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Antecedentes: Para finales de la década de 1970, la organización Maryland Center for Investigation of Unconventional Phenomena, mejor conocida por sus siglas MARCEN, se perfilaba como una de las más serias en el campo de lo heterodoxo. Bajo la dirección del Dr. William McIntyre, MARCEN se jactaba del número de peritos y científicos que integraban sus filas, indicando claramente que su matrícula estaba abierta solo "a todos con titulaciones avanadas o capacitación en las ciencias físicas o sociológicas", con un total de 7000 integrantes, 2300 de ellos con doctorados. En su volumen III, número III, el cuaderno MARCEN JOURNAL abordaba el escabroso tema de las 'abducciones por seres no humanos', y en el caso concreto, un incidente de acoso sexual.
Se hace referencia a la víctima tan solo como "Jane Doe", el anónimo utilizado en la prensa y el orden público, y que corresponde vulgarmente a "Fulanita de Tal".
A continuación el incidente del mes de octubre de 1973.]
Informe sobre un caso de ovni en Inglaterra
Los relatos de encuentros cercanos del tercer e
incluso del cuarto tipo siguen volviéndose más audaces y presentando a los
ocupantes de los ovnis como seres cada vez más humanos.
En primer lugar, estuvo el célebre caso de Antonio
Villas-Boas, quien informó haber sido llevado a bordo de un ovni en Sudamérica
y seducido por una alienígena desnuda.
Posteriormente, MARCEN —tal como se informó en el
primer número de la revista del centro— investigó un caso ocurrido hace un año
en Nueva Inglaterra, en el que un joven afirmó haber sido llevado a bordo de un
ovni por una alienígena increíblemente hermosa, para luego ser seducido y
violado por ella.
Las investigaciones y consultas realizadas por los
psiquiatras de MARCEN nos llevaron a concluir que el testigo sufría
alucinaciones provocadas por la traumática ruptura de su matrimonio.
Su probable avistamiento de un ovni en las
cercanías —también reportado por varios otros testigos independientes—
probablemente actuó como catalizador para desencadenar sus delirios. Ahora, el
informe de Barry M. King, investigador de la Asociación Británica de
Investigación de OVNIS (British UFO Research Association), presenta el primer
caso conocido de abducción en Gran Bretaña en el que una mujer fue violada por
sus captores extraterrestres.
El incidente ocurrió, según se informa, en octubre
de 1973. La víctima, un ama de casa de 37 años que había emigrado de Italia con
su familia en 1963, conducía desde su domicilio en Taunton hacia la casa de una
amiga en Wellington —situada a cierta distancia— cuando vio una luz brillante
en un campo adyacente y el motor de su coche se detuvo. Al salir para revisar
el motor, escuchó un zumbido proveniente de la luz. Relató que, mientras bajaba
el capó del vehículo, un robot metálico de casi dos metros de altura la agarró
por el hombro y ella perdió el conocimiento.
Cuando la señora Doe —nombre ficticio que
utilizaremos para referirnos a ella— recuperó el sentido, se encontraba frente
a una gran nave luminosa con forma de disco y apoyada sobre patas, tras lo cual
volvió a desmayarse. Cuando volvió a despertar, estaba tendida en una mesa, con
los brazos y las piernas extendidos y sujetos por correas de goma o cuero, y
cubierta únicamente por una manta de color azul claro. Según relató,
aparecieron tres hombres: dos se colocaron a la izquierda de la mesa y
observaban mientras el tercero la examinaba. Todos los hombres se parecían
entre sí —dijo la señora Doe— y parecían ser humanos. Los describió como
individuos de entre 1,68 y 1,73 metros de estatura, de tez clara y complexión
delgada. Su vestimenta era idéntica: un gorro ajustado que llegaba justo por
encima de los ojos, mascarillas quirúrgicas que cubrían desde la parte superior
de la nariz hacia abajo, túnicas con un borde metálico gris, guantes largos
hasta los codos, un delantal largo que llegaba hasta los tobillos y botas de
suela gruesa. Toda la ropa era de color azul claro, afirmó.
La señora dijo que los ojos de aquellos seres eran
más redondeados que los de los humanos normales y totalmente carentes de
expresión; además, nunca los vio parpadear.
No emitían sonido alguno, aunque de vez en cuando
asentían entre sí. Ella relató que, tras el examen, el examinador
notó que observaba fijamente al robot —que estaba junto a una pared con las luces
parpadeando— y le explicó telepáticamente que se trataba de un dispositivo mecanizado de
recuperación, utilizado para realizar trabajos manuales fuera de la nave y para traer muestras. Era, según
explicó, una «inteligencia que no piensa».
Según la Sra. Doe, el examinador tomó tres cubos
de seis pulgadas y los colocó sobre el borde de la mesa, a la altura de sus
pies, su estómago y su cabeza. Al depositarlos allí,comenzaron a emitir un resplandor rojo, verde y
blanco, respectivamente, según contó ella. Dijo que nunca la tocaron
físicamente durante el examen, pero utilizaron un instrumento con una cuchilla
para tomar una muestra de la uña de su dedo índice derecho y un recipiente de
aspecto plástico, provisto de tubos y cables, para extraerle sangre del brazo.
Relató que el examinador pasó la mano a unos centímetros de distancia de todo
su cuerpo, mientras un objeto redondo que sostenía en la palma brillaba con
mayor o menor intensidad a medida que él movía la mano. Emplearon un
instrumento fino, parecido a un lápiz, para explorar su cuerpo, y utilizaron un
dispositivo de succión de goma negra con una hilera de luces brillantes sobre
su ingle, lo que le causó cierta molestia.
Comentó que le retiraron la manta durante el
examen y que sintió mucho frío. Después de que ella comenzara a temblar,
sacaron una manta negra para cubrirle primero la parte superior del cuerpo y
luego la inferior; al finalizar el examen, se retiraron los cubos y la
cubrieron por completo con la manta mientras los hombres salían de la
habitación.
La Sra. Doe dijo que la dejaron sola durante
varios minutos, salvo por los robots inmóviles situados junto a la pared con
las luces parpadeando. Intentó moverse y mirar a su alrededor, pero solo podía
mover la cabeza, ya que sus piernas y brazos seguían firmemente sujetos por las
correas. Comentó que tenía la garganta dolorida y sentía náuseas.
A continuación, relató que uno de los hombres
regresó, caminó hasta el extremo de la mesa, cerca de sus pies, levantó la
manta y la observó fijamente sin mostrar emoción alguna.
Ella intentó forcejear pero no pudo moverse;
entonces, el hombre le aplicó en el muslo un dispositivo similar a un alfiler
que la dejó entumecida y casi paralizada. Luego, según dijo, el hombre la violó
y, tras la agresión, le limpió el cuerpo con un paño azul parecido a una
esponja antes de salir de la habitación, no sin antes volver a cubrirla con la
manta.
La luz del robot dejó de parpadear y los tres
hombres regresaron. Un hombre le quitó el pasador del muslo mientras el segundo
retiraba la manta y la doblaba, y el tercero le liberó las manos y los pies.
La señora Doe volvió a perder el conocimiento y,
al despertar, se encontraba en la carretera, junto a su automóvil, con la ropa amontonada cerca de ella.Se vistió rápidamente y, aunque aún se sentía
aturdida y con náuseas, puso en marcha el vehículo y condujo hasta su casa; llegó
alrededor de las 2:30 a. m. y le contó a su esposo lo sucedido.
Ambos convinieron en que lo mejor sería mantener
el episodio en secreto.
Hacia la Navidad de 1973, los Doe comenzaron a
sufrir el acoso típico de los «Hombres de Negro»,que empezó con cartas y llamadas telefónicas
advirtiéndoles que olvidaran los incidentes de octubre. Las cartas y llamadas continuaron
hasta abril de 1976; entonces, empezaron a recibir visitas de dos hombres
extraños que les transmitían verbalmente las mismas advertencias.
Los hombres vestían de negro y llegaban en una
limusina negra.
La mujer no resultó embarazada a consecuencia de
la agresión ni sufrió otras secuelas físicas, pero quedó psicológicamente
afectada durante algún tiempo y acudió a varios médicos y psiquiatras que insistieron
en que había sufrido alucinaciones.
Sin realizar una investigación propia y directa de
este caso, a MARCEN le resulta difícil llevar a cabo una evaluación
significativa. No obstante, observamos muchas similitudes entre este y otros
casos de abducción reportados. Destacamos en particular el procedimiento del
examen físico, que parecía seguir casi el mismo guion que el de muchas
abducciones documentadas, remontándose incluso al caso de Barney y Betty Hill.
Se describieron los mismos procedimientos e instrumentos en casi todos los
casos, y las descripciones de las entidades inteligentes podrían haber sido
idénticas, aunque las tres mujeres presuntamente abducidas en Kentucky en 1976
describieron seres sustancialmente diferentes.
La violación denunciada es el primer incidente de
este tipo del que tenemos conocimiento. El extraño acoso sufrido por la familia tras el
incidente confiere un aire insólito a todo el caso, aunque ya se han reportado
actividades similares o idénticas en el pasado. MARCEN no desea que nadie pase por una experiencia
tan desagradable, pero esperamos que surja un caso de abducción más cercano a
nuestra ubicación, donde podamos investigarlo a fondo y encontrar un testigo capaz
de superar un examen psiquiátrico exhaustivo.
Contamos con médicos preparados y a la espera;
creemos que, si se logra corroborar un caso de abducción, obtendremos una gran
cantidad de información sobre el fenómeno.