Tuesday, March 02, 2010

La luna y la "civilización disidente"








Los que recuerden el proyecto Apolo y la llegada de los astronautas a la Luna – cosa que parece digna de la ciencia-ficción para los lectores más jóvenes – también recordarán la controversia sobre la supuesta presencia de otras inteligencias en nuestro satélite, y el intercambio entre el agitado Buzz Aldrin y el centro de control de vuelo en Houston: “¡Señor, estas cosas son enormes! ¡Enormes! ¡DIOS MIO, usted no lo creería! Le digo que hay otras naves espaciales allá afuera, ¡enfiladas en el lado opuesto del cráter! ¡Estan en la Luna, vigilándonos!

Eso fue en 1969. En el 2010 siguen fluyendo los ríos de tinta sobre este diálogo “suprimido” por la NASA, que parece digno del “Oh Dios Mío, ¡está lleno de estrellas!” en boca del ficticio astronauta Dave Bowman en la película 2001: la odisea del espacio rodada por Stanley Kubrick un año antes de la llegada del hombre a la luna. ¿Se trata de un diálogo real, o una confabulación posterior? Se dijo al momento que estas conversaciones ocultas habían sido captadas por los operarios de radiorreceptores VHF que esquivaban los bloqueos de la NASA. Las revistas ovni de los ’70 contenían artículos sobre los supuestos extraterrestres en nuestro satélite, entrevistas con Maurice Chatelain y Farouk El-Baz sobre las anomalías del programa Apolo, y eso sin contar los libros de George Leonard sobre la evidencia fotográfica de objetos raros en la superficie selenita.
Ahora, 40 años más tarde, una nueva generación de investigadores se lanza al ataque, con una teoría mucho más espeluznante.

El escritor Richard Dolan sugiere que una “civilización disidente” ha existido desde la segunda guerra mundial, refiriéndose al sempiterno rumor – expresado abiertamente por otro investigador, Richard Hoagland – de que nuestra luna está ocupada por una “civilización nazi de postguerra, ansiosa por volver a su mundo de origen”.

“Hay una base en la luna”

El sargento Karl Wolfe de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (USAF) aún no puede creer una experiencia que tuvo mientras que trabajaba como técnico fotográfico militar durante la década de los ’60. Un buen día recibió órdenes de sus superiores para personarse en la base aérea Langley, donde se había recibido la información visual obtenida por la sonda Lunar Orbiter. Recogiendo sus instrumentos, Wolfe se desplazó hasta la base Langley, donde unos oficiales le llevaron a un hangar que contenía el laboratorio fotográfico de la base. El local estaba vacío salvo por otro militar de bajo rango encargado de procesar el material fotográfico--negativos de 35 milímetros que eran convertidos a su vez en mosaicos de dieciocho pulgadas. Cada tira de negativos correspondía a una pasada de la sonda sobre la superficie lunar.
Resultaba que el dispositivo utilizado para procesar imágenes estaba averiado, y el sargento Wolfe y su escolta se sentaron a esperar a que les trajesen otro. Súbitamente, el otro militar le dijo a Wolfe: "Por cierto, hemos descubierto una base en la cara oculta de la Luna."
El sargento no ocultó su sorpresa, preguntando enseguida a quien le pertenecía, ya que faltarían varios años para el programa Apolo iniciase sus exploraciones. No cabía duda, para Wolfe, que una de las potencias rivales – la URSS o la siempre enigmática China – había llegado primero.
"En ese momento," confiesa Wolfe en la grabación hecha para el Disclosure Project, "llegué a sentir miedo. Si alguien hubiese llegado a entrar en el laboratorio, sabía que estaríamos en peligro por haber hablado sobre esta información”.

Pero no apareció nadie, y para su mayor sorpresa, el técnico fotográfico de la base Langley le mostró uno de los fotomosaicos que presentaba una base artificial en nuestro satélite, con figuras geométricas, torres, construcciones esféricas de gran altura y estructuras parecidas a platos de radar, pero de proporciones colosales. "Algunas de ellas," apunta Wolfe, "tenían unas dimensiones que superaban la media milla".

Las misteriosas estructuras lunares parecían tener un revestimiento reflectivo, mientras que otras guardaban cierto parecido con las torres de refrigeración de las centrales nucleares. Tan reveladora era la información visual que Wolfe llegó al punto de no querer ver nada más, sabiendo bien que peligraba su vida. "Me hubiera encantado seguir mirando, y haber hecho copias," admite el sargento,"pero sabía que era un riesgo enorme, y que el joven que me había enseñado los fotomosaicos estaba excediendo su autoridad al mostrármelos”.

La singular experiencia del sargento Wolfe recibió cierta corroboración por parte de Larry Warren, el controvertido testigo principal del célebre incidente ovni en la base angloestadounidense de Bentwaters en el Reino Unido. Después de su experiencia, la cúpula militar llevó a Warren y otros soldados a un cuarto de proyección donde se les enseñó un rodaje extraordinario: tomas de la superficie lunar que permitían ver estructuras cuadradas de color arenoso, y en primer plano, el coche lunar Rover utilizado por los astronautas, que podían ser vistos apuntando hacia las estructuras.

Un nuevo informe

En fechas recientes, el analista fotográfico Ron Stewart ha publicado un informe que lleva por título Apollo 11: What Was Discovered? (Apolo 11: ¿Qué Descubrieron?) disponible de forma gratuita en http://exopolitics.blogs.com/files/newest-apollo-11-what-was-discovered-part-1-pdf.pdf. Utilizando un nuevo proceso de análisis fotográfico denominado APEP – Advanced Photo Extraction Process, o proceso avanzado de extracción fotográfica – Stewart y su colega Ron Nussbeck afirman haber localizado una base no humana en la superficie lunar, justo en el horizonte de la famosa fotografía “Earthrise” que muestra la Tierra sobre el horizonte lunar. El informe presenta las fotos y los distintos análisis, que sugieren, para los analistas, la presencia de seres extrahumanos y sus naves, con aumentos muy sugerentes.

Pero existe un problema. Lejos de ser naves futuristas que asociaríamos con una tecnología avanzada, las fotos de las “naves” tienen rasgos netamente terrestres – tanques, tubos y toberas que asociaríamos con nuestros propios programas espaciales, o con las naves que se nos han presentado en series de televisión como Cosmos:1999. Lejos de echar por tierra la labor realizada por estos investigadores, el aspecto familiar de esta tecnología nos lleva a pensar en la descabellada posibilidad – a primera vista – de que Dolan y Hoagland están en lo cierto. Cualquier tecnología “nazi” en nuestro satélite compartiría rasgos comunes con los artefactos diseñados por Werner Von Braun para el proyecto Apolo.

Tal vez resulte más fácil creer en inteligencias extramundanas que en una posibilidad que ha servido de argumento para demasiadas películas y series: la supervivencia del Reich en alguna parte del mundo, o en algún otro. En los ’90 se escribió hasta la saciedad sobre los “Haunebu” – platillos voladores desarrollados por los alemanes – y en esta década el escritor Joseph Farrell ha presentado las bases tecnológicas sobre las que pueden edificarse una serie de conjeturas que permiten una tenue creencia en el asunto.

Referimos al lector a nuestra nota anterior: “¿Ovnis, nazis y la luna?” que abordaba los comentarios vertidos por Richard Hoagland en el programa radial Coast to Coast AM sobre la “espiral noruega” como una declaración del poderío de la civilización disidente que refiere el historiador Dolan en sus textos. Uniendo estas reflexiones con lo que hemos aprendido en las obras de Joseph Farrell, tenemos suficientes elementos de juicio como para pensar que algo sumamente raro está sucediendo no sólo en la luna, sino más cerca de lo que imaginamos.

Con este último comentario estoy haciendo referencia a las teorías de otro investigador poco conocido en los círculos ovni-paranormales: Richard Ross, renombrado dibujante de estructuras mecánicas y de artefactos exóticos, interesado en la posibilidad de que los “chupa-chupa” de la selva amazónica, que causaron estragos en ciertas comunidades ribereñas a finales de la década de los ’70, eran plataformas voladoras que proyectaban haces de microondas creados por la empresa alemana Siemens. Tamaña afirmación requería evidencia que nadie podía ofrecer, pero nos hace pensar en la posibilidad de que gran parte del fenómeno ovni parece desenvolverse en una especie de zona intermedia entre posibilidades opuestas – el origen extraterrestre y el origen puramente mundano (es decir, los ovnis como producto del conflicto entre las grandes potencias) Esta zona intermedia incluiría la civilización disidente conjeturada por Richard Dolan y el programa espacial adversario conjurado por Richard Hoagland. Objetos lo suficientemente exóticos como para ser percibidos como ajenos a nuestro mundo, y sin embargo, muy familiares en cuestiones de tecnología.

En una entrevista a Joseph Farrell realizada por Tim Ventura para el boletin American Antigravity el 20 de marzo del 2007 (http://www.scribd.com/doc/24690815/Joseph-Farrell-Interview-Secrets-of-the-Nazi-Bell), el entrevistador hace una pregunta inquietante, que reproducimos aquí textualmente: “Ahora bien, en cuanto a conspiraciones, la parte que me molesta es que ni EE.UU. ni los rusos parecen tener esta tecnología. Así que, si efectivamente está sucediendo algo, ¿donde está, quién la tiene, y por qué no se ha informado al público? ¿Tal vez esto tenga que ver con el paradero de Hans Kammler después de la guerra?

A lo que Farrell responde: “Bueno, ya he contestado esto en cierto modo. Si mis especulaciones sobre Kecksburg [el supuesto estrellamiento ovni en Pennsylvania, EEUU] son correctas, algo como “La Campana” ya estaba en manos estadounidenses en 1965, si es que no lo estaba a fines de la guerra. Pero como dije anteriormente, me inclino a pensar que la Campana sencillamente desapareció en el laberinto de la investigación nazi de posguerra realizada en lugares como Sudamérica bajo la supervisión nominal de gobiernos amigables a los nazis, como la Argentina de Perón o posteriormente, Chile bajo Pinochet. Las conexiones de los nazis, y su influencia en los cárteles latinoamericanos del narcotráfico, representarían una fuente casi inagotable de fondos, a la vez que se cumplía un objetivo estratégico: debilitar a un antiguo enemigo, EE.UU. El motivo que me lleva a pensar en el “desarrollo independiente y constante por los nazis” en cuanto a la Campana es, como dice usted, el hecho de que su tecnología y ciencia parecen haber desaparecido del todo”.

La Campana a la que se refiere Farrell es el tema de su libro “Brotherhood of the Bell” – un dispositivo alemán en forma de campana, alimentado por el famoso IRR Xerum 525. Hans Kammler era el general de la SS encargado de supervisar este proyecto secreto en Polonia. Las declaraciones del investigador son aún más inquietantes en lo tocante a la relación de la tecnología nazi y la luna, expresando lo siguiente sobre el Dr. Kurt Debus, uno de los integrantes del equipo diseñador del cohete V-2 y posteriormente director de lanzamientos para la NASA. “Aparte de la forma en que se quiera expresar esta especulación, Debus es interesante porque acaba como administrador principal en uno de los centros de vuelo de la NASA durante el proyecto Apolo, ¡y especialidad no tenía que ver en absoluto con cohetes! Sugiero en este libro que esto se debe a que pudo haber existido una tecnología oculta o alternativa en el Modulo de Excursión Lunar (LEM, en ingles) que nos ayudó a despegar de la superficie lunar [...]. No puedo ver señas de que dicho despegue se haya realizado mediante cohetes en esas películas que muestran el despegue del LEM, y la aceleración no parece lo suficientemente geométrica como para ser un cohete. El artefacto sencillamente “salta” y sale volando a una velocidad mas o menos uniforme [...] así que dada la ausencia de la “firma geométrica” de la aceleración de un cohete, podemos estar enfrentando una tecnología alternativa, una tecnología de propulsión de campo, que nos ayudó a despegar de la luna.”

¿Una tecnología que contribuyó al despegue del LEM en cada misión desde 1969 a 1972, que posiblemente también era utilizada por la civilización disidente desde mucho antes? No nos queda más remedio que seguir haciendo conjeturas...

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