Thursday, June 24, 2021

Entrevista a Kenneth Arnold - Junio de 1976

 


 

Entrevista a Kenneth Arnold

Por Curt Sutherly

Revista UFO REPORT, Marzo de 1977

Traducción de Scott Corrales

 

El 24 de junio de 1976, en la fecha del aniversario del histórico encuentro de Kenneth Arnold, conseguí rastrearlo por teléfono a su hogar en Meridian, Idaho, donde vivia entonces con su mujer, Doris. Posteriormente, la redacción de UFO Report me pediría que resaltara aspectos de esa conversación, la primera en su género por muchos años.

Antes de telefonear a Arnold, se me había advertido que el piloto no sentía gran amor por los periodistas, y que era muy posible que acabase hablando solo. Por consiguiente, di comienzo a la conversación de manera relajada e informal.

“Estoy hasta la coronilla de la prensa,” dijo Arnold, confirmando las sospechas de mis fuentes. Luego agregó: “A menudo sencillamente cuelgo el teléfono”.

Reforzando esta postura, el piloto describió la forma en que los representantes del periódico local, el Idaho Daily Statesman, habían tratado por años de concertar una entrevista con él. En otro caso, dijo Arnold, en el que un reportero le había telefoneado para hacerle una entrevista, “escuché detenidamente sus razones por haberme llamado, y sencillamente colgué”.

Consciente de que estaba tratando con un individuo sensible e inteligente que obviamente lo había pasado mal con la prensa. Proseguí con mi acercamiento discreto, divulgando en el proceso un poco sobre mi conocimiento del tema OVNI. Arnold dijo de forma abrupta: “Parece que entiendes este negocio de los OVNIS bastante bien. ¿Leíste mi libro por casualidad? La mayoría de los periodistas que llaman ni siquiera lo han visto, y esa es parte del motivo por la que no quiero hablares. No saben nada aparte del hecho que fui yo quien vio los platillos voladores!”

 Le explique que había leído su libro – The Coming of the Saucers, con Ray Palmer – y que estaba familiarizado con los detalles esenciales de lo que ocurrió después de su avistamiento en el monte Rainier, y que me encantaría conocer cualquier detalle adicional.

“Bueno, si has leído el libro, ya tienes el grueso de los detalles,” repuso Arnold. “¿Sabes? las citas en el libro no son falsas, como creen muchos. En ese momento (en que se produjo el incidente) yo era el dueño de uno de los primeros magnetófonos, y la llevé conmigo a Tacoma...”

 Tacoma, Washington...durante años, tan solo mencionar esa población ha hecho que los ojos de los fans del tema OVNI se vuelvan vidriosos de pura emoción. Pero para aquellos lectores que no estén informados, debemos tomar en cuenta lo que le pasó a Arnold a la postre de su encuentro OVNI.

Desde el momento en que Arnold aterrizó su aparato, diciendo que había detectado nueve discos voladores, fue perseguido por la prensa. Además de eso, comenzó a recibir montones de cartas de personas de todo el país, afirmando su interés por lo visto. “Me fue imposible contestarlas todas,” confesó Arnold.

 Todo el mundo conoce a Arnold como el hombre que detectó a los platillos voladores por primera vez. Durante la entrevista, repuso: “Eso no es cierto. Estas cosas (los OVNIS) han sido vistas desde la antigüedad temprana. Soy el primer piloto en dar parte sobre ellos, hasta donde tengo entendido”.

 Cuando Arnold recibía toda esa correspondencia de sus admiradores, presentó un informe sobre su experiencia ante el comandante de la base Wright Field, en Dayton, Ohio (la actual Wright-Patterson Air Force Base), y recibió una carta del director editorial Ray Palmer, quien preguntó si Arnold estaría interesado en detallar su experiencia para su revista. Arnold se negó a hacerlo, enviándole a Palmer una copia del informe oficial.

 Palmer le escribió nuevamente, contándole a Arnold sobre la supuesta experiencia de los dos patrulleros que trabajaban en la costa este de Tacoma, Washington. Según palmer, ambos hombres afirmaban haber visto discos voladores sobre Maury Island, un islote a tres millas de la costa de Washington. Uno de los discos – según ellos – había soltado fragmentos metálicos de su subestructura, que cayeron sobre el islote. Palmer quería que Arnold fuese a Tacoma a investigar el relato, diciendo su editorial pagaría los gastos.

 Mientras tanto, Arnold recibió la visita del teniente Frank Brown y el capitán William Davidson, representantes del A-2 (inteligencia militar) del 4to Ejercito del Aire (Fuerza Aerea), con la misión de investigar el fenómeno ovni. Hay que tener en cuenta que esto tomó lugar justo después de la 2da guerra mundial, cuando existía el temor de que agentes extranjeros estuviesen operando dentro de los EE.UU. sin ser detectados) Ambos oficiales interrogaron a Arnold sobre su avistamiento, y con el permiso del piloto, examinaron su correspondencia OVNI.

 Días después Arnold se decidió a aceptar la oferta de Ray Palmer de investigar el misterio de Maury Island. Según Arnold, era “el misterio más enrevesado que podía soñar cualquier hombre”.

 De hecho, el comentario de Arnold no lo dice todo: Los eventos que tomarían lugar en los próximos seis días serían una pesadilla de intrigas y complejidades. Tan misteriosos y complejos, que Arnold admitiría en 1976 que no llegaba a comprender lo sucedido en 1947.

 A la noche del 29 de julio de 1947, el piloto aterrizó su avión en Barry Field, un pequeño aeródromo afuera de Tacoma, donde estaba seguro que nadie le reconocería (su foto había aparecido en la prensa) Pero cuando trató de hacer reservaciones en un hotel usando el teléfono del aeródromo, descubrió que el hotel estaba abarrotado y que la ciudad se hallaba en medio de una crisis de vivienda.

 Como último intento, llamó al hotel Winthrop, el más grande y caro de la ciudad. Quedó totalmente consternado al descubrir que una habitación ya había sido reservada para el Sr. Kenneth Arnold!  Tan solo dos personas sabían de su viaje – su esposa y Ray Palmer – y ninguno de los dos había reservado una habitación por adelantado. De hecho, Arnold ni siquiera se había molestado en presentar un plan de vuelo. Aunque estaba seguro que el portero le había confundido con otro Ken Arnold, el piloto decidió aceptar el alojamiento, seguro de que no podría encontrar alojamiento en la ciudad.

 Una vez en su habitación, Arnold revisó la guía y encontró el nombre de Harold Dahl, uno de los dos patrulleros de puerto que supuestamente vieron el ovni sobre Maury Island, pero al hacer la llamada, Arnold se encontró con que Dahl estaba reacio a abordar el tema. De hecho, Dahl le dijo que se olvidara del tema y que volviese a su casa. Pero Arnold insistió y finalmente convenció al patrullero a pasar por el hotel para hacer una entrevista.

 Dahl se presentó esa misma noche y luego de que Arnold le insistiera, finalmente contó su historia. Según Dahl, su hijo, el perro de la familia, dos tripulantes y sí mismo se hallaban en el mar  cerca de la isla Maury la tarde del 21 de junio de 1947. Repentinamente, Dahl se percató de seis objetos “con forma de donut” que volaban a una altura de 2000 pies. Uno de los objetos parecía tener problemas, ya que perdía altura. Finalmente, el OVNI comenzó a arrojar un material parecido a la lava de su fuselaje – material que cayó en grandes cantidades sobre el bote patrullero y Maury Island. Un fragmentó impacto el brazo de su hijo, hiriéndolo; otro mataría al perro. El bote en sí recibió daños considerables. Después de esto, los seis discos remontarían altura y desaparecerían en alta mar.

 Según Dahl, unas 20 toneladas de material parecido a la escoria habían sido vertidas sobre la playa. Una vez que la sustancia se había enfriado, los hombres recaudaron una gran cantidad de muestras y regresaron a tierra, donde el hijo de Dahl fue hospitalizado.  El incidente fue comunicado al jefe de Dahl, Fred Lee Crisman, quien obviamente no creyó el cuento. El día después del incidente, el 22 de junio, Dahl afirmó haber recibido la visita de un personaje vestido de traje negro y que conducía un vehículo marca Buick de 1947. El visitante invitó a Dahl a desayunar. Dahl aceptó de buen grado, pensando que el hombre era un cliente potencial para el negocio de chatarra que operaba en su tiempo libre.

 En un pequeño café, el personaje relató la secuencia de todo lo sucedido en Maury Island. También le dijo a  Dahl que lo prudente sería no abordar el tema con nadie, si le interesaba el bienestar de su familia. Curiosamente, Dahl se negó a aceptar esta recomendación y volvió a los muelles para comunicar esta extraña odisea a sus colegas. (Esta es la primera mención de un incidente con los Hombres de Negro, y el patrón de amenazar a los testigos de los OVNI se convertiría en un ejemplo clásico de sus actividades)

 El día después de la entrevista con Dahl, Arnold visitaría tanto Dahl como Crisman. En aquel momento, Crisman comunicaría su versión de los hechos, comenzando por afirmar su creencia de que Dahl y los marineros mentían. Sin embargo, tras de examinar el barco y el daño a este, Crisman dijo que había ido a Maury Island, donde encontró no solo escoria, sino que también llegó a ver uno de los discos con forma de donut que volaba en el cielo.

 Después de escuchar las afirmaciones de Dahl y Crisman, Arnold se comunicó con un amigo, el capitán E.J. Smith de la United Airlines – otro aviador que había visto OVNIS casi en las mismas fechas que Arnold.  El piloto invitó a Smith a venir a Tacoma para ayudarlo a desenredar el misterio de Maury Island. Smith estuvo de acuerdo, y Arnold regresó a Seattle a recoger a su amigo.


Desde este punto en adelante, la situación sería totalmente descabellada.

 Las conversaciones entre Arnold y Smith fueron vigiladas por una fuerza invisible y telefoneadas a la prensa de la ciudad. Los dos hombres despedazaron su habitación de hotel, buscando algún dispositivo magnetofónico. Arnold y Smith se enteraron de esta “fuga” gracias a Ted Morillo, un periodista de Prensa Asociada que les dijo que una “fuente misteriosa” estaba dando parte sobre sus conversaciones (nuevamente, parece ser más actividad por los “hombres de negro”)

 Inicialmente, Arnold le dijo a Morillo que la información era falsa, pero luego admitió que era cierta. Posteriormente, ambos profesionales de la aviación comenzaron a sospechar que Crisman o Dahl estaban divulgando las conversaciones, pero pronto descubrirían que estas llamadas tomarían lugar aunque Crisman y Dahl estuviesen en el mismo sitio que ellos.

 Desesperados, los pilotos llamaron a los agentes de inteligencia – el teniente Brown y el capitan Davidson – quienes llegaron ese mismo día para escuchar el relato de Crisman de sus experiencias y las de Dahl. Repentinamente, ambos militares decidieron que tenían que irse. Casualmente, Dahl había abandonado la habitación al enterarse de que los militares iban a tomar cartas en el asunto.

 “Nosotros (Arnold y Smith) prácticamente rogamos a los militares que no se fueran,” dijo Arnold durante la entrevista. “Pero insistieron en que debían regresar a su avión para asistir a una exposición aérea el día siguiente”.

 Los militares se fueron, llevando consigo fragmentos de la escoria obtenida por Crisman.

 Esa misma noche, el avión militar que transportaba a Brown y Davidson chocaría, matando a ambos hombres. El jefe de vuelo y otro tripulante se salvaron, gracias a sus paracaídas.

 El 1ro de agosto de 1947, la noticia del avión estrellado aparecería en los titulares del Tacoma Times, divulgando los nombres de ambos militares ¡antes de que el ejercito los diese a conocer oficialmente! La nota de prensa por Paul Lance, de la redacción del Times, había tenido su origen en la “fuente fantasma” que informaba sobre Arnold y Smith.

 Arnold comentó que dos semanas después de la noticia, Paul Lance moriría bajo circunstancias misteriosas. “Tal vez fue pura coincidencia”.

 Sin embargo, Ted Morillo, el reportero de Prensa Asociada, fue despedido de su trabajo y padeció numerosas desgracias personales. En cuanto a los dos patrulleros de puerto: Crisman supuestamente abordó un avión de transporte militar con destino a Alaska (aunque Crisman era civil) y Dahl fue visto en un cine, totalmente desinteresado en la muerte de los agentes de inteligencia, según Arnold.

 El mismo Arnold casi llegaría a sufrir una suerte parecida a la de ambos militares. Volando de regreso a su hogar, aterrizó para repostar combustible. Al despegar de nuevo, el motor de su avioneta se agarrotaría a 50 pies sobre la tierra, pero las reacciones rápidas del aviador le permitieron salvar la vida.

 Hacia el final de nuestra conversación, Arnold indicó que de no haber presentado su informe inicial sobre los platillos voladores, sentiría que era un acto desleal hacia su patria. El motivo por esto – aclaró – fue haber pensado que lo visto era una nueva clase de avión que espiaba a los EE.UU. Pero en vez de haber recibido felicitaciones por su labor, tanto él como Smith y otros pilotos “fueron convertidos en payasos”.

 “He estado volando por 30 años”, dijo el piloto, “y la vista aún me sirve bien”.

 En cuanto a Smith: “Se jubiló después de 38 años de volar a la edad de 60. Le hicieron un agasajo, pero no pude asistir”.

 Arnold me dijo que aún conservaba los derechos para hacer una película sobre Maury Island, y dijo que no le molestaría ver su experiencia convertida en largometraje. No obstante, insistía en que cualquier proyecto tendría que estar debidamente documentado.

Durante 1949-50, el piloto rechazó una oferta de la editorial Doubleday en la cantidad de USD $50,000 por los derechos a su experiencia. “Querían que otro escribiese el libro por mí. Yo quería hacerlo en mis propias palabras, así que me negué a aceptar la oferta”.

 Hoy, Arnold refleja sobre sus experiencias con los platos volantes, Maury Island, y los demás incidentes que marcaron el período, y siente cierta tristeza por los aviadores que han perdido la vida en accidentes aéreos, matizando que “es una gran cosa poder seguir aquí, volando todavía.” Padre de cuatro hijas casadas, Arnold se describe a sí mismo como “un tipo bastante común”.

Aún así, para un pequeño segmento de la población mundial, Arnold se ha convertido en una especie de leyenda. Su legendaria frase – “platillos voladores” – ha pasado a formar parte de nuestro idioma. Y sus experiencias con la “fuente misteriosa” representaron nuestro primer encuentro con los nefastos “hombres de negro”.

 

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