El Misterio de los Criptofelinos
El Misterio de los Criptofelinos
Por Scott Corrales ©2026 Arcana Mundi
En el ámbito de lo criptozoológico siempre se le ha dado
prioridad a los seres más aparatosos: el monstruo de Loch Ness, el Piegrande,
los grandes pájaros que sobrevuelan los bosques de Norteamérica, el Ogopogo
canadiense y afines. La sociedad moderna, que no duda en derrochar su afecto
sobre los gatos, parece haber pasado por alto los críptidos felinos.
De la fría Nueva Escocia, vecina de Terranova y abatida
por vientos y frías corrientes marinas, nos llega una anécdota de
‘criptofelinos’ que tiene su origen en el invitado de un podcast contemporáneo.
EL hombre, que dio su nombre tan solo como “John”, explicó que en su juventud
era muy adepto a recorrer los malpaíses de Nueva Escocia en una motocicleta
Honda poco apta para dicho propósito, y que los ingenieros de la empresa
japonesa habrían quedado aterrados al verlo castigar el pequeño ciclomotor,
diseñado para el tráfico urbano, en los riscos y acantilados de las tierras
castigadas por el Atlántico
Habiendo llegado al límite máximo de las capacidades de
su aparato, ya que el angosto sendero entre grandes árboles y enormes pedruscos
desaparecía de manera abrupta, John se detuvo para dejar descansar su máquina,
como quien lo hace con un caballo, y quitarse el casco, respirando
profundamente la fría corriente de aire que salía del valle.
Fue entonces que se fijó en que – a cierta distancia,
calculada por el joven como la extensión de seis autobuses escolares en hilera (82
metros) – algo extraño fijaba sus ojos sobre él. Su cerebro hizo lo posible por
procesar lo que estaba viendo, determinando que se trataba de una especie de
león de cara chata con abundante melena oscura y pelambre negro. Dicha criatura
no sólo estaba totalmente fuera de lugar en Nueva Escocia, sino tal vez en la
mismísima realidad.
“Verán, yo era repartidor de periódicos”, explicó el
testigo a los oyentes del podcast, “y me conocía al dedillos todas las razas de
perros que me salían al paso durante mis recorridos. Tuve que medirme contra
perros doberman, pastores alemanes, perros collie, y en las regiones más
apartadas, contra coyotes. Lo que estaba viendo no era ningún perro ni mastín,
sino un león de extraño rostro plano que no me quitaba los ojos de encima. Hice
aspavientos para ver si se alejaba, pero nada. Aquello me consideraba como su
próximo alimento”.
La criatura mantenía al joven testigo en sus miras. Sin
armas de fuego ni cuchillo, John decidió pisar el acelerador de su diminuta
moto Honda en el punto muerto, haciendo ruido con la intención de ahuyentar al
animal. Pero nada. El extraño ser de aspecto félido se le quedaba mirando hasta
que repentinamente decidió retirarse, caminando lentamente hacia atrás,
perdiéndose tras los árboles.
Sin pensarlo dos veces, John emprendió el retorno a la carretera
de la cual se desprendía el angosto sendero que le había depositado en esta
situación, temeroso ahora de que el animal intentara flanquearlo. Perdiendo
toda noción del tiempo, el muchacho pudo ganar la calzada y aumentó su
velocidad al máximo. “Me puse justo en medio de la carretera de dos carriles,
por mucho que constituyera una infracción vial,” recordó.
Al llegar a su casa en plena crisis nerviosa, contó a sus
parientes lo visto y la delicada situación en la que se halló. El escepticismo
paterno no tardó en manifestarse: “Algún oso habrás visto”, le reprocharon.
John repuso que sabía muy bien lo que era un oso, y que el objeto de su pavor
no tenía dicho aspecto.
En fechas posteriores contó su experiencia a un amigo,
que no solo le creyó, sino que exclamó: “¡Se lo tienes que contar a mi padre!
Ha visto lo mismo que tú”.
Llevado ante la presencia paterna de su camarada, John
contó con detalles toda su experiencia. El hombre, propietario de un cementerio
de automóviles, lo escuchó detenidamente, asintiendo a lo expresado. “Hace unos
meses fui desde el garaje hasta la chatarrera a buscar piezas para un
automóvil, y vi algo idéntico a lo que has descrito. No pienso volver a salir
de noche”.
Curiosamente, el gran John Keel informaba a sus lectores
que Nueva Escocia tenía fama de escenario de lo paranormal. "En
1969", escribe Keel en su Complete Guide to Mysterious Beings, "una
gigantesca figura de 18 pies de estatura fue vista por muchos vecinos de la
diminuta población de Berwick en el valle de Anápolis", según lo vertido
en el rotativo Evening News. De acuerdo con los testimonios, la figura era alta
y oscura, dando zancadas a velocidad de 20 millas por hora. Las declaraciones
iniciales sobre "el Fantasma", como se le dio a conocer, obligaron a
la policía local a desplegar sus efectivos para controlar a los curiosos.
"Los moradores de Nueva Escocia", agrega Keel, " han visto
rarezas por muchos años, incluyendo grandes serpientes luminosas que
aparecieron inesperadamente y se esfumaron en 1967”.
Por coincidencia (si es que hay tal cosa), un felino
fantasma merodeó por los alrededores de la residencia de la senadora Lucy
Hammond y su esposo, quienes desayunaban tranquilamente en su hogar cuando una
criatura enorme desfiló frente a los ventanales de su mansión en Branford,
Connecticut. La colosal ‘pantera negra’, descrita también como ‘tigre’, dobló
una de las esquinas de la casa, perdiéndose de vista. El marido de la senadora
opinó que el visitante pudo haberse internado en el bosque adjunto. Tratándose
de una persona influyente, la policía y los guardabosques no escatimaron
recursos, peinando cuidadosamente las 16 hectáreas de la propiedad, sin dar con
el gran felino.
Las Panteras Negras de Indiana
A dos mil kilómetros de Nueva Escocia y en el seno de los
Estados Unidos, Indiana se conoce como un lugar propenso a fantasmas,
avistamientos OVNI, y manifestaciones de críptidos – principalmente el afamado
Piegrande – pero también de ‘gatos fantasma’. Con una extensión territorial de
noventa y cuatro mil kilómetros, el estado es mayormente agrícola, con una
región sur boscosa y montañosa. La población felina nativa a la región
desapareció a mediados del siglo XIX al paso que los colonos eliminaban los
pumas y gatos monteses, pero en el siglo XX aparecerían los ‘gatos fantasma’ –
panteras y leones totalmente negros, algunos con melenas abundantes, que
causaron pánico en ciertas regiones.
El investigador británico Ted Holiday recopiló evidencia
fehaciente indicando que los seres que provienen del 'phantom menagerie' (la
casa de fieras fantasma) que a su entender incluía a las serpientes de mar,
Bigfoot y los 'grandes gatos anómalos' no obedecen las reglas que siguen los
animales normales, puesto que se manifiestan en zonas donde el suministro de
alimentos no es suficiente como para alimentar animales de dicho tamaño. Por
otro lado, tampoco dejan huellas, excremento ni restos mortales, siendo capaces
de materializarse y desmaterializarse de la misma manera que los OVNIS. Estas
criaturas son capaces de provocar amnesia, soñolencia hipnótica o pánico
repentino, a tal grado que pueden causar la muerte súbita o el suicidio.
En el 2024, el mundo entero presenció los estragos causados
en el sureste montañoso de EEUU por el huracán Helena. Según expertos, el
meteoro depositó la alucinante cifra de treinta trillones de galones de agua en
la cordillera apalache, causando desprendimientos, aludes e inundaciones. Se
corrió la voz entre los rescatistas – algunos de ellos enterados del quehacer
criptozoológico – que entre el lodo y la escoria habían aparecido cadáveres de
víctimas no humanas, posiblemente Sasquatch o los temidos “dogman” u hombres
perros. ¿Figurarían entre estos damnificados los restos de criptofelinos que
acechan la oscuridad de los bosques?





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