Aterrizaje OVNI en Port Coquitlam, Canadá (1974)
El 16 de agosto de 1974, aproximadamente a las 19:30 horas, David Bates (de siete años) y los hermanos Steven (nueve) y Henry Stillie (siete) jugaban en la orilla del río Coquitlam, en Port Coquitlam (Columbia Británica), cuando vieron una nave con forma de plato invertido que aterrizó en una zona de grava, a unos 60 metros (200 pies) al norte del puente ferroviario de Canadian Pacific que cruza el río. Informaron del incidente a sus padres y a una vecina, la señora Lola Rogers; esta inspeccionó el lugar a la mañana siguiente y halló dos extraños círculos negros sobre la grava. Los niños relataron que el objeto sobrevoló el río a las 19:30, se detuvo, cambió de dirección y comenzó a descender hacia un claro junto al río. Observaron la escena desde un punto situado a unos 45 metros (150 pies) del lugar. Describieron que la nave presentaba marcas, emitía un zumbido al descender y expulsaba una ráfaga de aire caliente al posarse en tierra. Los tres describieron el objeto como un artefacto con forma de plato que tenía una protuberancia cuadrada en la parte superior —en la que parecía haber una puerta— y luces que, al parecer, cambiaban de rojo a verde y a blanco. La señora Rogers afirmó haber caminado por la zona en varias ocasiones antes del avistamiento y aseguró que las manchas negras no estaban allí entonces. Los niños no vieron la partida del objeto, ya que, asustados, corrieron a refugiarse en la casa. Estimaron que el tiempo total de observación —desde que vieron el objeto cruzar el río hasta que abandonaron el lugar— fue de unos diez minutos. Tras interrogar a los niños, el investigador de campo R. J. Halishoff señaló que el único punto de discrepancia entre ellos se refería a una luz intermitente situada en la parte superior del objeto. Los hermanos Stillie creían que se trataba de una luz roja intermitente, mientras que David Bates opinaba que la luz cambiaba de color. David Bates también mencionó una hilera de luces alrededor de una abertura en la parte inferior —que ellos interpretaron como un orificio de escape—, mientras que los hermanos Stillie dijeron que aquello parecía una "cadena brillante". El matrimonio Stillie relató que, cuando los niños llegaron corriendo a casa, estaban muy asustados; presentaban la mirada perdida y el rostro pálido mientras contaban su experiencia. La señora Rogers, quien acompañó a los muchachos al lugar a la mañana siguiente, comentó que había un olor nauseabundo a material quemado, muy parecido al de las cenizas de una chimenea. Relató que recogió una piedra en aquella mancha negra; esta le manchó la mano y requirió una semana de fregado diario para eliminar la mancha. Admitió que no había creído la historia de los muchachos hasta que visitó el sitio, aunque reconoció que ellos nunca antes habían hecho bromas de ese tipo. El señor Halishoff no se enteró del incidente hasta un mes después de que supuestamente ocurriera; al excavar en la gran mancha —de unos 1,68 metros (5 pies y 6 pulgadas) de diámetro—, descubrió que el residuo negro se encontraba a unos 10 centímetros (4 pulgadas) bajo la superficie, por lo que dedujo que la lluvia había arrastrado el residuo superficial hacia el subsuelo. Fue una lástima, ya que se considera que un examen más temprano del material podría haber aportado información relevante. No obstante, el análisis del material se limitó a indicar que la piedra y la grava habían sido sometidas a un calor intenso.
(Cr: Jim y Coral Lorenzen, Flying Saucer Occupants)



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