickson no sabía si estos seres tenían pensado matarlos o llevárselos para siempre.

 


Bajo el poder de estos seres, los dos pescadores fueron trasladados al interior de la nave, donde fueron sometidos a una especie de examen físico realizado por un gran “ojo” que se desplazaba en el aire sobre su cuerpo, que flotaba en el aire. “No hay otra forma para describirlo”, aseveraría Hickson durante entrevistas posteriores. “Parecía un ojo. Un ojo muy grande, con una especie de conexión. Un ojo muy pero que muy grande. y recorrió muy cuerpo. Luego me dejaron ir”.

 Hickson trató de pedirle a los seres que no se lo llevaran a otro planeta, pero no podía mover los labios. Dentro de poco, sintió que los seres lo transportaban al exterior de la nave. Una vez fuera, las criaturas lo soltaron y Hickson cayó de bruces, incapaz de hacer uso de sus piernas. En ese momento, sin embargo, pudo ver que el joven Calvin Parker ya estaba afuera, de pie pero con los brazos extendidos como un sonámbulo y en un estado de shock total.

 El objeto comenzó a emitir el zumbido que había anunciado su llegada y a pesar de su mal estado, Charles Hickson alcanzó a ver que ahora emitía destellos azulados antes de desaparecer; también llegaría a escuchar una voz en su cabeza que le decía: “Somos apacibles. No era nuestra intención lastimarte”.

 


Profundamente afectados por la experiencia, Hickson (cuyas piernas le funcionaban a esta altura) y Parker lograron meterse en su coche, haciendo lo posible por calmar sus crispados nervios por casi una hora. Una botella de whisky que llevaban consigo les ayudó a calmarse mientras que pensaban en lo que iban a hacer – aunque valerse de este remedio les acarrearía más problemas a la postre.

 Los pescadores decidieron salir del astillero abandonado y dirigirse al primer teléfono público que pudiesen hallar en la carretera. Insertando una moneda temblorosamente en la ranura, Hickson logro que la operadora le conectara con la base Kessler de la Fuerza Aérea, a sesenta kilómetros al oeste de Pascagoula. L declararon tajantemente que su rama del servicio militar no se dedicaba a los ovnis, y que lo correcto era llamar a la oficina del comisario local. Sin otro remedio, los pescadores fueron en persona a la oficina del comisario del condado de Jackson, trayendo consigo los bagres que habían sacado del río para constatar su experiencia.

 El comisario Fred Diamond, detectando la presencia de alcohol en el aliento de los dos pescadores, no dudó a probarlos con el alcoholímetro, posteriormente dejándolos solos (con una grabadora encendida, a sabiendas de los testigos) para ver si se delataban. Pero al contrario de lo que se podría esperarse de unos confabulados, la grabación solo captó la desesperación de dos personas que habían tenido una experiencia totalmente desconocida. Una de las expresiones vertidas por Hickson y captadas por el magnetófono ha pasado a convertirse en un clásico de la ufología: “No nos van a creer. Lo creerán un día de estos. Tal vez sea demasiado tarde. Siempre pensé que había gente de otros mundos allá arriba. Siempre lo supe. Pero nunca pensé que me sucedería a mí...”

 Por su parte, el nervioso Calvin Parker comparaba la forma en que se le habían congelado los brazos como “haber pisado una serpiente de cascabel”.

 Se nos hace difícil imaginar la clase de noche que habrán pasado ambos hombres en sus respectivos hogares, pero el hecho es que se personaron a su trabajo en el Astillero Walker y no hablaron del asunto con nadie. Pero recibieron una llamada del comisario, conminándolos a ir enseguida la comisaría, que estaba abarrotada de reporteros que se habían enterado del asunto. El propietario del astillero les aconsejó conseguir un abogado, recomendando a su cuñado, el licenciado Joe Colingo. Ahora con representación legal, los pescadores pidieron al comisario Diamond dos cosas: que les sometiera al detector de mentiras y un análisis para comprobar que no habían absorbido cantidades excesivas de radiación durante el secuestro.

 El abogado Colingo y uno de los alguaciles trasladaron a los protagonistas del secuestro a la base Kessler, donde médicos de la Fuerza Aérea les sometieron a un examen médico total para determinar si ambos habían sido irradiados. Aquí se produjo un detalle interesante: el funcionario de inteligencia militar se interesó en el caso y procedió a interrogarlos sin dar mucha importancia en los pormenores de la experiencia hasta que Hickson mencionó que los “ovninautas” tenían “manos como garras”. Esto hizo que el interrogador, y un coronel que estaba presente durante el proceso, intercambiaran miradas.

 La realidad sencilla que hasta entonces habían conocido los dos pescadores de Mississippi había cambiado para siempre. Además de los cientos de periodistas que se dieron cita en Pascagoula, las grandes organizaciones ovnilógicas del momento comenzaron a darse cita en el pueblo. James Harder de la APRO y J. Allen Hynek tomaron cartas en el asunto, y el primero trató de hipnotizar a los testigos infructuosamente. Calvin Parker acabaría hospitalizado con una crisis nerviosa a raíz de la atención prestada al caso.

 


0 Comments:

Post a Comment

<< Home