Saturday, December 22, 2012

Alta Extrañeza: Descifrando los códigos ovni
















Alta Extrañeza: Descifrando los “códigos ovni”
Por Bruce Sonders – Revista SAGA UFO Report (Agosto 1976)
(Traducción de Scott Corrales)

¿Sera posible que los ovnis, mediante la transmisión de números aparentemente sin sentido, consideran que la humanidad es suficientemente lista como para recibir comunicaciones mediante las matemáticas, el lenguaje universal?

Ivan McConnell conducía a lo largo de la carretera Aylwin a una milla el este de Kazabazua, Quebec (Canadá) el 10 de octubre de 1969 cuando detectó un objeto blanco y troncocónico sobre su automóvil. El ovni, según declaraciones posteriores de McConnell, estaba a unos 200 pies sobre la tierra y tenía dimensiones de 8 pies de diámetro. No emitía sonido alguno y se desplazaba “a una velocidad prodigiosa”.
Estos detalles pudieron haber tenido su origen en cualquier avistamiento ovni, pero McConnell agregó un dato extraordinario: el objeto tenía un emblema en su costado. “Parecía tener la figura de un esqueleto. De hecho, pude ver lo que parecían ser un cráneo y huesos cruzados”.

Dicho de otra manera, el OVNI presentaba el “Jolly Roger”, la tradicional bandera de los piratas, que no guardaban respeto alguno por las aguas soberanas, y al parecer, tampoco los cielos.

El 15 de mayo de 1963, el astronauta Gordon Cooper realizaba su cuarta orbita de la tierra, pasando sobre Hawái en la capsula Faith 7. En dicho punto, la transmisión de la voz de Cooper se vio sustituida por la de alguien que “gritaba en una lengua desconocida” en el canal reservado para los vuelos tripulados de la NASA. La NASA grabó la transmisión, pero según la información disponible, nunca se pudo identificar su procedencia ni traducir el mensaje.

A eso de las 10:30 p.m. el 2 de abril de 1971, Morris Heflin observó una luz parpadeante en el cielo al viajar a lo largo del Crosstown Expressway de la ciudad de Oklahoma City. Se acercaba a la salida de la calle May cuando vio dos o tres destellos brillantes, y luego un haz de luz que se proyectaba sobre la carretera.
Aunque estaba prohibido detenerse en la carretera salvo por cuestiones de emergencia, Heflin se estacionó en la cuneta. Intrigado por la fuente de la misteriosa luz, el testigo pudo ver un objeto metálico y redondo con forma de platillo que dirigía un haz de luz contra el suelo, como si estuviese buscando algo.

Con base a la velocidad de los automóviles que se desplazaban por la autopista, estimó que el ovni se movía a 60 millas por hora. Heflin consideró que su altura estaba a unos 300 pies al norte de la carretera. De las claraboyas cuadradas provenía una luz verde, y lo mismo de dos ventanillas circulares más chicas. Heflin aseveró no haber podido ver el interior del objeto, pero pudo ver lo que parecían ser números de matrícula a lo largo de fondo curveado del fuselaje. “Llegué a ver los números 1X=1478 en estarcidos negros de gran tamaño”.

EL ovni se desplazó a lo largo de la autopista, explorando la oscuridad con su haz de luz, antes de perderse de vista 10 minutos después.

Cuando comunicó su avistaje a la policía, estos le dijeron que “seguramente había visto un helicóptero” pero esta respuesta no convenció a Heflin, ya que había visto helicópteros en el pasado, pero ninguno de ellos había tenido la forma de un platillo, ni capaz de moverse en el aire sin hacer ruido.

La sorpresa de Heflin no pudo haber sido mayor cuando el 8 de mayo de 1971, a eso de las 2:45 a.m., pudo ver el “1X-1478” de Nuevo mientras que viajaba a lo largo de la calle 15 SW, cruzando el Puente North Canadian River. El objeto apuntaba su ya conocido haz de luz hacia un grupo de árboles a 100 pies al sur del Puente. Heflin se estacionó y caminó hasta la mitad del Puente para poder ver el objeto mejor. En esta ocasión, estaba a menor altura, justo por debajo de las copas de los árboles. El objeto se cernía sin moverse y las claraboyas no estaban iluminadas, pero la luz verde revelaba los mismos grandes números negros: 1x-1478.

Heflin contempló el aparato mientras que se cernía sobre la ribera este del rio, apuntando su proyecto sobre sus aguas por unos cinco minutos. El hombre comenzaba a sentirse incómodo. Esta vez volvió directamente a su hogar y se comunicó por teléfono con Kietha Fish, directora del Kansas Oklahoma Newsletter. La Sra. Fish convino en reunirse con Heflin al día siguiente, acompañada por su hija, la Sra. Kietha Hewes.
“El Sr. Heflin nos mostró el lugar desde donde había presenciado el ovni y el punto explorado por el haz de luz del aparato,” escribió la Sra. Fish en su informe para el Newsletter. “Caminamos hasta el punto donde había brillado la luz y encontramos que el suelo estaba sumamente duro, mucho más seco que el resto de la tierra en la región”.

“Las cortezas de los árboles estaban chamuscadas, aunque no tenían olor a quemado. Lianas secas colgaban de las ramas, pero sin estar quemadas. El suelo estaba cubierto por lo que parecían ser cenizas, pero sin señal alguna de fuego en la zona”.
Imaginar una nave de “allá afuera” llegando a nuestro mundo con emblemas piratas o números de matrícula suena a fantasía. De hecho, lo primero que sugieren dichos emblemas es que las naves son de procedencia terrestre y que son “modelos de prueba” de la Fuerza Aérea, la CIA o alguna potencia extranjera. Pero ahora, la asociación de símbolos y números con los ovnis parece ir en aumento. He recibido informes que manifiestan que los tripulantes de los ovnis parecen ostentar números en sus pechos o sus hombros, en algunos casos.

Algunos hombres y mujeres que afirman estar en contacto con las inteligencias detrás del fenómeno dicen haber recibido códigos numéricos que, de poder ser descifrados, serian una fuente de grandes conocimientos para los terrícolas.
¿Sera posible que los ovnis, mediante la transmisión de números aparentemente sin sentido, consideran que la humanidad es suficientemente lista como para recibir comunicaciones mediante las matemáticas, el lenguaje universal?

Tomemos en cuenta el siguiente caso que fue comunicado a mi despacho en octubre de 1971. Una joven a quien llamaremos Sally estaba preparando el presupuesto para la expansión de sus perreras en una granja del noreste de Iowa (EEUU) cuando repentinamente escuchó una fuerte voz masculina que gritaba: “56…24…83”.
Intrigada por la extraña interrupción, Sally se asomó a ver quién era, pero sin ver a nadie, aunque los perros en las perreras habían comenzado a ladrar. “44…56…38.”
Salió a la veranda a dar un vistazo, y luego miró hacia los pastizales. No había nadie.

“55…89…75”.

Los perros comenzaban a dar señas de nerviosismo extremo y angustia. Determinada a localizar la fuente de los números pregonados, Sally caminó hacia el tope de una colina que le daba una visión libre de obstrucciones de todos los campos y pastizales circundantes. Las voces – que eran dos, por lo menos – parecían estar cerca. No estaban siendo transportadas por el viento desde algún punto lejano.

A lo largo del día, las voces repitieron sus números sin sentido en determinados intervalos. El misterio dejó a Sally totalmente perpleja. Cuando su marido volvió a la casa, le ofreció la muy lógica explicación de que había escuchado las voces de agrimensores que realizaban su trabajo. Sally tuvo que conceder que los “agrimensores” representaban una solución muy agradable y racional. Pero con el paso del tiempo, comenzó a preguntarse si las voces guardaban alguna relación con los ovnis que había visto en noches anteriores, volando a baja altura.

Tuvo que conceder que no existía evidencia concreta que respaldara su teoría, pero tampoco existían pruebas fehacientes que corroboraran la existencia de los agrimensores que mencionaba su marido. No había visto a nadie cerca de la casa de granja, y se había desplazado una corta distancia para poder ver mejor, sin haber visto granjeros ni trabajadores de ninguna clase en las inmediaciones.
En su libro “Las profecías del hombre polilla” (The Mothman Prophecies), John A. Keel cuenta la historia de un hombre en el suroeste de EE.UU. que fue despertado varias noches seguidas por el sonido de una fuerte voz masculina que le exigía: “¡Despiértate, número 491!” Una mujer en Ohio escuchaba una voz que le decía que ella era el número “873”.

“¿Será que llevamos un número tatuado en el cerebro?” se preguntaba Keel. “Es inverosímil, puesto que somos tres mil millones de personas y alguien debe ostentar el número 2, 834,689,357. Pero todos los números que han llegado a mi conocimiento son de dos o tres cifras nada más”.

Una comunicación personal del Sr. D.A.K. que vive en Wallyford, Pennsylvania, narra el “sueño raro” que tuvo en el que la voz de una niña desencarnada le decía que, aunque nunca llegarían a conocerse, tenía un mensaje que impartirle: “4628.077”.
Mi corresponsal pasó a decir que la voz de la jovencita le era familiar, como si la hubiese conocido de toda la vida, a pesar de lo afirmado por ella. “Nunca he olvidado ni el número ni el sueño. Me infundió una sensación de gozo y estimulación que resulta difícil de explicar”. Pasó a explicar que su sueño describía un método para hacer contacto con los tripulantes de los ovnis.

El 20 de enero de 1972 recibí lo siguiente de T.M.C. de Winston-Salem, Carolina del Norte: “Mi amigo E.W.y yo escuchábamos la radio por la noche cuando de repente comenzó a producirse una claridad afuera de mi ventana. El sonido de la radio quedó distorsionado por una interferencia muy extraña. Al mirar por la ventana, vimos un disco muy pequeño, de unos tres pies en diámetro. Ambos llegamos a escuchar una voz clara y reconocible, de acento pronunciado, que pregonaba los siguientes números y que mi amigo llego a escribir: “1,976…4,481…3,032…7,625…6,234…2,637…3,801…1,809…1,591”.

“Había una pausa muy marcada entre cada serie de números. Todo se produjo en un lapso de tiempo de 1 minuto, tal vez. Nos daba miedo confesar lo que habíamos visto y escuchado, así que no lo comunicamos a las autoridades por temor a la publicidad”.
Cuando reproduje la carta de T.M.C. en un boletín que publicamos, T.P., vecino de Excelsior, Missouri (EE.UU) nos escribió para decir que el pequeño objeto pudo haber sido un dispositivo robot con una computadora altamente desarrollada que había sido enviada desde una “nave nodriza” para recaudar información sobre la tierra. Según T.P. los números escuchados por los dos hombres en Winston-Salem pudieron haber sido coordenadas cartográficas, incluyendo “altura, longitud y latitud, en ese orden. Suponiendo que T.M.C. haya estimado correctamente la altura del ovni, entonces el número 1,976, por su bajo valor numérico, puede representar unidades de medida desde el nivel del mar. El numero 4,481 puede representar los grados y minutos de las coordenadas de un mapa. La longitud primordial es al este de Winston-Salem, equivalente a nuestros 80 grados oeste. La cifra 3,032 equivaldria a nuestros 36 grados norte”.

“De ser así”, prosigue T.M.C., “entonces las otras coordenadas, serian 100 grados oeste, 26 grados norte, u oeste, de Linares, Nuevo León, México en la Sierra Madre (7,625; 6,235; 2,537). El tercer juego de coordenadas estaría al este de Barbados, o 50 grados oeste, 15 grados norte, sobre el Océano Atlántico (3,801; 1,809; 1,591).”
El investigador Lucius Farish me envió tres números atrasados de la revista FATE para localizar pruebas adicionales sobre el “juego de números” de los ovni. La primera de estas referencias (“The Number from Luna Earth” por G.D. Kaye) narraba las experiencias de un vendedor de coches de segunda mano cuyo disfrute de la radio se vio interrumpido por una voz metálica que repetía “El número de luna tierra – amarillo, azul, oro, marrón, pardo, azul y verde oscuro”. Fueron varios los que escucharon la extraña voz que repetía los números sin sentido. El director del Jackson Herald describió los sonidos como un “ark, ark, ark metálico”.

Una carta de seguimiento en otro número de la revista FATE sugería la posibilidad de que alguien hacía uso de transmisores desautorizados para transmitir un número telefónico secreto. Según el corresponsal Roger Lent:

“En el código de colores normalizado de la RTMA (Radio Television Manufacturers Association) los colores negro, pardo, rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta, gris y blanco representan los números 0, 1,2,3,4,5,6,7,8 y 9 respectivamente. El color oro se utiliza en el tercer lugar en ciertas ocasiones, para multiplicar el número anterior por 1…”

El 24 de marzo de 1961, a las 8:00 a.m., la Sra. Sherman P. telefoneó a su vecina, la Sra. Daisy S., para preguntar por su salud. Justo cuando comenzaba su conversación, la línea se cortó como si se hubiese perdido la corriente, y la voz de un hombre surgió de la nada, diciendo: “Wake up down there!” (¡Despiertense allá abajo!).
La voz comenzó a hablar en español, pero después de decir “Sí, señor” tres veces consecutivas, guardó silencio cuando la Sra P. le pidió que se callara. La línea telefónica se reactivó y las mujeres pudieron reanudar su intercambio. Ambas se maravillaron ante el inusitado incidente.

El 25 de marzo, también a las 8:00 a.m., las mujeres sostuvieron otra comunicación telefónica cuando la misma voz repitió: “Wake up down there!” (¡Despiertense allá abajo!). Esta vez, ninguna de las mujeres dijo nada mientras que escuchaban el sonido: “25…25…25”.

Repentinamente, la Sra. P. declaró: “El número 25 al habla.”

La voz repuso: “Sí señor, Sí señor”.

Otra pausa. Luego los números: “25…25…25…40…40…40.”

La secuencia numérica estuvo seguida por varias oraciones en español, pronunciadas a un ritmo normal (aunque ninguna de las mujeres hablaba dicho idioma). Lo último que llegaron a escuchar fue la palabra “Señorita.”

La línea telefónica se normalizó y ambas mujeres comentaron el incidente, considerando que nadie en su comunidad (Prospect, Oregon) hablaba castellano. Ninguna de las mujeres llegó a asociar los números con nada que les fuese familiar.

2 Comments:

Blogger Dave Koper said...

que maravilla! me lo he leido de un tiron! mas, mas!

12:52 PM  
Blogger Mario said...

Muchas veces veo que la gente viaja y conocer y vive situaciones inéditas que muchas veces no las vuelven a vivir. Como ya tengo mis Vuelos a Mexico espero poder vivir cosas increíbles en este viaje

4:00 PM  

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